¿Sube? No tan rápido: nuevas reglas estrictas para la cultura del ascensor

Por Matt Richtel

Dos empleados de Boston Properties demuestran un distanciamiento seguro en un ascensor en el Centro Prudential de Boston el 22 de junio de 2020. (Tony Luong/The New York Times)
Dos empleados de Boston Properties demuestran un distanciamiento seguro en un ascensor en el Centro Prudential de Boston el 22 de junio de 2020. (Tony Luong/The New York Times)

Llegó el momento de despedirse de la típica charla forzada en los ascensores.

El cambio está llegando a los desplazamientos que hacemos a diario en dirección vertical, ahora que los trabajadores comienzan a regresar a los altos edificios de oficinas en Nueva York y otras ciudades. El viaje en ascensor, unos 90 segundos de aburrimiento, se ha convertido en un enigma del cálculo de cómo hacer que la gente vuelva a trabajar de forma segura después de que la pandemia de coronavirus mantuvo a todos en casa durante meses.

Los empleadores y los gerentes de edificios están redactando reglas estrictas para el uso de ascensores: límites rigurosos en el número de pasajeros (cuatro parece ser el nuevo número mágico), lugares designados para maximizar la distancia social, cubrebocas obligatorios, vista hacia adelante y nada de hablar.

Algunas compañías están contratando “consultores de ascensores” para determinar la mejor manera de llevar a miles de personas a sus escritorios, equilibrando el riesgo de la densidad en los ascensores contra un posible atolladero mientras los pasajeros esperan su turno, con al menos 2 metros de separación entre sí.

Reflejando el interés y la preocupación generalizados, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) planean intervenir la próxima semana con una guía para ascensores y escaleras eléctricas. En el caso de estas últimas, se aconsejará que haya un pasajero cada dos escalones y un desinfectante de manos en la parte superior. En el caso de los ascensores, se recomendará limitar el número de pasajeros, pero no especificará un número; habrá flechas que muestren diferentes caminos para subir y bajar; cubrebocas y carteles que insten a la gente a “no hablar a menos que sea necesario”, dijo Nancy Clark Burton, higienista industrial de alto nivel de los CDC que forma parte del grupo que está desarrollando la nueva guía.

Estos cambios son el resultado de evidencia científica clara. El COVID-19 es más transmisible cuando las personas están en confinamientos estrechos, especialmente en interiores, donde las gotículas invisibles pueden viajar de una persona a otra, daño colateral de una conversación aparentemente inocua.

La buena noticia es que, si no te gusta la charla en el ascensor, esos días se han acabado”, dijo Jonathan Woloshin, jefe de bienes raíces de Estados Unidos en la oficina de inversiones de UBS Global Wealth Management, quien ha hablado con ejecutivos de grandes empresas que están reconsiderando la política y la tecnología de los ascensores, incluyendo el posterior uso de ascensores solicitados por comando de voz o una aplicación.

Una estación de control de temperatura junto a un conjunto de ascensores en el Centro Prudential de Boston el 22 de junio de 2020. (Tony Luong/The New York Times)
Una estación de control de temperatura junto a un conjunto de ascensores en el Centro Prudential de Boston el 22 de junio de 2020. (Tony Luong/The New York Times)

Richard Corsi, decano de ingeniería e informática de la Universidad Estatal de Portland, ha calculado la cantidad de virus que quedaría en un ascensor si una persona infectada subiera 10 pisos, tosiera una vez y hablara por teléfono. Después de salir del ascensor, cuando también logran salir algunas de las emisiones del virus, aproximadamente el 25 por ciento de la descarga de la persona permanecería ahí para cuando el ascensor vacío volviera al primer piso, estimó.

Dadas todas las incógnitas sobre el coronavirus, como cuánto se necesita para causar la enfermedad y cuánto del aerosol llegaría a los pulmones de otro pasajero, Corsi no pudo determinar la probabilidad de transmisión. Pero dijo que la excreción de una persona infectada que no llevara protección facial haría que un ascensor fuera mucho más arriesgado que, por ejemplo, estar de pie en un espacio mucho menos confinado, durante la misma cantidad de tiempo, incluso en interiores, habría “de 100 a 1.000 veces más partículas por litro de aire”, estimó.

