Suecia intensifica su preparación ante posibles bombardeos con un simulacro nocturno en un búnker

La experiencia, organizada en el oeste del país, incluyó turnos para ventilar el recinto de forma manual y aportará datos para un informe del Ministerio de Defensa

Varias personas descansan en sacos de dormir sobre colchonetas en el suelo de un espacio con cerramientos de malla metálica
Personas participan de un ejercicio nocturno en un refugio de defensa civil en Grums, Suecia. 25 de septiembre de 2026 (JONATHAN KLEIN / AFP)
Guardar

Cerca de 40 personas pasaron la noche en un búnker de hormigón situado en el oeste de Suecia como parte de un ejercicio inédito de preparación ante posibles bombardeos. La iniciativa, organizada por el municipio de Grums, buscó evaluar cómo reacciona un grupo numeroso ante el encierro prolongado en un refugio antiaéreo.

Un bombero, un jubilado y una secretaria con su bebé de seis meses en brazos figuraron entre los 37 voluntarios que integraron el simulacro. Todos se presentaron con bolsas de dormir frente a una residencia de ancianos antes de descender al refugio subterráneo, construido hace casi 60 años.

PUBLICIDAD

La responsable del proyecto, Therese Rosenblad, explicó que el objetivo consistía en medir variables como la temperatura interior y el nivel de dióxido de carbono, además de observar el comportamiento de los presentes bajo tierra. Según indicó, la finalidad última era identificar mejoras que permitieran hacer más llevadera una eventual estadía real en este tipo de instalaciones.

En ese sentido, afirmó que la guerra en Ucrania “ha hecho que Suecia sea mucho más consciente de lo que podría ocurrir” y agregó que el conflicto “ha aumentado realmente nuestra disposición a prepararnos”.

La guerra en Ucrania impulsó la disposición del país nórdico para incrementar sus medidas de preparación frente a un conflicto armado. (Reuters)
La guerra en Ucrania impulsó la disposición del país nórdico para incrementar sus medidas de preparación frente a un conflicto armado. (Reuters)

Antes del ingreso, varios asistentes manifestaron dudas sobre el funcionamiento del espacio: preguntaron por el sellado de la puerta blindada y por el método para controlar los niveles de oxígeno. Con paciencia, Rosenblad respondió a cada consulta antes de dividir al grupo en 10 equipos que accedieron de manera escalonada.

PUBLICIDAD

El descenso no estuvo exento de complicaciones. Uno de los equipos debió trasladar a un hombre en silla de ruedas por una escalera empinada, para lo cual lo sujetaron a una camilla y lo bajaron con ayuda de dos personas. La selección deliberada de perfiles diversos apuntaba justamente a anticipar este tipo de dificultades logísticas ante una crisis real.

Kally Frojd, secretaria de 29 años, participó del ensayo junto a su hijo Knut, de seis meses, y aprovechó la experiencia para aprender a cuidar a un menor en ese entorno. “Tenemos un futuro incierto”, afirmó mientras terminaba de inflar su colchón, y agregó que Rusia representa una “gran amenaza en este momento”.

Por su parte, el carpintero Patrik Jordansson, de unos cincuenta años, relató su inquietud por la situación en Europa y Ucrania, motivo que lo llevó a sumarse a la Guardia Nacional sueca. Aunque consideró poco probable un conflicto bélico directo en territorio sueco, sostuvo: “Quizás podrían lanzar bombas sobre Estocolmo o afectar a las infraestructuras, como el suministro eléctrico”.

Personas recostadas en el suelo sobre colchonetas y sacos de dormir junto a equipaje y mochilas alineadas en una pared
El ruido ininterrumpido del sistema de ventilación y el encierro dificultaron el descanso nocturno de los asistentes en el refugio antiaéreo. (JONATHAN KLEIN / AFP)

Ya instalados en el interior, los participantes formaron un círculo para presentarse entre sí, dinámica que se interrumpió cuando uno de ellos se desmayó a causa del aire cargado del recinto. A partir de ese momento, el grupo mantuvo un turno constante para girar una manivela verde destinada a renovar el oxígeno disponible, mientras un cubo de basura funcionó como baño improvisado.

Las luces se apagaron a las 22.00 horas. Annika Alfredsson, una de las asistentes, había anticipado que dormiría “como una princesa” gracias a su almohada y su bolsa de palomitas, pero horas después, interrumpida por el sonido constante de la manivela, reconoció con decepción que el descanso no fue el esperado.

Hacia las 6.00, Jordansson registró sus impresiones en un cuaderno y comentó que sentía “un poco” de dolor de espalda tras la prueba. Esas anotaciones, junto con las del resto de los voluntarios, formarán parte de un informe que las autoridades locales enviarán al Ministerio de Defensa.

Al finalizar el ejercicio, el carpintero evaluó que la jornada no había resultado tan negativa y remarcó que en Ucrania todo debe ser considerablemente más duro. “Espero que nunca tengamos que vivir esta situación de verdad”, concluyó.

(Con información de AFP)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD