El presidente bielorruso Alexander Lukashenko entregó el jueves un fusil automático al líder norcoreano Kim Jong-un como obsequio de amistad y ambos mandatarios firmaron un tratado bilateral durante una cumbre celebrada en Pyongyang entre dos de los principales aliados de Rusia en su guerra contra Ucrania.
“¡Por si acaso aparecen enemigos!”, bromeó Lukashenko al momento de entregar el arma, arrancando carcajadas de Kim, quien examinó el fusil de fabricación bielorrusa con evidente interés y probó el mecanismo de recarga.
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“¡Muy bien! Kim Jong-un sabe cómo manejarlo”, comentó Lukashenko mientras observaba a su anfitrión manipular el rifle. En respuesta, Kim ofreció a su huésped una espada y un jarrón elaborado con casquillos de bala, con la imagen de Lukashenko incrustada.

El intercambio de regalos incluyó también otros obsequios: Lukashenko entregó a Kim una caja —por la que, según la tradición bielorrusa, pagó simbólicamente una moneda al regalar un arma— junto con un ramo de aciano en forma de joya y una selección de dulces.
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“Los secretarios generales del Partido Comunista de la Unión Soviética solían disfrutarlos cuando llegaban a Belovezhskaya Pushcha”, explicó Lukashenko al presentar los licores tradicionales bielorrusos Zubrovka y Belovezhskaya.
La visita a Pyongyang —la primera en los 33 años de mandato de Lukashenko— reunió a dos líderes que se encuentran bajo sanciones internacionales y que han brindado un apoyo crucial al presidente ruso Vladimir Putin a lo largo de cuatro años de guerra en Ucrania. Tras la ceremonia de regalos, ambas delegaciones mantuvieron conversaciones formales presididas por Kim y Lukashenko.
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Kim ha suministrado a Moscú millones de municiones y ha enviado tropas para ayudar a Rusia a recuperar parte de la región occidental de Kursk, que fuerzas ucranianas habían tomado en 2024. Por su parte, Lukashenko permitió que Bielorrusia fuera utilizada como rampa de lanzamiento para la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y acordó posteriormente albergar misiles nucleares tácticos rusos en su territorio, que limita con tres países de la OTAN.
La agencia de noticias estatal bielorrusa Belta citó a Lukashenko diciendo a Kim que las relaciones entre ambos países entraban en una “nueva etapa fundamental”. Kim, por su parte, afirmó que los dos países compartían posiciones conjuntas en muchos asuntos y subrayó que Pyongyang “se opone a la presión indebida sobre Bielorrusia por parte de Occidente”.
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La cumbre se produce en un momento de inusual actividad diplomática para Minsk. La semana pasada, Lukashenko recibió a John Coale, enviado del presidente estadounidense Donald Trump, y liberó a 250 presos políticos a cambio de una mayor flexibilización de las sanciones estadounidenses contra Bielorrusia. El viaje a Pyongyang pone de manifiesto el difícil equilibrio diplomático que intenta mantener Lukashenko: estrechar lazos con los países afines a Rusia y hostiles a Occidente, mientras busca simultáneamente normalizar su relación con Washington.
Bielorrusia y Corea del Norte mantienen un volumen de comercio bilateral reducido, pero comparten una larga experiencia de supervivencia bajo sanciones internacionales —Pyongyang por sus programas nuclear y de misiles balísticos, y Minsk por su historial en materia de derechos humanos y su respaldo a Putin en Ucrania.
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