
Cuando la guerra en Irán puso en jaque el tráfico en el Estrecho de Ormuz, la reacción de los gobiernos de medio planeta fue casi unánime: acelerar la transición a energías limpias. Pero esa respuesta viene con trampa, porque desemboca en una nueva dependencia, la china.
Según el think tank de energía británico Ember, China produce cuatro de cada cinco módulos solares del mundo y una proporción similar de celdas de batería, además de más de dos tercios de los vehículos eléctricos. La Agencia Internacional de Energía (AIE) confirma esos números y agrega algo más incómodo: las fábricas chinas ya tienen capacidad instalada para abastecer por sí solas la demanda solar global proyectada para 2030.
En minerales críticos -los metales que van en turbinas eólicas, autos eléctricos y equipamiento militar- la concentración es todavía mayor. El think tank internacional Chatham House documentó en marzo de 2026 que China extrae, procesa o controla más del 70% del cobalto y el litio del mundo, y es el principal refinador de 19 de los 20 minerales industriales más importantes. Para las tierras raras -17 elementos metálicos esenciales en dispositivos de alta tecnología-, el dominio chino alcanza el 90% de la producción mundial de imanes de alto rendimiento, según el Council on Foreign Relations (CFR).
Esto no surgió solo del mercado. El mismo informe del CFR documenta que entre 2000 y 2021, Beijing canalizó casi 57.000 millones de dólares hacia la extracción y refinación de minerales en casi 20 países de África, América Latina y Asia. Con programas como “Made in China 2025”, el régimen de Xi Jinping identificó las energías renovables y los vehículos eléctricos como sectores estratégicos y les inyectó subsidios, incentivos fiscales y financiamiento estatal. Así, desde 2010, los costos de la energía solar, la eólica y las baterías cayeron entre un 60% y un 90%, según la AIE. La tecnología china no es más barata por eficiencia de mercado, es más barata porque el régimen chino decidió hace dos décadas que lo fuera.

La guerra en Irán como detonante
En los primeros 44 días del conflicto, según datos citados por la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, la factura europea de importaciones de combustibles fósiles creció en más de 22.000 millones de euros. El Banco Central Europeo advirtió que un conflicto prolongado podría empujar a Alemania e Italia a una recesión técnica antes de fin de 2026 y elevó su proyección de inflación para la zona euro a un rango de entre 2,6% y 4,4por ciento. En Asia, la escasez de combustible derivó en semanas laborales de cuatro días en Filipinas y Bangladesh y en límites al uso de gas industrial en India.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington, en un análisis de marzo de 2026, destaca que a diferencia de crisis petroleras anteriores, hoy existe una alternativa tecnológicamente madura: la electrificación. Sam Butler-Sloss, director de investigación de Ember, lo explicó en una entrevista con CNBC: “Este es el momento de Asia equivalente al de Ucrania para Europa. De la misma manera en que la guerra en Ucrania obligó a Europa a cortar su dependencia del gas ruso, el Estrecho de Ormuz va a empujar a Asia a cortar su dependencia del petróleo, pero con tecnología aún más barata disponible”.
Gonzalo Escribano, investigador del Real Instituto Elcano, fue más directo: las renovables “ya no son percibidas como política ambiental sino como un activo geopolítico”. El problema es que acelerar esa transición significa comprar más paneles, baterías y autos eléctricos. Y todo eso se fabrica en China.
Tres respuestas y ninguna solución perfecta
Frente al dilema, los países adoptaron estrategias muy distintas, y ninguna cierra del todo. Estados Unidos optó por el bloqueo duro: aranceles del 100% sobre autos eléctricos chinos y tarifas elevadas sobre paneles solares y baterías. Pero el Centro de Política Energética Global de Columbia, en un informe de octubre de 2025, advirtió que esa política es contraproducente: los aranceles a China van acompañados de tarifas similares o mayores sobre países que podrían proveer alternativas, como India o Brasil, lo que les impide competir en precio.
La Unión Europea eligió un camino intermedio. Impuso aranceles compensatorios sobre autos eléctricos chinos de hasta un 35% adicional e prepara subsidios estatales. Pero el Centre for European Reform advirtió que los aranceles de Trump sobre China están redirigiendo exportaciones baratas chinas hacia Europa, amplificando la presión sobre los fabricantes europeos. La AIE calcula que fabricar celdas de batería en China cuesta entre un 20% y un 35% menos que en Europa, una brecha estructural que ningún arancel borra de un día para el otro.
La tercera respuesta, la más extendida, es el pragmatismo. Canadá redujo su arancel del 100% sobre autos eléctricos chinos a cambio de que Beijing levantara restricciones sobre productos agrícolas canadienses. España aceptó inversión china en su sector energético, lo que en parte explica por qué su red renovable amortizó el shock de precios mejor que sus vecinos.
América Latina, entre el recurso y la dependencia
La región ocupa un lugar peculiar en este mapa. Chile y Argentina concentran gran parte de las reservas mundiales de litio, el mineral clave de las baterías. Brasil tiene grandes depósitos de tierras raras y niobio. Pero el flujo comercial real cuenta una historia distinta: en 2024, Brasil importó alrededor de 90 gigawatts de capacidad solar desde China, una cantidad equivalente a un tercio de toda su capacidad de generación eléctrica. El litio que se extrae en el sur del continente viaja a refinerías chinas, se convierte en baterías y vuelve a la región incorporado en productos terminados.
Brasil está intentando romper esa lógica imponiendo aranceles sobre autos eléctricos chinos para forzar la instalación de fábricas locales, apostando a capturar empleos, ingresos fiscales y conocimiento del proceso productivo. Pero la pregunta que la región todavía no ha respondido es si tiene la capacidad institucional para traducir sus recursos naturales en poder de negociación real, en lugar de repetir el patrón histórico de exportar materia prima barata e importar manufactura cara.
La trampa no tiene solución corto plazo. Los mismos gobiernos que llevan años intentando reducir su dependencia energética de regímenes autoritarios están financiando, panel por panel y batería por batería, la consolidación del dominio chino en tecnología verde.
X: @FerKobe
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