Sanchez-Kane by Julien Tell
Sanchez-Kane by Julien Tell

Inspiración parisina, galerías de arte y 'reggae japonés': este es el crisol de marcas neoyorquinas que atraen todas las miradas en el circuito de la moda masculina.

La Semana de la Moda masculina de Nueva York ha cumplido oficialmente cinco años y en esta edición más de 50 diseñadores asistieron a la fiesta, una auténtica explosión si se compara con la corta temporada de invierno del pasado febrero. Lo que empezó en parte como una forma de librar de cierto peso al cada vez más inflado calendario femenino ahora atrae atención a nivel mundial. La diseñadora afincada en Londres Feng Cheng Wang regresó a la ciudad donde hizo su debut con VFILES durante la temporada primavera/verano '16, complementando el choque cultural como de ciencia ficción de Raf Simons celebrado en Chinatown con una potente declaración sobre el significado de "Made in China". Pero en lo que respecta a las marcas más nuevas, son los nativos neoyorquinos, los importados y los inmigrantes los que están dando más que hablar. Desde la ingeniera mexicana convertida en diseñadora Bárbara Sánchez Kane hasta Ryohei Kawanishi, el diseñador japonés residente en Harlem que antes pasó por Londres, aquí te mostramos cinco diseñadores que están redefiniendo lo que significa ahora la moda de Nueva York. Como dijo Patrik Ervell tras su convincente oda a los crisoles contraculturales, "Siempre existe ese dulce lugar donde hay un romance sobre el futuro, el futuro pone la piel de gallina. Es algo difícil de descubrir". Aquí tienes las marcas que están triunfando con su autoconfianza.

Fotografía Andrew Jacobs
Fotografía Andrew Jacobs

BODE

La presentación de Bode fue exactamente lo contrario de los habituales desfiles con música machacona y luces cegadoras de la Semana de la Moda. El maravilloso reparto de modelos de la diseñadora afincada en Nueva York ―antes trabajó en Atlanta― Emily Bode aparece tumbado sobre cómodas camas, transformando Skylight Clarkson Square en el ático que tiene su tío al sur de Francia. Los tejidos también estaban recién traídos de le Midi, literalmente. Emily compró los tejidos hechos a mano en Francia, los envió a Nueva York y los convirtió en pantalones a medida como de otra era y exuberantes abrigos acolchados. Un par de pantalones cortos estaban hechos de percal vintage para sacos de avena que todavía conservaba el logotipo de la marca y el contenido nutricional. Emily podría haberse visto tentada de emparejarlos con algo igualmente austero, pero no teme crear combinaciones arriesgadas de estampados. Los pantalones de percal iban acompañados no con una, sino con dos faldas de cuadros, mientras una chaqueta bordada en relieve de perfecto color amarillo dorado parecía todavía más regia llevada con pantalones de estampados vegetales.

Fotografía Julien Tell
Fotografía Julien Tell

Sanchez-Kane
Hace dos semanas, Bárbara Sánchez Kane mostró unos cuantos looks de su marca Sanchez-Kane en la Feria de Arte Urbano de Nueva York. Puede que la diseñadora, que se licenció en ingeniería industrial, esté más familiarizada con las galerías que con las pasarelas. El mes pasado debutó con una instalación realizada en colaboración con el artista visual Orly Anan durante el evento cultural The White Night en su México natal. La Semana de la Moda de Nueva York de Bárbara: el desfile de moda masculina fue su primer trabajo en solitario después de su debut con VFILES el pasado mes de septiembre, pero ya ha establecido una estética muy particular y llena de confianza. ("Marca de ropa mexicana regida por el caos emocional", puede leerse en la sección "Acerca de" del sitio web de Sanchez-Kane).

