
En las semanas previas a matar a sus hijos, mientras probaba un tratamiento psiquiátrico tras otro, Lindsay Clancy llevó un registro minucioso de los síntomas que la aquejaban.
"Pensamientos intrusivos", escribió en su diario el ocho de diciembre de 2022. Al día siguiente, "pensamientos intrusivos horribles". Los días 11, 12 y 13 anotó más "pensamientos horribles". Para el día 14, algo había cambiado: la intensidad. "Pensamientos HORRIBLES", escribió, subrayando ambas palabras.
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Tres años y medio después, el caso de Clancy ha puesto los cambios psiquiátricos posparto que experimentan las mujeres en el centro del debate nacional. En el juicio por homicidio, que concluyó sin un veredicto del jurado, su defensa argumentó que estaba en un estado psicótico y que no podía ser considerada legalmente responsable de matar a sus tres hijos; los fiscales argumentaron que estaba deprimida, pero que era racional.
Que estaba atormentada por pensamientos intrusivos (ideas o imágenes angustiantes que irrumpen sin invitación en la mente de una persona) es algo claro para ambas partes. Incluso la policía estatal parecía comprender la importancia; una de las pruebas que recabaron fue un libro que Clancy tenía en la cocina, titulado "Las buenas mamás tienen pensamientos aterradores, pero no pasa nada: una guía sanadora para los miedos secretos de las madres primerizas".
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El enfoque del juicio en los pensamientos intrusivos, un síntoma clásico de los trastornos de ansiedad, ha sacudido el consenso en psiquiatría y ha puesto en evidencia lo poco que se sabe sobre el cerebro posparto.
En los últimos años han surgido investigaciones que muestran que, a medida que el cerebro se prepara para la ardua tarea de proteger a un recién nacido, la mayoría de los padres y madres primerizos experimentan pensamientos involuntarios de hacer daño a su bebé. Los expertos tranquilizan a las mujeres en el posparto asegurándo que esto no indica un riesgo de violencia; de hecho, los pensamientos aterradores pueden generar una respuesta protectora, de la misma manera que el miedo a las alturas puede hacer que alguien retroceda del borde de un precipicio.
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Sin embargo, la defensa de Clancy ha argumentado que sus "pensamientos horribles" eran algo más raro y alarmante: delirios o alucinaciones que indicaban una espiral hacia cómo se iba hundiendo en una psicosis posparto. Este caso inusual, con un trágico desenlace, ha causado revuelo entre las redes de especialistas perinatales, que ha llevado a algunos a replantearse cómo distinguir los pensamientos intrusivos inofensivos de los peligrosos.
"Tenía mucha certeza antes de este caso", dijo Karen Kleiman, autora de "Las buenas mamás tienen pensamientos aterradores, pero no pasa nada". Kleiman se ha propuesto como misión tranquilizar a los progenitores primerizos y decirles que los pensamientos intrusivos son normales. Durante mucho tiempo ha recomendado una prueba sencilla para determinar si esos pensamientos podrían indicar una psicosis: si al paciente esos pensamientos le resultaban repulsivos u horripilantes, "decíamos: 'Bien, está bien, no eres psicópata".
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"Bueno, ya no podemos hacer eso, a partir de hoy", dijo. Ahora, afirma que recomendaría que los médicos profundicen más y buscaran otros síntomas como manía, confusión o paranoia. También se ha puesto en contacto con sus editores para considerar la posibilidad de hacer cambios en algunas de las ilustraciones y pasajes del libro.
"Lo que realmente estamos aprendiendo es cuánto no sabemos", dijo. "Cuánto no saben los expertos".
Visiones aterradoras
En 2017, cuando Kleiman comenzó a solicitar testimonios de mujeres sobre pensamientos intrusivos en el sitio web del Postpartum Stress Center (el centro de tratamiento que dirige en las afueras de Filadelfia) las historias llegaron a raudales.
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"Tengo miedo de tropezar y caerme mientras sostengo a mi bebé". "Tengo visiones de mi hijo corriendo hacia el tráfico, escapándose de un tren o cayéndose al agua". "Vi su muerte tantas veces en mis visiones y eso me asustó".
Los investigadores han descubierto que pensamientos como estos son casi universales en las primeras semanas después del parto, tanto para los papás como para las mamás. Una posible explicación es que el cerebro está preparando a los nuevos padres para estar alertas al enviar altos niveles de hormonas reproductivas hacia las áreas que producen imágenes vívidas.
Un estudio de 2022 realizado por Nichole Fairbrother, que dio seguimiento a 763 mujeres canadienses durante seis meses después del parto, reveló que el 96 por ciento reportó pensamientos de lastimar accidentalmente a su bebé (principalmente por asfixia o muerte de cuna), mientras que el 54 por ciento reportó pensamientos de lastimarlo intencionalmente, a menudo sacudiéndolo o gritándole.
