Murió Ali Khamenei, el ideólogo de brutales asesinatos y atentados que comandó el poder real de Irán por más de tres décadas

El líder supremo del régimen de Irán fue abatido este sábado en los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel en Teherán. La información fue confirmada después de varias horas de incertidumbre sobre su paradero

Guardar
Khamenei llevó a Irán a
Khamenei llevó a Irán a ser el principal promotor del terrorismo a nivel global (Office of the Iranian Supreme Leader/WANA via REUTERS)

“En nombre del noble Ali, que la paz sea con él”. Con ese mensaje, publicado en la cuenta oficial de Ali Khamenei en las redes sociales, el régimen iraní admitió este sábado la muerte de su líder supremo. El ayatollah fue abatido durante un masivo ataque aéreo de EEUU e Israel sobre Teherán y la noticia cierra un capítulo oscuro que sobrevivió más de tres décadas.

Es que la figura dominante en la política iraní no es el presidente, sino el líder supremo, y que ese statu quo se haya mantenido imperturbable a través de los años sólo se explica por el poder de Ali Khamenei para reestructurar el sistema iraní a su antojo. La Constitución, de hecho, le otorga al líder supremo una enorme autoridad sobre las principales instituciones del Estado y así, durante sus 36 años de poder, logró prolongar su control a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Del linaje a la politización

Khamenei nació en 1939 en Mashhad, una ciudad al noreste de Irán que alberga la tumba del imán Reza, el octavo imán chiíta. Su padre era azerí (la minoría iraní de habla turca) y creció en el seno de una familia religiosa de clérigos. El linaje de Khamenei se remonta, según se dice, al cuarto imán chií Alí Zeyn-ol-Abedin, lo que le confirió a su familia una legitimidad tradicional, ya que los miembros masculinos se incorporaron al clero chií llevando un turbante negro en señal de pertenencia a la familia del Profeta.

Khamenei encabeza la celebración por
Khamenei encabeza la celebración por el 36° aniversario de la muerte del ex líder supremo, Ali Khomenei (Office of the Iranian Supreme Leader/WANA via REUTERS)

Ascenso y formación ideológica

Según cuenta Farhad Khosrokhavar, Director de Estudios de la école des Hautes études en Sciences Sociales (EHESS) de París y autor de unas de las biografías más difundidas sobre el líder supremo, Khamenei comenzó sus estudios religiosos en Mashhad bajo la dirección de dos conocidos ayatollahs, el jeque Hashem Qazvini y el ayatollah Milani. Luego partió hacia Nayaf en 1957, pero no permaneció allí mucho tiempo, ya que su padre quería que regresara a Irán. Se trasladó a Qom, donde estudió con el Gran Ayatollah Boroujerdi, líder espiritual de los chiíes, y con el Ayatollah Khomeini.

Khamenei presentó una marcada politización desde sus comienzos. Un encuentro en su juventud con el líder de los Fedais del Islam, Seyed Mojtaba Navvab Safavi, que intentaba fundar un gobierno islámico en Irán en los años ’40 -mientras en Egipto los Hermanos Musulmanes también buscaban el poder-, resultó decisivo para su orientación política. En 1957 se reunió por primera vez con el ayatollah Khomeini y, de inmediato, su influencia fue evidente. En los años siguientes, Khamenei tomó medidas contra el régimen del Shah. Fue detenido seis veces y condenado a prisión y destierro.

Khamenei fue parte de la generación de clérigos que se radicalizó a partir de la década de 1960 debido a la modernización secularizadora del Shah y a su política de desislamización progresiva. En 1963, en Qom, se produjeron protestas bajo la instigación del ayatollah Khomeini contra la Reforma Agraria, los derechos de las mujeres y el giro totalmente laico de Irán.

Esta fracción del clero radicalizado compartía rasgos con la extrema izquierda marxista y con un sector de los intelectuales iraníes del tercer mundo, especialmente su antiamericanismo, su oposición a la occidentalización, a Israel y a la pérdida de la identidad islámica, según detalla el experto en Irán.

