El racismo empobrece toda la economía

Aunque las víctimas son las que más sufren, negar la igualdad de oportunidades afecta financieramente al resto de la población

(Ilustración: Richard A. Chance/The New York Times)
(Ilustración: Richard A. Chance/The New York Times)

La discriminación lastima prácticamente a todos, no solo a sus víctimas directas.

Nuevas investigaciones muestran que aunque los objetivos inmediatos del racismo son incuestionablemente los más afectados, la discriminación inflige un devastador costo a toda la economía, puesto que reduce la riqueza y los ingresos de millones de personas, incluidas muchas que por lo regular no acostumbran considerarse víctimas.

Los académicos están documentando últimamente de maneras creativas los efectos perniciosos de la discriminación en los salarios y los logros educativos de sus objetivos directos. Desde los salarios perdidos de los afroestadounidenses debido a la segregación del servicio público del presidente Woodrow Wilson hasta las pérdidas sufridas por los estudiantes negros y latinos debido a la prohibición de California a la acción afirmativa, así como la escasez de chicas negras en los niveles más avanzados de los cursos de matemáticas del bachillerato, el rango de afectados continúa en crecimiento.

No obstante, los efectos de más largo alcance del racismo sistémico podrían comprenderse menos. Los economistas consideran cada vez más que el costo de una mala asignación del talento con base en la raza afecta a todos en la economía.

Mi propia investigación demuestra, por ejemplo, cómo la violencia relacionada con el odio puede reducir el nivel y el crecimiento a largo plazo de la economía de Estados Unidos. Usando las patentes como un parámetro de la invención e innovación, calculé cuántas nunca fueron emitidas debido a la violencia (disturbios, linchamientos y leyes que favorecían la segregación racial) a la que estaban sometidos los afroestadounideses entre 1870 y 1940.

La pérdida fue considerable: el número de patentes que se podría haber esperado que los afroestadounidenses recibieran si hubieran tenido igualdad de oportunidades habría sido casi igual a la cifra total de esa época de un país europeo mediano.

Se puede esperar que esas enormes pérdidas creativas hayan tenido un efecto directo en la inversión en los negocios y, por lo tanto, en la actividad y el crecimiento económicos en su totalidad.

Otros economistas han comenzado a estimar el daño a la economía causado por el racismo en formas generales.

Un principio importante indica que la persona que puede producir un producto o servicio a un costo de oportunidad menor al de sus colegas tiene una ventaja comparativa en esa actividad. Investigaciones recientes calculan los efectos de la práctica discriminatoria de colocar a trabajadores afroestadounidenses altamente calificados que podrían haber prosperado como médicos, por ejemplo, en ocupaciones que requieren menos capacitación en las que no tenían ventaja comparativa. Tales prácticas de hace cincuenta años, que persisten en la actualidad aunque en menor grado, le han costado a la economía hasta un 40 por ciento de productividad y producción agregadas en el presente.

De manera similar, otras investigaciones estiman que la producción económica agregada habría sido 16 billones de dólares más alta desde 2000 si las brechas raciales se hubieran cerrado. Para poner ese total en contexto, el producto interno bruto (PIB) de Estados Unidos en 2019 fue de 21,4 billones de dólares. Los investigadores calculan que la actividad económica podría ser 5 billones de dólares más alta durante los próximos cinco años si se alcanza la oportunidad equitativa.

En este momento, si más mujeres y afroestadounidenses participaran en la innovación técnica que conduce a patentes, la economista Yanyan Yang y yo calculamos que el PIB per cápita podría ser entre un 0,6 y un 4,4 por ciento mayor. Eso significa que podría ser de entre 58.841 y 61.064 dólares por persona, en comparación con los 58.490 dólares por persona en 2019.

Esta línea de investigación completa indica que las organizaciones (compañías, laboratorios, escuelas técnicas y universidades) están dejando de ganar sumas colosales de dinero por no maximizar el talento y los estándares de vida de todos los estadounidenses.

