'Títeres de carne': así funciona el negocio del K-pop

Reportajes Especiales - Business

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Contratos de siete años, penalizaciones por irse antes y una imagen impecable: exartistas y personas de la industria describen un sistema que pasa factura.

El K-pop nunca ha sido tan grande. Estudiantes de secundaria de todo el mundo intercambian tarjetas con fotografías de sus estrellas favoritas como si fueran monedas, México tiene una telenovela de K-pop, y aspirantes hacen fila para audiciones en India.

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Pero a pesar de los millardos de dólares en ventas y el poder blando que la industria genera para Corea del Sur, el K-pop sigue plagado de quejas por abusos físicos, emocionales y financieros.

La raíz del problema, según las exestrellas de K-pop y conocedores de la industria, es el modelo económico. Cada año, cientos de aspirantes a estrellas, algunos que apenas entran a la adolescencia, firman como aprendices con compañías discográficas, las cuales pagan por adelantado clases de canto y baile, vivienda, comida y cirugía plástica. Pero solo una pequeña fracción de esos intérpretes termina generando ganancias para las discográficas.

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En efecto, las discográficas operan como fondos de inversión de alto riesgo: un artista revelación paga por decenas de apuestas fallidas. Por eso, las empresas buscan ejercer un enorme control sobre los artistas y usan contratos muy restrictivos. Esto también puede ser cierto, como reportó el Times esta semana, en el caso de superestrellas como NewJeans.

"Los artistas musicales coreanos suelen entrar en situaciones contractuales en las que se sienten menos como socios comerciales y más como activos corporativos o, en el peor de los casos, como títeres de carne", dijo Bernie Cho, exejecutivo de MTV Corea.

Los conocedores de la industria han dicho que darles a los artistas más margen de maniobra es inviable para las discográficas, porque eso podría trastocar el negocio del K-pop. Este modelo existió en Estados Unidos, pero en gran medida ha desaparecido.

Contratos punitivos

Las compañías discográficas pueden gastar cientos de miles de dólares para desarrollar y lanzar a un grupo de ídolos de K-pop, según muestran datos del gobierno de Corea del Sur. Para rentabilizar la inversión, los sellos piden a los artistas que firmen contratos que regulan casi todos los detalles de la vida de un intérprete. Por ejemplo:

Los contratos suelen durar siete años e incluyen penalizaciones severas si el artista quiere irse antes de tiempo. Por ejemplo, en los contratos de NewJeans se incluyó una cláusula de salida que establece tarifas elevadas. Las estrellas deben mantener una imagen impecable. El K-pop vende una ilusión de perfección y acceso íntimo a los seguidores. Un escándalo, un aumento de peso o un rumor de noviazgo puede hundir el valor de un ídolo de la noche a la mañana. Las empresas controlan el tiempo, la salud y los cuerpos de sus artistas para mantenerlos actuando, posando para portadas de revistas y vendiendo la última crema facial, porque las giras y los acuerdos con marcas a menudo son más lucrativos que la propia música. Hybe, el sello detrás de BTS y NewJeans, tiene una clínica interna. La industria ha defendido los términos de los contratos.

"En comparación con el monto de las inversiones que hacen las empresas, los contratos del K-pop parecen justos", dijo Yun Sunmi, exespecialista en mercadeo de JYP Entertainment, una de las mayores empresas del K-pop.

Pero antiguos aprendices e ídolos dicen que las restricciones cobran un alto precio emocional, físico y financiero.

Jain Ros acababa de convertirse en adolescente cuando comenzó a entrenar, y con el tiempo se unió al grupo Brave Girls. Dijo que, durante más de una década, su vida estuvo gobernada por cámaras de vigilancia, teléfonos confiscados y toques de queda obligatorios. Sobrevivía con dietas de casi inanición mientras actuaba hasta seis veces al día, y recurría a goteros intravenosos en clínicas para recuperarse del agotamiento.

"Simplemente no era un entorno donde un ser humano pudiera vivir", dijo.

Cuando la artista Grazy Grace intentó renunciar a su discográfica en 2017, la empresa exigió 300.000 dólares bajo una cláusula de penalización que le requería pagar tres veces su inversión, según la artista y documentos revisados por el Times. Aunque después un juez redujo la indemnización a 15.000 dólares, a Grace se le vetó la televisión y no pudo publicar música durante toda la disputa.

¿Qué están haciendo las autoridades?

En 2009, después de que una banda masculina demandara a su sello por contratos de 13 años, conocidos como "contratos de esclavitud", las autoridades crearon un modelo de contrato estándar que limita la duración a siete años.

En el papel, la medida parecía un avance. En la práctica, la plantilla es voluntaria. La mayoría de los sellos dicen usarlo, pero las encuestas del gobierno muestran que casi todos reescriben las condiciones, en particular las disposiciones sobre el reparto de ganancias, los derechos sobre los contenidos y las penalizaciones por salida.

Los intérpretes son clasificados como contratistas independientes, no como empleados, y no están cubiertos por las sólidas leyes laborales de Corea del Sur sobre salario mínimo, horas de trabajo y acoso.

En un comunicado, el Ministerio de Cultura dijo que los términos de los contratos eran asuntos privados resueltos por los intérpretes "por su propio libre albedrío". El ministerio ofrece ventajas a los sellos que designan encargados de protección juvenil. Pero quienes ignoran las normas no enfrentan multas ni sanciones.

El gobierno tiene pocos motivos financieros para tomar medidas enérgicas. Las exportaciones de álbumes de K-pop alcanzaron un récord de 301.7 millones de dólares el año pasado, y la industria impulsa las ventas de belleza, moda, comida y turismo coreanos.

El año pasado, Bang Min-su, una exestrella de K-pop, intentó formar el primer sindicato de intérpretes de Corea del Sur para garantizar un pago básico y poner fin a la deuda de los aprendices. Dijo que el esfuerzo fracasó porque los políticos tenían agendas diferentes y otras estrellas se quedaron calladas.

Bang abandonó la industria en 2023 y desde entonces ha trabajado en empleos ocasionales, incluso en McDonald's.

"¿Por qué el K-pop es un lugar en el que esperamos que los adolescentes vivan solo de pasión mientras sus vidas son arruinadas sistemáticamente?", dijo.

Lee Jiyoun colaboró con la reportería.

Jin Yu Young es reportera e investigadora del Times, radicada en Seúl, y se encarga de cubrir la actualidad en Corea del Sur y las noticias de último momento a nivel internacional.

Sarah Hurtes es una reportera del Times que trabaja en investigaciones internacionales desde Bruselas.

Lee Jiyoun colaboró con la reportería.

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