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Esos temores alcanzaron su punto más álgido durante los dos primeros meses de posparto, luego comenzaron a disminuir y se resolvieron en gran medida en un plazo de seis meses.
Los pensamientos intrusivos se asocian por lo general con el trastorno obsesivo-compulsivo, que es más común en las mujeres después del parto (afectando a entre el 6 y el 8 por ciento) que en la población general, donde la prevalencia es de entre el 1 y el 3 por ciento. El TOC se trata generalmente con terapia de exposición y, si es necesario, con antidepresivos en dosis altas.
Por sí solos, estos pensamientos pueden cumplir una función protectora, afirmó la doctora Julia Riddle, directora de psiquiatría ambulatoria en el Centro de Trastornos del Estado de Ánimo de la Mujer de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
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Un ejemplo común, dijo, es "cuando vas manejando y te viene a la mente la imagen de que te pasas un alto y te choca un coche. Probablemente sea solo la forma en que tu cerebro te dice: recuerda, las señales de alto son importantes".
Es fundamental destacar que los investigadores no han encontrado ninguna asociación entre estos pensamientos y el maltrato.
En un artículo de 2008 publicado en la revista *Archives of Women's Mental Health*, Fairbrother y Sheila Woody descubrieron que las mamás que tenían pensamientos de lastimar intencionalmente a su bebé eran, de hecho, inusualmente vigilantes. Tendían a revisar con frecuencia cómo estaba el bebé y a evitar situaciones que consideraban peligrosas.
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"Las buenas mamás tienen pensamientos aterradores, pero no pasa nada", el libro de Kleiman de 2019, fue diseñado para transmitir este mensaje tranquilizador. El libro era tan accesible que algunos hospitales lo distribuyeron entre las madres primerizas. Kleiman lo considera su mayor logro profesional ya que impulsó a muchas mujeres a hablar abiertamente sobre sus síntomas.
Cuando una mujer confía en un profesional, dijo, "según mi experiencia, la ansiedad bajará de un 10 a un 5", afirmó. "Porque alguien que sabe de lo que habla me está diciendo que estoy bien".
Pérdida de la percepción de la realidad
Aunque muchas madres primerizas experimentan cambios mentales después del parto, los testimonios en el juicio de Clancy sugirieron que su enfermedad siguió un curso atípico.
Comenzó a sentirse mucho peor en septiembre de 2022, cuando su tercer hijo, Callan, tenía casi cuatro meses y ella lo estaba destetando. Hizo una cita con un psiquiatra al que le describió "ataques de ansiedad, disminución del apetito, estado de ánimo deprimido, distracción fácil, preocupación excesiva, culpa, incapacidad para sentir placer, dificultad para conciliar el sueño y pensamientos acelerados".
Durante los meses siguientes, una serie de médicos intentaron identificar un trastorno subyacente y la diagnosticaron, en diferentes momentos, con trastorno de ansiedad generalizada, trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Iniciaron pruebas con 13 medicamentos psicotrópicos diferentes, entre ellos antidepresivos, benzodiazepinas, antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo.
Pero Clancy tuvo una mala reacción a muchos de los medicamentos, los cuales, según ella, le provocaban insomnio y bloqueo emocional. Siguió probando nuevos tratamientos y su estado siguió deteriorándose.
A finales de noviembre, Clancy mencionó por primera vez pensamientos intrusivos a su psiquiatra, la doctora Jennifer Tufts. En ese momento, al parecer, los pensamientos eran principalmente suicidas.
"Pensamientos terriblemente intrusivos, quería que todo terminara", le escribió a una enfermera especializada, Rebecca Jollotta, el dos de diciembre, según el testimonio judicial.
"Quiero asegurar que no es algo inusual y que no dice nada sobre quién eres como madre", le respondió Jollotta. Le sugirió a Clancy que leyera el libro de Kleiman.
A mediados de diciembre, los pensamientos de Clancy parecían volverse más inquietantes. Su madre, Paula Musgrove, testificó que Clancy se acercó a ella y al esposo de Lindsay, Patrick, en la cocina. "Recuerdo que estaba muy nerviosa", dijo Musgrove. "Recuerdo que dijo: 'Tengo que decirles algo'. Y luego nos contó que tenía pensamientos de hacerles daño a los niños".
Clancy ha declarado que el 23 de enero de 2023 los síntomas se agravaron y que experimentó una alucinación imperativa: una voz masculina que le ordenaba matar a sus hijos. Según argumentó su defensa, se trataba de una psicosis posparto que afecta a entre uno y dos de cada 1000 madres primerizas. Aunque se puede tratar con estabilizadores del estado de ánimo, la psicosis posparto se considera una clara emergencia psiquiátrica que por lo general requiere hospitalización.
