
Una villa de 35 habitaciones ubicada en el centro histórico de Aquisgrán, Alemania, donde el emperador Napoleón Bonaparte se alojó en 1804, salió al mercado inmobiliario de lujo a través de la firma Sotheby’s International Realty.
El inmueble, protegido por su valor patrimonial, cuenta con 1.500 metros cuadrados de superficie habitable y un parque privado de casi 2.500 metros cuadrados, una extensión inusual para una propiedad en pleno casco urbano, según informó Euronews.
El precio de venta se mantiene en reserva por decisión de los propietarios. El agente responsable de la operación, Tobias Schulze, declaró al diario BILD que “a petición de los propietarios, lamentablemente no podemos facilitar el precio de venta ni ofrecer ninguna otra información”. Solo los compradores con interés concreto podrán visitar el interior del inmueble. La historia de la venta fue adelantada por el diario Aachener Zeitung.
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Un palacio con tres siglos de historia

El edificio, emplazado en la calle Jakobstraße, data de 1669 y se conoce originalmente como casa Wylre. Fue encargado por Johann Bertram von Wylre, acaudalado maestro de montes y en varias ocasiones alcalde de la ciudad imperial, quien mandó construir un conjunto palaciego de tres alas inspirado en las residencias urbanas de la nobleza parisina —los llamados Stadthôtels—, de acuerdo con la documentación de la asociación alemana Rheinische Industriekultur.
La vivienda original del siglo XVII contaba con sencillas ventanas de cuarterones. A mediados del siglo XVIII, el entonces futuro alcalde Caspar Joseph von Clotz encargó una remodelación al arquitecto aquisgranés Johann Joseph Couven, cuya impronta define el aspecto exterior hasta hoy. Euronews precisó que el inmueble distribuye actualmente tres viviendas independientes con un total de 20 dormitorios en sus 35 estancias.
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La comercialización corre a cargo de Sotheby’s International Realty, red global de intermediación de propiedades de lujo fundada en 1976 como filial de la casa de subastas Sotheby’s, que nació en 1744 con presencia en los principales mercados de propiedades de lujo del mundo.
La visita imperial que marcó al inmueble para siempre

En 1798, el comerciante textil Edmund Joseph Kelleter adquirió la propiedad tras el abandono de la familia Von Clotz. Kelleter, que en 1803 figuraba entre los contribuyentes con mayor carga fiscal de la ciudad, decoró la residencia en estilo Imperio —una corriente del clasicismo francés— y recibió en persona al emperador Napoleón en 1804, según los registros de Rheinische Industriekultur.
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De esa visita quedó una huella concreta: en el interior se conserva el llamado salón Napoleón, con su mobiliario Imperio completo, junto a una escalera de tres tramos, varias chimeneas originales, panelados de madera, estucos y papeles pintados de la época. Rheinische Industriekultur documenta la conservación de ese conjunto como un testimonio material de la decoración Imperio del período napoleónico.
Cuatro años después de la visita imperial, durante el congreso de monarcas celebrado en Aquisgrán en 1818, el lugar recibió también al emperador Francisco I de Austria y al rey prusiano Federico Guillermo III, de acuerdo con lo reportado por el medio de noticias. Ambos visitaron la fábrica textil que Kelleter operaba en la misma finca.
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Un linaje industrial que perduró hasta hoy

La ubicación del inmueble respondía a una lógica comercial precisa. Frente a la propiedad corría el arroyo Paubach, donde hacia 1792 funcionaba una pileta para el lavado de lana en cestos. En 1808, Kelleter levantó en el jardín un edificio de tres plantas para la fabricación de paños, con un frontón decorado con representaciones de los dioses romanos Mercurio y Ceres.
Un año después, en 1809, adquirió además el cercano molino Kelmesmühle, al que incorporó una tintorería para tejidos en negro, azul y verde. Esa actividad deterioró la calidad del agua del Paubach hasta el punto de dejar temporalmente inutilizable la pileta de lavado de la calle Jakobstraße. El edificio fabril posterior quedó destruido durante la Segunda Guerra Mundial.
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Tras la muerte de Kelleter en 1821 y varios cambios de propietario, en 1861 el fabricante Eduard Alexander Heusch compró la totalidad del conjunto y trasladó allí su fábrica de cardas, la más antigua de Aquisgrán.
Desde entonces, la parte delantera del inmueble pertenece a la familia Heusch, razón por la cual la literatura especializada lo registra como palacio Heusch. De esa misma familia procede Hermann Heusch, quien entre 1952 y 1973 ocupó la alcaldía de Aquisgrán y lideró la reconstrucción de la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial.
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