
Hungría expulsa a diez diplomáticos rusos acusados de actividades incompatibles con la Convención de Viena, en la medida más contundente adoptada por el gobierno de Péter Magyar desde que asumió el poder en mayo y marcó un quiebre definitivo con la política exterior prorusa de su antecesor, Viktor Orbán.
La canciller Anita Orbán informó este martes que el Ministerio de Exteriores convocó al embajador ruso en Budapest para comunicarle que diez integrantes de la misión diplomática rusa habían desarrollado en el país “actividades inaceptables para un diplomático” en los términos de la Convención de Viena. La funcionaria no especificó la naturaleza de esas actividades ni el plazo otorgado para abandonar el país.
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“No vamos a permitir que nadie ponga en peligro la soberanía de Hungría”, afirmó Magyar ante el Parlamento, respaldando la decisión de su canciller.
Anita Orbán subrayó que la medida “protege la seguridad y la soberanía” del país, sin implicar una ruptura de las relaciones diplomáticas con Rusia. Budapest, aclaró, aspira a mantener el diálogo con el Kremlin “dentro de un marco de respeto mutuo y cumplimiento de las normas”. Con la salida de los diez diplomáticos, la misión rusa pasaría de 47 funcionarios —según estimaciones de la prensa local— a 37, una reducción de casi el 22%.
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La expulsión se inscribe en una reorientación acelerada de la política exterior húngara iniciada desde que Magyar ganó las elecciones de abril de 2026 con el 52% de los votos. Su gobierno ya calificó formalmente a Rusia de “amenaza para Hungría, Europa y el orden global” en las directrices para la delegación húngara ante la Asamblea General de la ONU, documento firmado por el propio Magyar y publicado el 26 de agosto en la gaceta oficial del país. Ese texto, además, condena la “agresión militar rusa” y respalda la soberanía e integridad territorial de Ucrania.
El contraste con la gestión anterior es pronunciado. Bajo el gobierno de Viktor Orbán, según denunció el periodista investigativo Szabolcs Panyi, de la publicación VSquare, Hungría se había convertido en un “verdadero centro de espionaje ruso”: una administración que nada hacía para frenar la influencia del Kremlin dentro de las fronteras de la Unión Europea (UE). El entonces canciller Péter Szijjártó llegó a autodefinirse como “amigo” del ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, con quien se reunió en reiteradas ocasiones en Moscú después de que Rusia lanzara la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022.
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En cuatro meses, Magyar transformó la posición húngara dentro de la UE
Desde que Magyar asumió el poder, Budapest levantó su veto a un paquete de préstamos de 90.000 millones de euros a Kiv, respaldó el paquete número 21 de sanciones antirusas de la UE y normalizó las relaciones con Ucrania, país con el que Orbán había mantenido una relación tensa. En mayo, tras un ataque con más de 800 drones rusos sobre la región ucraniana de Zakarpattia —que alberga a unos 150.000 húngaros étnicos—, el gobierno Magyar convocó al embajador ruso y calificó a Moscú de “amenaza común”.
La expulsión de este martes representa el paso más directo dado hasta ahora contra la presencia diplomática rusa en territorio húngaro, en un contexto en que la guerra en Ucrania —que ya supera los cuatro años— continúa presionando a los países de la UE a definir con mayor claridad sus posiciones frente al Kremlin.
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