Ali Khamenei, junio de 2022
Ali Khamenei, junio de 2022 (Reuters)

La visión antioccidental de esta generación se expresó en la concepción global de Khamenei, basada en una postura islamista y en la idea de que el Islam y Occidente son fundamentalmente incompatibles. Su biógrafo señala que tenía una cultura literaria importante y que leyó a poetas y escritores tanto iraníes como extranjeros, como Víctor Hugo, quien tuvo un profundo efecto en él. No obstante, mantenía una visión conservadora y autoritaria del mundo; consideraba que el papel de la mujer era criar a los hijos y apoyar a la familia patriarcal, más que participar en la vida pública o exigir la igualdad con los hombres.

En 1977 el régimen imperial le condenó a tres años de destierro en la ciudad de Iranchahr. Al año siguiente, tras la Revolución de 1979, regresó a Teherán. No tardó en ascender: primero como miembro del Consejo Revolucionario, luego, designado por el ayatollah Khomeini, como imán del viernes en Teherán, y después como adjunto al ministro de Defensa.

Una exhibición con misiles y
Una exhibición con misiles y un retrato del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, se ve en la plaza Baharestan en Teherán, Irán, el 27 de septiembre de 2017. Foto tomada el 27 de septiembre de 2017 (Reuters)

Consolidación del poder absoluto

En 1981 fue electo presidente y ese año, mientras daba un sermón en la mezquita de Abouzar, en Teherán, explotó una bomba que lo hirió gravemente y paralizó su brazo derecho. El atentado se atribuyó al grupo Forqan, cuyos miembros habían sido ejecutados por el régimen islámico por asesinato, y también a los Muyahidines del Pueblo, que estaban en guerra con el régimen islámico.

Tras la muerte del ayatollah Khomeini en 1989, el Consejo de Expertos, máximo órgano de selección iraní, lo eligió como Líder Supremo (rahbar). Khamenei mantuvo su poder reestructurando la teocracia islámica según su criterio.

Se apoyó en el Ejército de los Pasdaran, cuyo desarrollo aseguró concediéndole cada vez más privilegios económicos y facilitando la creación de un verdadero imperio económico paralelo. El Ejército de los Pasdaran y sus diferentes ramas —entre las que se destaca Hezbollah—, fue capaz de terminar con las protestas durante las múltiples crisis del régimen: el movimiento estudiantil de 1999, el movimiento reformista del presidente Jatami (1997-2005), el Movimiento Verde de 2009, los intentos de empoderamiento del presidente Ahmadineyad (2012-2013), y el movimiento del “pan” de 2017.

Ali Khamenei, febrero de 2020
Ali Khamenei, febrero de 2020 (Reuters)

Khamenei también se apoyó en las Fundaciones Revolucionarias y en la Fundación Astan Qods Razavi, que gestiona la propiedad del imán Reza en la provincia noroccidental de Khorasan y cuenta con varios miles de millones de dólares en activos, no sólo en Irán, sino también en India, Pakistán y otros países. Estas fundaciones le brindaron recursos económicos significativos, permitiéndole financiar sus políticas regionales en Líbano, Irak, Afganistán, Siria y otros lugares.

Como señalan analistas políticos, los recursos con los que contó Khamenei lo consolidaron como una figura de poder, aunque, a diferencia de Arabia Saudí, donde las arcas del Estado y del rey son equivalentes, en Irán el ejecutivo no tiene ningún control sobre estos fondos y el Líder Supremo puede utilizarlos libremente y sin rendir cuentas.

Estrategias de control y represión interna

Khamenei, reunido con el ex
Khamenei, reunido con el ex dictador sirio Bashar Al Assad

El sistema judicial, otra de sus bases, está completamente fuera del control del ejecutivo y del legislativo, haciendo del sector judicial un instrumento represivo utilizado para la persecución de la disidencia. Todos estos mecanismos en manos del Líder Supremo acorralan el poder del Presidente de la República, el Parlamento y otras instituciones electivas.

