En la religión Wicca, el pentagrama simboliza los cinco elementos de la tierra, el aire, el fuego, el agua y el espíritu (The Washington Post / Andre Chung)
En la religión Wicca, el pentagrama simboliza los cinco elementos de la tierra, el aire, el fuego, el agua y el espíritu (The Washington Post / Andre Chung)

Cuando David Salisbury llegó a la escuela de secundaria tenía la certeza de una cosa: "Si no reclamo todo lo que soy, sin disculpas, voy a acabar destruido en este lugar".

David había sido un niño tímido y prefería la naturaleza a estar rodeado de sus compañeros. "Teníamos un gran bosque junto a mi casa. Caminaba por ahí solo, me sentaba junto al arroyo y leía", recuerda.

Luego, en la secundaria, comenzó su creciente interés en la brujería y, cada vez más, empezaba a entender que él era homosexual. Eso, en los suburbios de Carolina del Norte a finales de la década de los noventa, "realmente pone un objetivo en tu espalda".

Tenía dos opciones: esconder aquello que lo hacía diferente o exponerlo al mundo. Pero para David, esconderse nunca fue realmente una opción. Su religión le enseñó que él era el responsable de crear su propia realidad y no podía imaginar un mundo donde las ilusiones ocultaran la verdad.

La familia de David era aparentemente católica, pero tampoco fueron muy practicantes. Sus padres se separaron poco después de que él naciera, su madre se volvió a casar y tuvo otros cinco hijos. Una chispa se encendió durante una visita de fin de semana con su padre. David, que por aquel entonces tenía once años, siempre había estado interesado en la magia y "en cualquier cosa fantástica". En esa casa vio que su madrastra tenía una bola de cristal y varios libros llenos de hechizos.

David Salisbury junto a su gato Olive (The Washington Post / Andre Chung)
David Salisbury junto a su gato Olive (The Washington Post / Andre Chung)

"Ella me dijo: 'Si realmente quieres saber, esto no es solo un juego o algo en lo que puedes estar interesado de forma casual. Hay que tener una fe completa en eso'", recuerda. Pero, lamentablemente, ella y su padre se divorciaron antes de que el pequeño pudiera aprender más.

En séptimo grado, David hizo una nueva amiga y cuando hablaron del tema del ocultismo, ella le dijo que su madre que era la suma sacerdotisa de un aquelarre local. "Yo estaba como, ¿qué? ¡Espera! Al principio no le creía", confiesa.

Ella lo invitó a casa para que lo probara. "Había cristales, un montón de estantes repletos de libros. Tenían una serpiente. Suena oscuro y espeluznante pero, en realidad, era una especie de hogar muy liviano, acogedor y lleno de luz", narra.

Miss Tina, así era como se llamaba la mamá de su amiga, respondió todas sus preguntas y luego buscó el permiso de su madre para que pudiera enseñarle más.

Lo que encontró a través de ella fue una visión del mundo y una práctica que le dio una sensación de control sobre su vida. "La brujería se basa, en gran medida, en la responsabilidad personal. Entonces, cuando pasaba por momentos difíciles, siempre tenía esos principios rectores de la técnica que decían que eso era obra tuya, que estabas creando tu propio mundo y te preguntaban si ibas a involucrarte en él o lo ibas a cambiar", agrega.

Él se zambulló y pasó mucho tiempo con Miss Tina. Ahorró dinero para comprar libros y asistir a las celebraciones del aquelarre. Para un niño cuyo mayor consuelo era la naturaleza, una religión que se centraba en el cambio de las estaciones y las mareas lunares tenía una profunda resonancia. Le encantaba la reverencia de Wicca por lo divino femenino y su énfasis en el empoderamiento personal.

Él describe la religión Wicca como una doctrina basada en la creencia que las personas operan mejor cuando están "conectadas con las energías ambientales, de modo que podemos cumplir con nuestro mayor potencial".

"Muchas de las cosas a las que yo llamo 'prácticas mágicas' se basan en encontrar y reclamar tu poder personal, tu lugar en el mundo. Así que terminas ganando esta sólida brújula de dirección y confianza", subraya.

Esa autoposesión fue suficiente para ayudar a David a ignorar las burlas de sus compañeros de clase y las objeciones de su padrastro, un devoto cristiano que se oponía tanto a la sexualidad de David como a la religión que había escogido. "Si tienes todo lo que eres, es realmente difícil para los matones identificar algo con qué molestarte", remarca.

La creencia en la Wicca, de que "somos responsables de hacer las cosas como queremos que sean", lo llevó al activismo. Comenzó con su grupo de protección ambiental durante la escuela secundaria y dirigió la alianza gay-straight. En lugar de ir a la universidad, prefirió hacer una pasantía en PETA y se hizo vegano.

Lo que en principio sería un aplazamiento de un semestre se convirtió en un trabajo de tres años viajando por el país para educar a los consumidores sobre el abuso animal en los circos. "Probablemente fue uno de los mejores años de toda mi vida", confiesa.

En 2009 se trasladó a Washington DC para trabajar con una organización activista y tuvo la oportunidad de construir un círculo social más estable. Poco después, encontró una comunidad en Firefly House, un grupo de Wicca con una fuerte inclinación de defensa.

David, que tiene unos brillantes ojos azules y un tatuaje de una escoba en el antebrazo izquierdo, también esperaba encontrar una pareja, aunque sabía que podría ser difícil. Tener citas en DC es un reto para cualquier persona, pero especialmente para una bruja vegana gay. "Por lo general, las personas solo tienen una cosa extraña, pero yo tenía todo eso en común", bromea.