"Hoy estoy en la calle, pero pronto seré completamente libre, cuando Venezuela también lo sea", exclamó Iván Simonovis, el preso político más antiguo del régimen chavista, en sus primeros mensajes tras salir de la prisión domiciliaria y llegar a Estados Unidos.

Considerado como preso de conciencia por numerosas organizaciones civiles, fue detenido en noviembre de 2004 y acusado de participar en 2002 en los Sucesos de Puente Llaguno, donde murieron 19 personas. En 2014 pasó a prisión domiciliaria, y en mayo pasado Juan Guaidó reveló que le otorgó un indulto.

El ex secretario de seguridad de la alcaldía de Caracas fue arrestado en 2004 en el aeropuerto de Maracaibo cuando se disponía a volar a Atlanta y, en 2009, la jueza Maryori Calderón lo condenó a treinta años de prisión.

Durante su reclusión en la prisión de Ramo Verde tuvo que ser trasladado al menos tres veces a hospitales para ser atendido, y fue operado de emergencia en julio de 2013. La prisión domiciliaria le impedía a Simonovis hacer declaraciones o utilizar redes sociales, entre otras restricciones.

Su indulto por parte de Guaidó es similar al del opositor Leopoldo López, liberado de su prisión domiciliaria por un reducido grupo de militares que se sublevó contra el presidente Nicolás Maduro el pasado 30 de abril.

La fuga de López contó con el apoyo de sus custodios del Sebin, según la oposición, y la salida de Simonovis también habría contado con la complicidad del servicio secreto chavista.

Según la ONG Foro Penal, en Venezuela hay unos 687 presos políticos, pero  Maduro, acusado de sistemáticas violaciones a los derechos humanos, rechaza considerarlos como tal.