
Todas las naciones del mundo se postran ante la escasez y altos precios de los productos energéticos y sus derivados. Porque lo que ha desencadenado Rusia al invadir a Ucrania es una crisis de oferta energética; una crisis de logística para los productos energéticos y una crisis financiera.
Enfrentar esta multifacética crisis demanda suspender las regulaciones que normalmente pesan sobre el mercado energético para facilitar el flujo de la oferta energética. También es necesario revisar la madeja de controles que pesan sobre las marinas mercantes del mundo y muy especialmente sobre los tanqueros que transportan petróleo y gas y, desde luego hay que facilitar las transacciones mediante la armonización financiera.
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Todo esto reclama un esfuerzo de coordinación gigantesco entre los gobiernos y las empresas privadas que explotan el petróleo y el gas, entre esas empresas entre sí y de todos los actores del mercado energético con el sistema financiero mundial.
Hasta ahora, sin embargo, lo que hemos visto es una carrera desatinada hacia la regulación de las actividades petroleras que no parece tener fin. Regulación de las exportaciones de gas y de petróleo en las naciones productoras. Reserva de capacidad de transporte para las adquisiciones estatales de petróleo y gas en todas partes y, como si fuera poco, racionamiento de las ventas al consumidor en algunos países.
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Estas políticas han logrado que el precio del crudo Brent pasara de $97 a $ 140 de febrero a junio de este año. Surge entonces la pregunta cuál habría sido la política efectiva para confrontar esta calamidad desatada por Rusia. La respuesta desde luego no es del gusto Latino Americano.
En las crisis los mercados son el mejor operador para alcanzar el equilibrio. Es decir, si se permite a las leyes de la oferta y la demanda operar, ellas actuaran como elemento racionalizador del mercado y conducirán al equilibrio.
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Este nuevo equilibrio posiblemente sea menos satisfactorio para todo el mundo que el que prevalecía antes de la agresión rusa a Ucrania. Pero salvo que haya alguien dispuesto a desatar una guerra nuclear, la escasez de petróleo se mantendrá por una temporada más o menos larga. Y es el momento de aprovechar esta contingencia dolorosa para avanzar más en el área de las energías verdes que como lo prueban las trayectorias energéticas de Costa Rica y de Uruguay terminan amortiguando estas crisis derivadas de disrupciones en el mercado petrolero.
En síntesis, es el momento de permitir que los mercados racionalicen el consumo de energéticos fósiles y las naciones aprovechar el momento pata promover las energías autosustentables. Que dicho sea de paso abren nuevas puertas de financiamiento e incrementan el empleo.
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