El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió este viernes a Estados Unidos e Irán que entablen negociaciones para destrabar una guerra que llegó a los seis meses sin una salida acordada, en un escenario marcado por el bloqueo del estrecho de Ormuz, el endurecimiento de la presión económica de Washington sobre Teherán y una nueva ronda de gestiones diplomáticas en la región.
A través de su portavoz, Stéphane Dujarric, el jefe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) insistió en que la vía diplomática sigue como la única salida posible al conflicto. En su conferencia de prensa diaria, Dujarric calificó de “triste” que la guerra alcanzara el medio año con las conversaciones paralizadas y exhortó a las dos partes a retomar contactos de fondo.
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El llamado de la ONU se produjo mientras Estados Unidos mantiene su estrategia de asfixia económica contra el régimen de Irán. La Casa Blanca dejó en claro en las últimas horas que no existen negociaciones en curso para poner fin a la guerra y que esa situación seguiría hasta que el presidente Donald Trump considerara que Teherán esta dispuesto a discutir de manera seria.
Desde Washington, la presión se concentró en las sanciones, dentro de una operación anunciada esta semana para cortar las vías económicas iraníes y aumentar el aislamiento financiero de la República Islámica.
Del lado iraní, la respuesta llegó con un rechazo frontal a esa ofensiva. El Ministerio de Exteriores sostuvo que los países tenían la obligación de no aplicar ni reconocer las nuevas sanciones estadounidenses y encuadró esa campaña como “una continuación de la guerra”.
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En un comunicado, la diplomacia iraní afirmó que las medidas vulneraban la Carta de las Naciones Unidas, afectan la soberanía nacional y prolongan el enfrentamiento iniciado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, según la posición oficial de Teherán.

Las autoridades iraníes denunciaron que la operación buscaba provocar sufrimiento en la población y privar a los ciudadanos de derechos fundamentales.
A la vez, reclamaron a la comunidad internacional que actuara para preservar el Estado de derecho. Antes incluso del anuncio formal de esa nueva presión, Irán había advertido que consideraría enemigo a cualquier país que colaborara con lo que definió como una guerra económica impulsada por Washington.
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En paralelo, el gobierno estadounidense sostuvo que mantendría abiertas todas sus opciones. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el objetivo central de Trump sigue centrado en impedir que Irán obtuviera un arma nuclear.
“El objetivo principal del presidente Trump ha sido y siempre será garantizar que Irán nunca pueda obtener un arma nuclear. Y punto. Por eso hemos llevado a cabo la Operación Epic Fury para destruir su ejército. Ahora tenemos la Operación Economic Outcast para destruir su economía”, dijo.
La situación en el estrecho de Ormuz se convirtió en uno de los nudos más sensibles de la crisis. Ese corredor marítimo, por el que antes del conflicto circulaba cerca del 20% del crudo mundial, quedó en gran medida cerrado en los últimos meses y provocó un impacto sobre los mercados internacionales. El encarecimiento de los combustibles y de los fertilizantes alteró cadenas de suministro y amplió el costo económico de la guerra mucho más allá de Oriente Medio.
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Desde la ONU, Dujarric puso el foco en esas consecuencias y alertó por el daño sobre la población civil. Mencionó bombardeos, destrucción de infraestructura y efectos económicos que alcanzaron de manera directa el abastecimiento de alimentos.
En ese contexto, informó que ya está lista la mecánica para establecer un grupo de trabajo liderado por la ONU para impulsar el transporte de fertilizantes por Ormuz, una iniciativa que podría desplegarse con rapidez si los países involucrados daban su aprobación.
La posibilidad de aliviar ese frente logístico aparece ligada a una intensa actividad diplomática en Teherán. En los últimos días llegaron a la capital iraní el jefe del Ejército paquistaní, mariscal de campo Asim Munir; el ministro de Exteriores de Omán, Badr Albusaidi; y el primer ministro y canciller de Qatar, Mohamed bin Abdulrahmán Al Thani.
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Los tres países quedaron involucrados en distintas gestiones de mediación o facilitación desde el comienzo de la guerra, mientras otros actores regionales, como Egipto, Arabia Saudita y Kuwait, también participaron en esfuerzos diplomáticos respaldados por la ONU.
(Con información de EFE)
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