A través de la creación de una estructura paralela de gobierno, prácticamente todos los ministerios cuentan con su equivalente en la “corte” del Líder Supremo. El control de los ministerios centrales —el de Interior, el de Inteligencia, de Educación Nacional y Asuntos Exteriores—, convirtieron a Khamenei en el titular del auténtico poder en la sociedad iraní.

Islamista, antiimperialista y antisionista, Khamenei manejó la región, respaldando en Siria al ahora depuesto régimen de Bashar al-Assad, a Hezbollah en Líbano, defendiendo a las tendencias chiitas en Irak y financiando a Hamas en los territorios palestinos. Así consolidó, hasta su muerte, su posición como figura principal del régimen iraní y última instancia en las decisiones políticas y económicas del país.

Patrocinio del terrorismo internacional

“Desde su llegada al poder en 1979, el régimen iraní ha estado implicado en asesinatos, complots terroristas y atentados terroristas en más de 40 países”, reveló el 22 de mayo de 2020 el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, recogido por múltiples agencias. Ese número se fue multiplicando y, bajo el poder de Ali Khamenei, estas operaciones tomaron un carácter sistemático.

Uno de los capítulos más oscuros de la era Khamenei fue la reorganización de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, a la que se encomendó actuar en el extranjero.

En 1994, el atentado suicida contra la mutual judía de la AMIA en Buenos Aires dejó 85 personas muertas y cientos de heridos. El ataque fue perpetrado por Hezbollah y, según descubrió la investigación, contó con apoyo de la República Islámica. Como resultado, Interpol emitió órdenes de detención contra ocho funcionarios iraníes, entre ellos el ministro de Inteligencia Ali Fallahian, el ministro de Asuntos Exteriores Ali Akbar Velayati y Mohsen Rezaei, comandante de la Guardia Revolucionaria.

La AMIA explotó a las
La AMIA explotó a las 9.53 del 18 de julio de 1994 (Reuters)

A estos hechos siguió una serie de asesinatos de alto perfil en Europa. Un mes antes de que Hashemi Rafsanjani asumiera la presidencia de la República Islámica, Abdolrahman Ghasemlou, secretario general del Partido Democrático del Kurdistán Iraní, fue asesinado en Viena el 13 de julio de 1989. Cayó en una trampa tendida durante negociaciones con una delegación de Teherán.

En abril de 1990, poco después de iniciarse el mandato de Rafsanjani, Kazem Rajavi —hermano de Masoud Rajavi, líder de la Organización de Muyahidines del Pueblo— fue asesinado en Suiza. Kazem Rajavi había sido el representante de la República Islámica en la sede europea de Naciones Unidas en Ginebra. Recibió un disparo en la cabeza a quemarropa por parte de uno de los dos hombres armados con ametralladoras que utilizaron un Volkswagen para bloquear su paso cuando se dirigía a su casa en las afueras de Ginebra.

El 17 de septiembre de 1992, Sadegh Sharafkandi, secretario general del Partido Democrático del Kurdistán iraní, junto a otros dos dirigentes kurdos iraníes y su intérprete, fueron asesinados por hombres armados en el restaurante Mykonos de Berlín.

Estos actos demostraron la sistematicidad de los asesinatos, cuyo objetivo era enviar un mensaje de intimidación a la oposición, y dejaron pocas dudas de que contaban con la aprobación de la máxima autoridad política de la República Islámica. De no ser así, se habrían detenido tras las primeras investigaciones, pero continuaron por años.

El 11 de abril de 1997, tras un juicio de tres años en Alemania, el tribunal que examinó el caso Mykonos concluyó que el asesinato de los disidentes fue orquestado por un “Comité de Operaciones Especiales” de Teherán, en el que participaban el Líder Supremo, el presidente, el ministro de Exteriores y altos funcionarios de seguridad.

