
Les quiero compartir que la vida me regaló tres hijos, cada uno de ellos con personalidades y gustos muy diferentes. Por eso, cada domingo nos cuesta mucho ponernos de acuerdo sobre el lugar al que iremos a comer. Si esto ocurre en un hogar que comparte una misma cultura, creencias y valores, imagina el reto que tienen las organizaciones de hoy para gestionar a personas de distintas generaciones. Para muchos representa un problema, pero yo considero que es un desafío que podría generar resultados extraordinarios.
De acuerdo con el último estudio de CPI, el 23.6% de los peruanos son centennials; el 24.4%, millennials; el 17.3%, generación X; y el 12.2%, baby boomers. Hoy, estas cuatro generaciones conviven en una misma empresa y, por tanto, deben ser capaces de trabajar en equipo y generar sinergias. Sin embargo, el hecho de tener diferentes características de personalidad, habilidades, metodologías y aspiraciones, algunas veces genera fricciones que afectan el clima laboral, el desempeño y la productividad.
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¿Como lograr, por ejemplo, que un baby boomer —experto en su área y capaz de trabajar horas extra para conservar su empleo y alcanzar las metas de la compañía— colabore en un proyecto importante con un centennial que, aunque esté comprometido con la organización, no tolera la presión, valora mucho el tiempo personal y se siente cómodo coordinando todo a través de herramientas tecnológicas? ¿Podrían lograrlo? Yo creo que sí, pero las empresas deben generar un ambiente de colaboración horizontal, de confianza y respeto, que les permita poner sobre la mesa lo mejor que tiene cada uno, para lograr el gran objetivo que los une.
En ese sentido, es fundamental fortalecer la cultura organizacional, la comunicación interna y tender puentes generacionales. Debemos derribar los podios que reconocen solo al que más sabe, al que tiene más experiencia o más tiempo en la compañía. Cada generación ofrece competencias y habilidades diferentes que se complementan y aportan valor. Por ejemplo, el conocimiento de un baby boomer sobre la industria en la que trabajó toda su vida; la capacidad de integración de la generación X; la creatividad y dominio tecnológico de los millennials; la gran comprensión del mundo digital y el espíritu activista de los centennials, podrían combinarse para crear grupos o squads de alto rendimiento.
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Amigos empresarios, líderes y colaboradores, no permitamos que las brechas generacionales en el trabajo sean causales de pérdida de talento o disminución de la competitividad. Al contrario, aprovechemos la diversidad que tenemos para generar dinámicas de trabajo innovadoras para transformar el mundo. Asumamos el desafío de convertir las diferencias generacionales en un activo o en una oportunidad para mejorar nuestros resultados.
¡Hasta la próxima!

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