(Roie Galitz)
(Roie Galitz)

La noticia del verano pasado en la que un gigantesco iceberg se separó de una de las mayores plataformas flotantes de hielo de la Antártida ha despertado una sensación de urgencia entre los turistas que quieren visitar ese continente.

Ese es especialmente el caso de los turistas chinos, en tanto que el gobierno del país estableció una nueva lista de reglas para las personas que visitan la Antártida: sin cacería. Sin dejar residuos sólidos. Ni no tocar o alimentar pingüinos, de acuerdo con el South China Morning Post.

Aunque es el lugar más frío, seco y ventoso de la Tierra, la Antártida ofrece a los turistas una aventura diferente a la de cualquier otro: acampar en los glaciares, ver pingüinos de cerca, pasear en kayak por icebergs y asistir a conferencias científicas de talla mundial. La amenaza de aumentar la pérdida de hielo en la Antártida es suficiente como para que los turistas paguen al menos USD 5,000 para visitar el único continente del mundo sin ciudades ni zonas horarias.

El turismo en la Antártida ha aumentado de menos de 2,000 visitantes en la década de 1980 a más de 45,000 visitantes el año pasado. El número de personas que viajan al continente congelado bajó durante la recesión económica de finales del 2000, pero aumentó nuevamente en los últimos años, según datos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos, con sede en Rhode Island.

En cuanto al número de turistas, la Antártida podría parecer que no registra una cifra muy elevada, especialmente si la comparamos con las decenas de millones de personas que cada año visitan países como Francia, España y Estados Unidos. Pero en la Antártida, un continente remoto y cada vez más vulnerable cuyos residentes principales son investigadores, el turismo tiene un costo ambiental. Los cruceros que traen a los viajeros de los puertos de Chile y Argentina, por ejemplo, también transportan contaminantes del aire que pueden devastar aún más la región.

"Lo que solía ser el turismo antártico entre finales de los ochenta y los noventa, generalmente eran personas de mediana edad o mayores que iban en cruceros y barcos pequeños, donde desembarcaban en algunos lugares y observaban la vida silvestre y los sitios históricos", relata Alan Hemmings, un experto legal polar que una vez estableció una base británica en la Antártida.

"Pero ahora hay una creciente diversificación de las actividades, por lo que está mucho más orientado a la acción. Ahora la gente quiere practicar parapente, esquí acuático, buceo u otras cosas", dice.

En septiembre, los funcionarios chinos de la Administración Antártica y del Ártico anunciaron por primera vez el nuevo conjunto de reglas para la conducta en la Antártida, después de darse cuenta de que era uno de los cuatro países que habían firmado el Tratado Antártico pero no habían establecido reglamentos para sus ciudadanos, de acuerdo a informaciones del South China Morning Post. Los otros países son India, Polonia y Ecuador, según el diario.

No hubo turistas en la Antártida de 1959, cuando el tratado fue creado y firmado por una docena de naciones que apoyaban el estudio científico pacífico. Desde entonces, el número de países signatarios ha crecido hasta llegar a 53.

El año pasado, los ciudadanos chinos representaron el 12 por ciento de los visitantes de la Antártida, y unas 5,500 personas realizaron viajes que generalmente incluyen vuelos fletados o cruceros que cuestan, al menos, USD 16,000. China representó el segundo país cuyos turistas visitaron ese continente entre 2016 y 2017, justo después de Estados Unidos que envió casi 15,000 personas, según datos de la IAATO.

Las nuevas regulaciones de China exigen que los turistas y los grupos turísticos minimicen su huella en el medio ambiente antártico y les prohiban participar en actividades que puedan dañar o perturbar la vida silvestre. Los inspectores observarán las acciones de los turistas y quienes violen la política tendrán prohibido visitar la Antártida durante tres años.

Además de proteger el continente, las reglas de China están destinadas a apoyar su desarrollo sostenible en la Antártida. China tiene cuatro sitios de investigación antártica y hace unos días comenzó a trabajar en un quinto, que se espera esté listo para 2022.