
Ortigia, el corazón histórico de Siracusa, combina encanto mediterráneo, historia milenaria y vida local en la costa suroriental de Sicilia. Esta isla, conectada al continente por 2 puentes, ofrece calles adoquinadas, arquitectura barroca y una de las gastronomías más notables del sur de Italia. Según la revista de viajes Travel + Leisure, surge como una alternativa menos concurrida frente a destinos populares de la región, como Taormina.
Al conjugar historia antigua, arquitectura barroca y ambiente costero, Ortigia brinda a los viajeros una experiencia completa que resalta por su oferta gastronómica local y su tamaño compacto, permitiendo explorar fácilmente monumentos, plazas y mercados.
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Fundada hace casi 3.000 años como un asentamiento griego, Ortigia fue escenario de diversas culturas y civilizaciones, desde la romana hasta la normanda. Cicerón describió la ciudad como “la mayor ciudad griega y la más hermosa de todas”. Este legado llevó a Siracusa y Ortigia a ser reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Historia y patrimonio de Ortigia
La arquitectura del lugar evidencia capas de historia. El estilo barroco predomina en plazas y fachadas, pero la Catedral de Siracusa, también llamada Duomo di Siracusa, aún conserva columnas dóricas del templo dedicado a Atenea en el siglo V a. C. Intervenciones bizantinas, árabes y normandas transformaron este recinto en un atractivo arquitectónico principal.
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Plazas rodeadas de cafeterías y restaurantes reflejan la armonía entre pasado y presente. Monumentos como el Castillo Maniace, el Templo de Apolo y la Fuente de Diana atestiguan la riqueza cultural de la isla, cada uno situado en ubicaciones emblemáticas dentro del casco antiguo.

Qué hacer
El mercado callejero ubicado en el norte de la isla reúne puestos de textiles, especias, frutos secos y productos del mar. Travel + Leisure señala que “el mercado es el corazón cultural de Ortigia” e invita a probar almendras sicilianas y quesos locales. Restaurantes informales cercanos permiten disfrutar de comidas junto al mar.
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A solo 2 kilómetros de la isla se encuentra el parque arqueológico de Neápolis, que alberga el teatro griego del siglo III a. C., el anfiteatro romano y la Oreja de Dionisio, una cueva de piedra caliza de gran tamaño; el entorno, rodeado de limoneros y naranjos, a veces incorpora exposiciones de arte moderno.
Ortigia puede explorarse enteramente a pie. El paseo por el lungomare ofrece vistas al mar y conduce a playas rocosas frecuentadas por los habitantes locales. Entre los monumentos destacados figuran el Castillo Maniace, el Duomo y la Fuente de Arethusa, todos ellos dentro de la isla, mientras que el itinerario puede finalizar en alguno de los bares con terraza frente al litoral.
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Desde una perspectiva distinta, la periodista gastronómica Linda Sarris recomienda los paseos en barco de Ortigia Island Excursion, los cuales recorren cuevas marinas y puntos costeros de interés, tanto de día como al atardecer, acompañados de un aperitivo.

Consejos para visitar la isla
Si bien Ortigia resulta atractiva durante todo el año, Travel + Leisure sugiere visitarla entre marzo y mayo o entre septiembre y octubre, cuando el clima es más templado y hay menor afluencia. En mayo y junio, el teatro griego de Neápolis acoge representaciones clásicas. Durante el verano, las altas temperaturas invitan a bañarse en el Mediterráneo y a realizar excursiones en barco.
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Ortigia se encuentra a menos de 1 hora (aproximadamente 50 kilómetros) del aeropuerto de Catania-Fontanarossa. Es posible llegar en taxi, autobús o auto. La isla tiene poco más de 1 kilómetro de largo por 500 metros de ancho, facilitando su recorrido a pie. Hay paradas de taxi en el puente principal y la estación de tren de Siracusa está a 1,5 kilómetros, lo que permite desplazarse con facilidad a Noto o Ragusa.
En un perímetro de poco más de 3 kilómetros, Ortigia consigue aunar historia, plazas barrocas, vistas al mar y una tradición culinaria destacada.
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