He pensado y escrito mucho sobre remedios a esta situación. A continuación presento algunas ideas destinadas a abordar la discriminación en la economía de la innovación. Primero, necesitamos más capacitación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), como el extenso y muy exitoso programa que alguna vez patrocinó Bell Labs para fomentar la participación en estas áreas de las mujeres y las minorías con menor representación.

Sin embargo, las áreas de CTIM no deberían ser el único objetivo porque la economía de la innovación abarca más que este estrecho conjunto de materias. Dos de las últimas tres personas con las que he hablado en firmas tecnológicas tienen una licenciatura en relaciones internacionales y un doctorado en ciencias políticas. Claramente, las habilidades de resolución de problemas son importantes, pero estas habilidades no son exclusivas de los graduados en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.

Segundo, existe evidencia sustancial de racismo sistémico en la educación, lo que necesita abordarse. Las investigaciones muestran que los profesores son menos propensos a responder a solicitudes por correo electrónico sobre estudios de posgrado de estudiantes negros, latinos y de sexo femenino que de personas que son claramente blancos y de sexo masculino. Un sistema de incentivos y sanciones podría hacer que rindan cuentas todas aquellas personas responsables en todos los niveles del proceso educativo y de capacitación.

En la fase de invención, en lugares como los laboratorios corporativos, gubernamentales y universitarios, mi investigación muestra que los equipos mixtos en cuanto a género son más prolíficos que aquellos cuyos miembros son solo mujeres u hombres. Además, un extenso corpus de literatura ha documentado los efectos positivos de la diversidad en los equipos. Se debe responsabilizar a los gerentes en cada nivel para que sean buenos administradores de los recursos de sus compañías y promuevan comportamientos y equipos diversos y, por consiguiente, obtengan mejores resultados.

Cuando se comercializa una invención y las compañías venden acciones al público, las brechas en cuanto a la riqueza se vuelven evidentes. Siete de las diez personas más ricas del mundo en la lista de Forbes están asociadas con compañías tecnológicas que comercializan invenciones. Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg y Elon Musk están entre los cinco primeros. Ninguna persona entre los primeros diez (o cincuenta) es negra.

Las estadísticas para el financiamiento con capital de riesgo son sorprendentes. En 2014, menos del uno por ciento del financiamiento con capital de riesgo fue para negocios fundados por mujeres afroestadounidenses y, en 2015, solo el dos por ciento de todos los capitalistas de riesgo eran afroestadounidenses.

Se han hecho varias recomendaciones valiosas para eliminar la falta de diversidad en la fase de comercialización de la innovación. Estas incluyen:

— Mejorar las oportunidades de asesoría a través de programas tales como aquellos de la Agencia Federal de Pequeños Negocios de Estados Unidos (SBA, por su sigla en inglés).

— Buscar y reclutar fundadores para invertir en lugares como Atlanta y no exclusivamente en Silicon Valley.

— Abordar el racismo sistémico en todos los niveles administrativos y dentro de las firmas de capital de riesgo.

— Diversificar los consejos de administración corporativos para que el liderazgo de más alto rango se haga responsable de la diversidad y la cultura en el lugar de trabajo. (California ha hecho esto con mujeres en los consejos de administración de la compañías públicas).

El Centro Kapor, un grupo de expertos que promueve la participación de minorías con baja representación en los campos de la tecnología y la educación, ha propuesto soluciones notables para diversas etapas, incluyendo el nivel preuniversitario.

El contrato social que la mayoría de las sociedades tienen con sus gobiernos es que los estándares de vida se elevarán de manera continua y que cada generación sucesiva tendrá una mejor calidad de vida que las anteriores. Cuando permitimos que la discriminación racial prospere de generación en generación, le robamos a incontables personas la posibilidad de tener estándares más altos de vida y bienestar.

© The New York Times 2020