Los países europeos retiraron a sus embajadores y las relaciones diplomáticas quedaron en un nivel bajo hasta después de la asunción de Mohammad Khatami. Khamenei retrasó el retorno de los embajadores europeos y exigió que el embajador alemán fuera el último en regresar, dado que el tribunal alemán lo responsabilizó directamente por el ataque.

En 2011, al referirse a la sentencia alemana, Khamenei declaró: “Los gobiernos europeos... retiraron a sus embajadores de Teherán. No hemos olvidado esas cosas. Intentaron abofetearnos, pero recibieron una bofetada más fuerte”.

El Departamento de Estado de Estados Unidos subrayó en su informe: “A medida que los asesinos iraníes que utilizan la cobertura diplomática han recibido mayor atención, Irán ha recurrido a bandas criminales, cárteles de la droga y otros terceros para ejecutar sus planes de asesinato en el extranjero”.

En todo este tiempo, el Irán de Khamenei mintió sistemáticamente sobre su participación en asesinatos en el extranjero, incluso cuando su propio personal diplomático era sorprendido vigilando objetivos, transportando explosivos o huyendo de las escenas del crimen. Según la entidad estadounidense, “la campaña global de terror de Irán ha incluido hasta 360 asesinatos selectivos en otros países y atentados masivos con bombas que han matado y herido a cientos de personas".

El comienzo del fin

En el último año, esa arquitectura regional comenzó a resquebrajarse de modo acelerado. El llamado “eje de la resistencia” —la red de milicias, organizaciones y Estados cliente que extendían la influencia iraní— fue golpeado sucesivamente.

Hezbollah, la organización más sofisticada apoyada por Teherán, sufrió pérdidas inéditas ante Israel: decenas de sus comandantes de alto rango fueron eliminados, incluyendo a su secretario general, Hassan Nasrallah, asesinado el 14 de septiembre de 2024. La organización, que había llegado a contar con más cohetes que varios ejércitos regulares, vio menguado su arsenal y diezmada su cúpula.

Ali Khamenei encabeza un desfile
Ali Khamenei encabeza un desfile militar en Teherán (Reuters)

Hamas sufrió también pérdidas significativas en Gaza luego del sanguinario ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel. La respuesta militar israelí destruyó gran parte de su infraestructura y eliminó a gran parte de su liderazgo militar.

El golpe más estratégico llegó en diciembre de 2024, cuando el régimen de Bashar al-Assad en Siria colapsó ante el avance de fuerzas rebeldes. La caída de Damasco privó a Irán de su acceso terrestre al Mediterráneo, necesario para abastecer a Hezbollah y otras milicias aliadas. Sin este vínculo, la proyección de poder iraní hacia el Mediterráneo resultó profundamente limitada.

A esto se sumaron ataques aéreos israelíes con apoyo estadounidense durante el último año, que destruyeron buena parte del arsenal de misiles balísticos iraníes, el principal recurso de disuasión convencional para equilibrar su inferioridad frente a Estados Unidos e Israel.

En el frente interno, la situación es igualmente grave. Desde diciembre del año pasado, millones de iraníes protestan en más de cien ciudades, empujados por el colapso del rial, que había perdido la mayor parte de su valor, y por la crisis económica más aguda en décadas, sumada a la corrupción y al descontento ante décadas de represión.

Días antes del ataque contra Irán, el régimen seguía reprimiendo a los manifestantes pacíficos

La respuesta oficial fue una represión extrema. El presidente Donald Trump, en su discurso sobre el Estado de la Unión, citó como estremecedor dato que “32.000 personas” habían sido asesinadas en cuestión de semanas. De confirmarse, esta ola represiva sería una de las más sangrientas en la historia de la República Islámica.

Khamenei dedicó su vida a construir un régimen que se creía invulnerable: protegido por Dios, blindado por el terror y sostenido por el miedo. Murió bajo las bombas en el sitio que gobernó durante más de tres décadas. Su muerte cierra una era, pero deja preguntas: qué de su reino de terror quedará en pie, y quién vendrá a reclamar las ruinas.