Parte del desafío es que las dimensiones de los ascensores comerciales, aunque varían, no están diseñadas para el distanciamiento social; para cumplir con la mayoría de los estándares estatales, un ascensor debe tener 130 centímetros de profundidad y 172 centímetros de ancho (1,30 metros por aproximadamente 1,70 metros), de acuerdo con Stanley Elevator Co. Incluso en muchos ascensores más grandes, los pasajeros no pueden estar a 2 metros de distancia.

Más bien de 90 a 120 centímetros”, dijo Douglas Linde, presidente de Boston Properties, que posee edificios tan emblemáticos como la Torre Prudential en Boston, el edificio de General Motors en Nueva York y la Salesforce Tower en San Francisco. “Pero, reitero, usan cubrebocas y no se hablan”.

Linde dijo que Boston Properties contrató los servicios de consultoría de Joseph Allen, profesor adjunto de la Universidad de Harvard, que se especializa en la calidad ambiental en interiores, y de expertos en el manejo del tráfico en ascensores. Ayudaron a resolver un problema matemático: ¿cuál debería ser el límite de capacidad de los ascensores para que la gente que espera en el vestíbulo para subir no provoque un atolladero?

Gel para manos antes de entrar al ascensor. (Tony Luong/The New York Times)
Gel para manos antes de entrar al ascensor. (Tony Luong/The New York Times)

Los consultores calcularon que cuatro podría ser un límite fiable incluso en los edificios más altos, siempre que la ocupación total del edificio se mantuviera por debajo del 60 por ciento. De lo contrario, la gente tendrá que esperar demasiado tiempo.

Linde dijo que menos del 60 por ciento de ocupación parecía razonable, dado que algunas ciudades aún no permitían la ocupación total de los edificios y que muchas empresas seguían permitiendo o fomentando el trabajo desde casa.

Pero algunas empresas se muestran reticentes a los límites del número de pasajeros, argumentando que ponen a prueba la paciencia y prometen más seguridad de la que se puede garantizar.

No puedo darte los 2 metros en un ascensor, tendrías que tener a alguien en el techo y a alguien en el piso”, dijo Andrew Hardy, jefe de operaciones de JEMB Realty, una compañía privada que posee y opera propiedades residenciales y comerciales, incluyendo el Resorts Casino Hotel en Atlantic City, un espacio comercial en Herald Square y un edificio comercial de 33 pisos en el distrito financiero de Nueva York.

“Nuestro letrero dirá: ‘Al entrar a los ascensores recomendamos usar su mejor criterio’”, dijo Hardy. “Si llega un ascensor y dos o tres personas están en él y te sientes cómodo, entrarás, y si no te sientes cómodo, espera al siguiente”.

(Tony Luong/The New York Times)
(Tony Luong/The New York Times)

“Si pongo dos círculos en un ascensor y entran cuatro personas, ¿qué voy a hacer: arrestarlas?”.

La campaña para hacer seguro el ascensor refleja en parte la nueva realidad económica de los bienes raíces comerciales, cuya fortuna ha dado un vuelco por el coronavirus. Muchas empresas están valorando si necesitan oficinas costosas en el centro de la ciudad considerando que los empleados podrían trabajar desde casa, así que los propietarios están trabajando a fin de que sus edificios se sientan lo más seguros y acogedores posibles.

JEMB Realty está construyendo un nuevo rascacielos comercial en Brooklyn que tendrá una nueva tecnología de ascensores: una tarjeta o llavero que permite a los locatarios pasar por un torniquete, lo cual llama automáticamente un ascensor para que los lleve a sus pisos. Hardy dijo que esa tecnología fue planeada antes del COVID-19, pero otros afirmaron que el ascensor sin contacto con botones se volvería mucho más común ahora.

Sin embargo, no hay mucho que se pueda hacer en el caso de los ascensores. Algunos edificios están abriendo huecos de escaleras, incluso aquellos dirigidos por CBRE, uno de los mayores operadores de bienes raíces comerciales del mundo. Otros están pidiendo a los locatarios que escalonen las horas de entrada de los empleados.

*c.2020 The New York Times Company

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