
(The Shift)
SAN FRANCISCO - Pasa suficiente tiempo en San Francisco curioseando en el futuro ciberpunk y puede que descubras que algunas cosas raras empiezan a parecerte normales. ¿Flotillas de coches autónomos? No. ¿Una empresa nueva que intenta resucitar al mamut lanudo? Claro, ¿por qué no? ¿Invocar una inteligencia artificial divina que podría acabar con la humanidad? Vaya.
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Puede que incluso llegues a encontrarte, como me ocurrió a mí el miércoles por la noche, de pie en una sala abarrotada del distrito de Marina frente a una esfera blanca brillante conocida como Orb (orbe), listo para que escaneen tus globos oculares a cambio de unas criptomonedas y algo llamado World ID.
La organizadora del evento era World, una empresa emergente de San Francisco cofundada por Sam Altman, de OpenAI, quien concibió uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos (o espeluznantes, según se mire) de los últimos tiempos.
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El argumento básico de la empresa es el siguiente: Internet está a punto de ser invadido por una plaga de bots de IA realistas que harán casi imposible saber si estamos interactuando con seres humanos reales en espacios en línea como redes sociales, sitios de citas y plataformas de juegos.
Para resolver este problema, World creó un programa llamado World ID (una especie de Clear o TSA PreCheck para Internet) que les permitirá a los usuarios verificar su calidad de humanos en línea.
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Para inscribirse, los usuarios deben mirar fijamente a un dispositivo Orb que escanea sus iris. A continuación, siguen unas cuantas instrucciones en una aplicación para teléfonos móviles y reciben un identificador biométrico único que se almacena en su dispositivo. La aplicación tiene funciones de privacidad integradas, y la empresa afirma que no almacena las imágenes de los iris de los usuarios, sino solo un código numérico que les corresponde.
A cambio, los usuarios reciben una criptomoneda llamada Worldcoin, que pueden gastar, transferir a otros titulares de World ID o cambiar por otras monedas. (El miércoles por la noche, el valor de la bonificación por inscripción era de unos 40 dólares).
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En el evento, Altman presentó World como la solución a un problema que denominó "confianza en la era de la IAG". Explicó que, a medida que se acerca la inteligencia general artificial y aparecen sistemas de IA similares a los humanos, se hace más urgente la necesidad de un mecanismo capaz de distinguir entre bots y seres humanos.
"Queríamos un mecanismo para asegurarnos de que los humanos siguieran siendo especiales y centrales en un mundo en el que Internet iba a tener mucho contenido impulsado por la IA", señaló Altman.
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Altman y Alex Blania, director general de World, creen que llegará el momento en que se necesite algo como Worldcoin para distribuir los beneficios de los potentes sistemas de IA entre los humanos, quizá como una renta básica universal. Hablaron de varias formas de crear una "red de seres humanos reales" que combine un mecanismo de verificación de humanidad con un sistema de pagos financieros y les permita a los humanos verificados realizar transacciones con otros humanos verificados, todo ello sin depender de identificaciones emitidas por el gobierno ni del sistema bancario tradicional.
"Las ideas iniciales eran muy locas", reconoció Altman. "Luego llegamos a una que era solo un poco loca y se convirtió en World".
El proyecto se lanzó hace dos años a escala internacional y encontró gran parte de su impulso inicial en países en vías de desarrollo como Kenia e Indonesia, donde los usuarios se formaban en línea para que un Orb los escaneara a cambio de recompensas en criptomonedas. La empresa ha recaudado unos 200 millones de dólares de inversionistas como Andreessen Horowitz y Khosla Ventures.
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Ha habido algunos contratiempos. Varios defensores de la privacidad y reguladores han expresado su oposición a que World recolecte datos biométricos, y la empresa ha sido objeto de prohibiciones o investigaciones en lugares como Hong Kong y España. También se han denunciado estafas y explotación de trabajadores relacionadas con el sistema de recompensas basado en criptomonedas del proyecto.
Pero, a pesar de todo, parece que experimenta un crecimiento rápido. Según Blania, aproximadamente 26 millones de personas se han registrado en la aplicación World desde su lanzamiento hace dos años y más de 12 millones han recibido escaneos con dispositivos Orb a fin de verificar que son humanos.
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Al principio, World se mantuvo fuera de Estados Unidos, en parte por temor a que los reguladores se opusieran a sus planes. No obstante, las políticas favorables a las criptomonedas del gobierno de Trump le han dado una oportunidad.
El miércoles, World anunció su lanzamiento en Estados Unidos y la apertura de puntos de venta en ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Nashville (Tennessee), donde los nuevos usuarios podrán escanearse los ojos y obtener su World ID. Tiene previsto tener 7500 Orb en el país a finales de año.
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La empresa también reveló una nueva versión de su Orb, el Orb Mini, que, de hecho, no es un orbe. Más bien parece un teléfono móvil con ojos brillantes, pero sirve para lo mismo que el dispositivo más grande. Además, World anunció alianzas con otras empresas, como Razer, una empresa de juegos, y Match Group, un conglomerado de aplicaciones de citas, que pronto les permitirán a los usuarios de Tinder en Japón verificar que son seres humanos utilizando su identificación World ID.
Cuando llegó mi turno de acercarme al Orb, me quité las gafas, abrí mi aplicación World y seguí las instrucciones que me dio (mira aquí, voltea para allá, retrocede un poco). Las cámaras del Orb zumbaron durante un minuto, tiempo en el que captaron la textura de mi iris. Un anillo alrededor del Orb se iluminó de amarillo y se escuchó una campanilla alegre.
Unos minutos más tarde, ya tenía World ID y 39,22 tókenes de Worldcoin (con un valor de 40,77 dólares al precio de hoy, que le donaré a una organización benéfica en cuanto averigüe cómo sacarlos de mi teléfono).
El Orb no tardó mucho en realizar el escaneo y no me causó ningún dolor, pero el resto de la noche me sentí un poco vulnerable, como si hubiera aceptado participar en un ensayo clínico de un nuevo medicamento riesgoso sin haber leído sobre los posibles efectos secundarios. Sin embargo, muchos de los asistentes parecían no tener esos reparos.
"¿Qué estoy ocultando?", preguntó una influente de las redes sociales llamada Hannah Stocking, mientras se dirigía hacia el Orb para que hiciera el escaneo. "¿A quién le importa? Toma todo".
Un asistente a una presentación de World observa cómo se procesa un escaneo del globo ocular en su teléfono, en San Francisco, el 30 de abril de 2025. (Jason Henry/The New York Times)
El público durante el lanzamiento en Estados Unidos de World y la tecnología de escaneo del globo ocular de la empresa, en San Francisco, el 30 de abril de 2025. (Jason Henry/The New York Times)
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