
En 1971, un grupo de geólogos soviéticos realizaba exploraciones en el desierto de Karakum, en Turkmenistán, en busca de nuevas fuentes de gas y petróleo. Durante una perforación, el terreno colapsó y sus equipos desaparecieron en una cueva subterránea repleta de metano.
El incidente no fue producto de fuerzas misteriosas, sino de la inestabilidad natural de la zona, rica en hidrocarburos. Para evitar la liberación incontrolada de gases peligrosos, los científicos prendieron fuego al pozo, confiando en que el incendio se extinguiría en pocos días, según relata el artículo de Rubén Badillo en National Geographic.
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El resultado de esa acción fue la creación del cráter de Darvaza, conocido como la Puerta del Infierno, que con el paso del tiempo se transformó en símbolo nacional y atractivo turístico. Aunque la intención inicial era controlar el escape de gas, el fuego nunca se extinguió y ha seguido ardiendo durante más de cinco décadas, aunque su intensidad ha disminuido.

La zona fue declarada reserva natural en 2013, lo que reforzó su popularidad y protección oficial. El fenómeno se ha convertido en un caso de estudio constante para la comunidad científica.
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Evolución y estado actual del cráter de Darvaza
En la actualidad, el cráter de Darvaza sigue activo, aunque el fuego ha perdido fuerza en los últimos años. Datos recientes de Turkmengaz, la empresa estatal de recursos fósiles, indican que el cráter, de 70 metros de diámetro, muestra señales de apagarse progresivamente.
Este cambio ha sido corroborado por estudios satelitales realizados por la consultora energética británica Capterio, que calculó una reducción de entre el 65% y el 70% en la intensidad de las llamas respecto a su estado original.
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A pesar de esta disminución, el cráter continúa siendo uno de los principales símbolos de Turkmenistán y un punto de atracción para visitantes de todo el mundo. Su longevidad ha superado todas las expectativas iniciales. Las autoridades han mantenido la vigilancia sobre el fenómeno, conscientes del interés científico y turístico que despierta. El cráter se mantiene en el centro del debate sobre el manejo de recursos fósiles en la región.

Impacto ambiental del metano y dilema ecológico
La progresiva extinción de la Puerta del Infierno presenta un dilema ambiental para las autoridades turkmenas. Mientras las llamas permanecen activas, el metano que se libera se convierte en dióxido de carbono por combustión, un gas de efecto invernadero menos potente.
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Si el fuego se apaga completamente, el metano podría escapar directamente a la atmósfera, con un impacto climático mucho mayor, ya que este gas es 30 veces más potente que el dióxido de carbono.
Entre 2022 y 2025, la organización sin fines de lucro especializada en monitoreo satelital Carbon Mapper calculó emisiones cercanas a los 1.300 kg de metano por hora, con picos de hasta 1.960 kg por hora en octubre del año pasado.
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Estos datos evidencian que la amenaza ambiental persiste aunque la intensidad del fuego disminuya. Que el incendio se apague no implica que el metano subterráneo se agote, lo que agrava el desafío ecológico de la región y la necesidad de evitar consecuencias climáticas globales.
Factores que influyen en la extinción de las llamas

Las autoridades locales han relacionado la reducción de actividad en el cráter con la perforación de dos nuevos pozos de extracción de gas, realizada en 2024 en las inmediaciones. Esta acción buscaba disminuir la presión y canalizar parte del metano hacia otros usos, lo que, teóricamente, habría ayudado a que el fuego pierda fuerza. Especialistas citados por New York Times indican que la disminución de las llamas ya era evidente antes de la intervención, lo que sugiere que hay factores naturales en juego.
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Algunos analistas creen que procesos geológicos internos podrían estar sellando gradualmente las rutas de escape del gas, mientras que se generan otras nuevas inaccesibles para las llamas. Este fenómeno complica la predicción del comportamiento futuro del cráter y dificulta la implementación de medidas de control efectivas.
La complejidad geológica del subsuelo de Karakum añade incertidumbre a cualquier iniciativa de gestión. Así, el destino de la Puerta del Infierno sigue siendo incierto tanto para las autoridades como para los expertos.
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Riesgos y consecuencias de apagar la Puerta del Infierno
El cierre total de la Puerta del Infierno es un objetivo político habitual en Turkmenistán, pues mejoraría la imagen internacional del país. No obstante, la comunidad científica advierte que apagar el fuego podría resultar contraproducente por el aumento directo de emisiones de metano a la atmósfera.
Este gas representa cerca del 11% de las emisiones globales de efecto invernadero, y su liberación sin combustión agravaría el cambio climático.
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Mantener la combustión activa ha funcionado como un mecanismo improvisado de control de daños, evitando una liberación masiva e incontrolada de metano. La experiencia del cráter de Darvaza demuestra que, lejos de ofrecer una solución, el apagado de las llamas podría transformar un problema visible en un riesgo ambiental más grave e invisible.
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