Los looks que mostró Bárbara esta temporada no habrían parecido fuera de lugar en una galería de arte ―bordados tradicionales con gran relieve, junto a camisetas construidas completamente con alambre para percheros―, pero su sus conjuntos confeccionados de forma artesanal hablan por sí mismos. Igual que la ligera máscara de esquí hecha con malla que incluía una clara advertencia en español sobre la violencia de género. "El tío es un 'macho sentimental'", explicó Bárbara en el backstage. "Posee fortaleza, pero muestra sus sentimientos y lo hace sin miedo". También hizo un inteligente uso de un estampado carnavalesco de molinetes para simbolizar el hecho de escapar de las expectativas sociales. "A veces naces con determinado plan de vida", dijo. "Yo traduje eso en cómo la gente pasa cosas de contrabando a través de la frontera. Esconder tus sentimientos es un poco como hacer contrabando. Te ocultas de lo que quieres ser, te reprimes. Para mí el molinete es un poco como la esperanza".

Landlord
¿Reggae japonés? Cuando el patois y los ritmos jamaicanos empezaron a fluir desde Kingston a finales de los 60, no tardó en aparecer una subcultura de chicos rudos en Asia Oriental. El diseñador Ryohei Kawanishi ha pasado su vida adulta mudándose desde Japón hasta la comunidad jamaicana de Londres en Dalston y después hasta el uptown de Nueva York, lo que podría explicar su familiaridad con el reggae. La colección que mostró esta temporada no era sutil en torno a su punto de partida jamaicano. Los looks incluían mucho rojo, verde y amarillo, en ocasiones decorados con las palabras "Bob" y "Jerk Chicken" y generalmente acompañados de cadenas de oro con hojas de marihuana colgadas. Pero el homenaje funcionó sin fisuras gracias a la destacada fluidez del streetwear de Ryohei. Entre las prendas más llamativas se encontraban las parcas de nylon, los shorts cuadrados con detalles en coral y los oscuros y abultados pantalones vaqueros de patchwork atados en torno a las caderas con un cinturón que parecían las mangas de un suéter. Algunos toques menos obvios fueron realmente ingeniosos. Por ejemplo, un estampado incluía diseño de camuflaje sobre unos cuadros de estilo Burberry que lanzaban un guiño a los mercados callejeros de la isla.

Fotografía Kevin Buitrago
Fotografía Kevin Buitrago

Linder
En la hora más calurosa del día más húmedo de la Semana de la Moda, un selecto público llenó una diminuta sala en un edificio de la 18th Street para echar un vistazo a una de las marcas más pequeñas del programa. Si eso suena atestado y elitista, no lo fue para nada. El desfile de Linder protagonizado por club kids de la era de MTV llevando prendas que mandan a paseo el género, rechazan los pantalones y llevan incrustaciones de brillantes, fue uno de los más refrescantes de la temporada. Si creías que no desearías prendas vaqueras de patchwork y cinturones de brillantes de talle bajo 16 años después de que Britney y Justin asistieran a los Premios de la Música Norteamericana en 2001, te equivocabas. Los diseñadores Sam Linder y Kirk Millar lo amplificaron con pendientes llevados en una sola oreja, abrigos tipo Matrix personalizables y chanclas de plataforma adornadas con gruesos aros plateados. En un momento como el actual, en que la nostalgia y la fluidez de género son prácticamente prerrequisitos para cualquier colección, Linder sigue pareciendo radical.

Fotografía Akram Shah
Fotografía Akram Shah

LUAR
A veces la mejor inspiración procede de aquello con lo que no estás familiarizado. Raúl López nunca ha trabajado en la oficina de una corporación y por lo tanto se siente cautivado por la ceremonia de vestirse para permanecer sentado en un cubículo durante nueve horas. Para su firma más reciente, LUAR, el antiguo diseñador de Hood by Air tomó los códigos de vestimenta del "de 9 a 5" y los deconstruyó hasta llevarlos al siguiente nivel. Hablamos de trajes de rayas convertidos en tops y camisas blancas convertidas en vestidos de tirantes rematados con un corbatero completo. En la versión a lo Alicia en el país de las maravillas de un mundo de oficina vuelto del revés, los extraños trajes eran llevados con cinturones de tamaño exagerado y fajas gigantes de satén. Lo que sí sabe López es cómo sobrepasar los límites. A principios de este año uno de sus #OOTDs de invierno que machacaban el género binario acumuló 24.000 likes cuando fue compartido por The Shade Room. Probablemente sigue flotando en una nube después de aquello.

Publicado originalmente en VICE.com