(Cortesía: Philip Roth)
(Cortesía: Philip Roth)

Paris – Philip Roth nunca ha vivido en Francia, lee literatura francesa traducida y nunca ha presentado una novela en París, la provincia cliché del solitario turista urbano y el hastío existencial.

Pero eso parece que a los franceses no les importa. El titán de las letras americanas ha ganado uno de los más altos honores literarios de ese país, un galardón extremadamente raro para un autor vivo y del extranjero. Toda la ficción de Roth ahora estará disponible en la famosa Pléiade, una serie publicada por la prestigiosa editorial Éditions Gallimard que tiene como objetivo exhibir lo más destacado de la literatura francesa y mundial.

Esto significa mucho más que nuevas y costosas ediciones de su trabajo, impresas en páginas que se sienten como la Biblia y lujosamente encuadernadas en cuero con relieve de oro. Significa que Roth, de 84 años, es ahora un miembro oficial del panteón literario francés, lo que garantiza que generaciones de lectores extranjeros lo estudiarán con la reverencia reservada para los llamados grandes libros. En una sociedad secular, que todavía tiende a venerar el logro literario de la misma manera en que Estados Unidos adora el atletismo, la Pléiade es, en cierto modo, la Biblia.

Incluso Roth parece estar un poco sorprendido por esta última incorporación a su larga lista de honores. "Parece que encontré una audiencia considerable en Francia y una gran relación con mis lectores franceses, aunque exactamente por qué no puedo decirlo", escribió el novelista a través de un correo electrónico.

De hecho, las razones de la popularidad de Roth en Francia siguen siendo difíciles de descifrar.

(Andrew Harrer/Bloomberg News)
(Andrew Harrer/Bloomberg News)

Mientras que los lectores franceses siempre han tenido una debilidad por los escritores estadounidenses, por lo general prefieren a los que se mudaron a Francia y los adoptaron como propios: James Baldwin, Ernest Hemingway, Gertrude Stein y otros tantos. Stein, en 1936, escribió una frase que se convirtió en un lema para muchos: "Estados Unidos es mi país y París es mi ciudad natal".

Él escribo a The Washington Post lo siguiente: "Colette es el gran sensualista, (Albert) Camus la gran conciencia, (François) Mauriac el gran moralista, (Jean) Genet el gran transgresor y (Louis-Ferdinand) Céline, en mi opinión, el novelista más grande de todos: brutal, fiero, testigo impulsado de un mundo elemental que nos lleva más y más a la noche, muerte, crimen, culpa, agravio, locura, sexo… todo eso y más es su negocio diario".

Céline, otro miembro de la Pléiade, es una figura complicada. Mientras los críticos aún elogian su estilo, el escritor de entreguerras escribió varios panfletos apasionadamente antisemitas a finales de la década de los treinta, en particular la infame Bagatalles pour un massacre. Roth se negó a decir si eso le molestaba.

En su mayor parte, el propio "negocio diario" de Roth se ha basado en el mundo insular de los suburbios de Nueva Jersey, donde encuentra una gran cantidad de temas más profundos: entre ellos el vacío del Sueño Americano, el mundo subterráneo de la ansiedad masculina y la experiencia de la posguerra de los judíos estadounidenses. Aunque lejos de ser universalmente amado en Estados Unidos, donde la crítica Vivian Gornick una vez comparó la misoginia de sus novelas con "la lava que mana de un volcán activo", Roth sigue siendo una piedra cultural y un tesoro nacional.

La pregunta es: ¿alguno de sus temas principales resuenan en Francia?

Francia puede ser el hogar de la mayor población judía de Europa, pero Roth no necesariamente se considera un "escritor judío" per se. Sus libros han tenido más éxito en Francia, en particular The Human Stain, que apareció en 2002. The Human Stain es, en última instancia, una novela sobre corrección política, originalmente lanzada tras las audiencias de juicio político contra el presidente Bill Clinton.

"Los franceses realmente no saben qué pensar del aspecto judío de libros como Operation Shylock o The Counterlife", dice Marc Weizmann, un novelista francés que recientemente entrevistó a Roth para Le Monde.

"La forma en que Israel figura en estas novelas los hace incómodos, y eso incluye a los judíos franceses. Y luego, por supuesto, está la renuencia de los franceses a lidiar con el tema del antisemitismo cada vez que aparece en su trabajo. Cuando más matizados se vuelven sobre ese tema, más perdidos están", relata Weizmann.

En general, los libros que convirtieron a Roth en un nombre familiar en Estados Unidos fueron las novelas de estilo autobiográfico como Goodbye, Columbus (1959) y Portnoy's Complain (1969), a menudo criticadas por los movimientos feministas. Pero con esos libros, el escritor no encontró un amplio número de lectores en Francia. Las novelas que publicó cuando fue más mayor, con la mira puesta en temas sociales e históricos más amplios, sí que despertaron el interés.

También se aprecia en Francia la larga historia de compromiso de Roth con Europa y su literatura. Durante gran parte de la década de los setenta y los ochenta, por ejemplo, editó una serie titulada Escritores de la Otra Europa, destinada a presentar lo que entonces eran los escritores menos conocidos de Europa del Este al público estadounidense. Entre ellos se encontraban Milan Kundera, Bruno Schulz y Tadeusz Borowski.

Pero para otros, hay algo esencialmente francés sobre Roth: su franqueza sexual. Su intrépida fusión de lo personal con lo político. Y tal vez sobre todo, su persona, específicamente, la forma en que parece vivir de una manera solidaria para su oficio: prolífico, ligeramente hermético pero, no obstante, una constante cultural, activo durante más de medio siglo.

"Representa para los franceses una cierta imagen del 'gran novelista estadounidense'. . Es como un Flaubert para nuestro tiempo", apostilla Weizmann.