Nuevas preguntas para los expertos
Los expertos en ansiedad posparto afirman que existe una clara distinción entre los pensamientos ansiosos e intrusivos (que son comunes y, por lo general, no representan ningún peligro) y los pensamientos psicóticos. La pregunta importante, señalaron, es si la paciente encuentra ese pensamiento repulsivo o incómodo.
"Mi interpretación de la literatura es bastante clara: cuando las personas tienen TOC, por lo general tienen una respuesta de miedo ante esos pensamientos", dijo Jonathan Abramowitz, profesor de psicología y neurociencia en la UNC Chapel Hill.
En la psicosis, por el contrario, la persona generalmente considera que sus pensamientos son creíbles y justificados. "Adapta su realidad a esos pensamientos". Las dos experiencias, dijo, son "cualitativamente diferentes". Afirmó que nunca había tratado ni evaluado a un paciente con TOC cuyos pensamientos aterradores se hubieran convertido en delirios.
Si eso sucediera, dijo, reevaluaría el diagnóstico y consideraría la posibilidad de un trastorno psicótico.
La doctora Fairbrother, directora del Laboratorio de Investigación sobre Ansiedad Perinatal de la Universidad de Columbia Británica, también dijo que nunca había tratado a un paciente cuyos pensamientos ansiosos e intrusivos se hubieran convertido en síntomas psicóticos, como escuchar voces.
"Esa no es una opción que se esté considerando", dijo. "Sería porque se estuviera desarrollando una enfermedad nueva, distinta y paralela".
Un paciente con psicosis suele presentar otros síntomas, como confusión o paranoia. En el TOC, los pensamientos intrusivos suelen presentarse en forma de imágenes, palabras o impulsos, explicó; en cambio, una alucinación, que ocurre en la psicosis, suele experimentarse como una voz.
Esta distinción es importante, señaló, porque generaciones de mujeres han tenido miedo de revelar pensamientos intrusivos graves a los profesionales de la salud, por temor a que les quiten a sus hijos. Es un temor razonable, agregó. "Las posibilidades de que reciban una respuesta relacionada con el maltrato infantil siguen siendo muy altas", dijo.
Sin embargo, algunos especialistas señalaron que el límite puede ser difuso.
La doctora Uruj Kamal Haider, profesora adjunta de psiquiatría, obstetricia y ginecología en la Facultad de Medicina UMass Chan, recordó a una paciente que estaba en tratamiento por pensamientos intrusivos graves y que entendía claramente que no eran reales. Pero entonces su bebé dejó de dormir bien y, tras tres noches sin dormir, la paciente tuvo una alucinación en forma de voz autoritaria que le ordenó darle una dosis letal de Ativan a su perro, que estaba ladrando.
"Lo que quedó claro es que desarrolló esta pérdida repentina de "noción de la enfermedad", dijo Haider. (En psiquiatría, la "noción de la enfermedad" es la conciencia de que las propias experiencias son el resultado de una enfermedad mental.) En ese momento, trató a la paciente (con éxito) por psicosis posparto.
Riddle, que trabaja en la unidad de hospitalización de psiquiatría perinatal de la UNC Chapel Hill, dijo que había visto algunos casos especialmente difíciles en los que las pacientes en tratamiento por TOC posparto perdieron la "noción de la enfermedad" y comenzaron a tener delirios.
Como ejemplo, describió a una paciente que tiene miedo de sacar a su bebé al exterior; al principio, puede entender que el miedo es un síntoma y se arma de valor para salir. Pero si pierde la capacidad de introspección, puede llegar a creer, "como un hecho concreto", que el mundo no es seguro para su hijo.
"De alguna manera, uno cae en pensamientos psicóticos", dijo Riddle. "Se convierte en un delirio".
Puede ser difícil discernir cuándo esto le está sucediendo a una paciente, señaló; el mejor enfoque es entrevistar a otras personas en su entorno, quienes podrían reconocer la aparición de paranoia o cambios en su comportamiento.
Un desafío más amplio, mientras el país analiza el caso de Clancy, es recordarles a las mujeres que sufren trastornos posparto que "no son villanas ni malas madres", para que se sientan cómodas al buscar tratamiento, dijo Riddle.
"Ya quiero que esto termine, porque es espantoso y está asustando a nuestras pacientes", dijo, refiriéndose al revuelo en torno al juicio de Clancy. "Es algo horrible y el mayor temor es que, cuando termine, todo vuelva a quedar en el olvido y la gente vuelva a dejar de preocuparse por la salud de las mujeres, una vez más.
La autora Karen Kleiman sostiene un ejemplar de su libro "Las buenas mamás tienen pensamientos aterradores" en su casa cerca de Filadelfia, el 1 de septiembre de 2026. (Rachel Wisniewski/The New York Times)
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