
La incorporación de la mujer al mercado laboral es posiblemente la revolución social silenciosa más importante del siglo XX. Su participación en la fuerza laboral sigue aumentando en las últimas décadas en el mundo, incluyendo el Perú, donde la tasa de participación laboral femenina ha alcanzado el 70% en el 2019 (OIT, 2022). Esto ha generado que vivamos en un mundo que tiene muy altas expectativas sobre la mujer. Sin embargo, si bien tenemos más participación en la fuerza laboral, nuestro “rol de mujer” nos obliga a asumir las tareas relacionadas al hogar como algo inapelable y adherido a nuestro género.
En este contexto, los estudios del uso del tiempo brindan información sobre las actividades a las que dedican su tiempo las personas. En el Perú, la última encuesta nacional sobre el uso del tiempo fue realizada en el 2010. Gracias a un esfuerzo de Centrum PUCP, en el 2019 se realizó una encuesta en Lima, donde se pudieron encontrar importantes conclusiones sobre el uso del tiempo de las mujeres y los hombres en el Perú y, sobre todo, analizar si la situación para las mujeres ha evolucionado hacia patrones de mayor equidad. Así tenemos que las mujeres actualmente tienen, en promedio, una carga de trabajo mayor a la de los hombres (12,07 h vs 10,7 h por día), y dedicamos aproximadamente 0,63 horas menos que los hombres al trabajo remunerado, pero 1.99 horas más que ellos en realizar trabajos del hogar. Dicho de otra forma, las mujeres dedican el 38% de su tiempo a las labores domésticas, mientras que los hombres invierten solo el 24%. Si analizamos estas diferencias podremos entrever que implican consecuencias significativas para el equilibrio entre la vida laboral y personal de las mujeres, pues deben realizar varias actividades simultáneamente para cumplir con los diversos roles que las desafían a diario.
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Sin importar el nivel socioeconómico y casi en todos los rangos de edad, las mujeres dedican menos horas a las actividades remuneradas pues es la principal cuidadora y responsable del hogar. Sin embargo, existe una excepción en las mujeres más jóvenes (menores de 27 años) pues ellas, en la categoría socioeconómica más alta, tienen la misma carga de trabajo que sus pares varones. Sin embargo, lo que llama la atención en este grupo de mujeres es que su dedicación a las tareas del hogar sigue siendo mayor que la de los hombres. Lo cual demuestra que la situación de las mujeres jóvenes también está en desventaja. Uno pensaría que las nuevas generaciones ponen de lado estas normas culturales desligándose de las tareas socialmente adheridas al sexo femenino, pero, si bien se han incorporado al mundo laboral, siguen siendo las principales responsables de las actividades en sus hogares, lo que resulta en una mayor carga de trabajo para ellas.
Los resultados nos muestran que la evolución de las responsabilidades de hogar no ha cambiado y, peor aún, las nuevas generaciones de mujeres se encuentran en una situación más compleja que las anteriores. Esto nos lleva entender la importancia de reflexionar y actuar, reconociendo que el trabajo doméstico debe ser una tarea conjunta, y abandonar la creencia de que es una tarea femenina. Pensando desde un criterio justo y solidario sobre el uso del tiempo, debemos generar cambios, que empiezan desde nuestro entorno más cercano: nosotros mismos y nuestros hogares.
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