
La trayectoria de Roya Karimi está marcada por una transformación radical: de ser víctima de un matrimonio infantil en Afganistán, a consolidarse como una de las mejores fisicoculturistas de Europa y ejemplo de resistencia femenina.
Su historia es un testimonio sobre cómo es posible reconstruir la identidad, romper con tradiciones opresivas e inspirar a otras mujeres en circunstancias similares.
Infancia y matrimonio forzado en Afganistán
Roya Karimi nació en Afganistán, donde fue víctima de un matrimonio infantil. Se convirtió en madre a los 15 años, una situación común en varias regiones afganas donde las niñas son forzadas a casarse a edades tempranas, privándolas de su derecho a la educación y a una vida autónoma. Esta etapa marcó profundamente su juventud, dejándole cicatrices tanto emocionales como sociales.
Roya recuerda las prohibiciones estrictas impuestas a las mujeres y niñas: la imposibilidad de acudir a la escuela, de ejercitarse o de tomar decisiones sobre su propia vida. “Cada vez que voy al gimnasio recuerdo que hubo una época en Afganistán cuando ni siquiera tenía permitido hacer ejercicio libremente”, contó al servicio afgano de la BBC.
Las restricciones se agudizaron tras el regreso de los talibanes al poder, quienes impusieron normas que prohibían a las niñas asistir a la escuela después de los 12 años y limitaban severamente la movilidad de las mujeres.
Para Roya, ese entorno era una condena a ciclo de opresión. “Hoy, la voz de una niña afgana ha sido silenciada hasta el extremo en que ni siquiera puede ir a la escuela. Tampoco puede salir de la casa sin un hombre que la custodie, mucho menos tomar sus propias decisiones, tener el derecho a pensar, expresar opiniones, enamorarse o vivir su vida”.
Huida a Noruega y adaptación a una nueva vida
Hace 14 años, Roya escapó de Afganistán junto a su madre y su hijo pequeño, dejando atrás a su esposo. Llegaron a Noruega, donde pidieron asilo con el deseo de encontrar libertad y un futuro distinto, según relata a la BBC.
Su vida en el país escandinavo supuso enormes desafíos: enfrentó la barrera del idioma, la soledad y la necesidad de adaptarse a una sociedad mucho más liberal. Además, tuvo que conseguir empleo para mantener a su familia y reconstruir su vida desde cero.
Durante los primeros años, los obstáculos parecían insuperables. Roya dedicó gran parte de su tiempo a estudios de noruego y más tarde se formó como enfermera.
Finalmente, encontró trabajo en un hospital de Oslo, lo que significó un logro relevante en su proceso de integración. Como señaló: “Le resultó difícil lidiar con todas esas exigencias durante los primeros años, pero sus esfuerzos finalmente dieron fruto”.
Descubrimiento y desarrollo en el fisicoculturismo

La llegada al fisicoculturismo marcó un punto de inflexión en su vida. No se trató solamente de una actividad para mantenerse en forma, sino de un proceso profundo de transformación personal. El entrenamiento en el gimnasio le ayudó a reconstruir su autoestima y a redefinir su personalidad, liberándose de los límites psicológicos y sociales impuestos por años de restricción.
“Nuestro mayor desafío fue romper las barreras y el armazón que otros nos habían impuesto, las reglas tácitas que nos fueron impuestas en nombre de la tradición, cultura, religión o lo que fuera”, expresó. Y agregó: “Pero cuando decides innovar, debes liberarte de esos marcos”.
Roya complementó su formación como enfermera con estudios de nutrición y preparación física. Decidió dedicarse profesionalmente al fisicoculturismo, un paso audaz que significó dejar la enfermería para entregarse de lleno a su nueva pasión.
Junto a su segundo esposo, se convirtió en parte de la primera pareja de fisicoculturistas afganos reconocidos, llevando su historia más allá de la superación personal para convertirla en símbolo de cambio y resiliencia.
Impacto social: resistencia y apoyo a mujeres afganas
Más allá de su carrera deportiva, Roya ha empleado su plataforma para apoyar a mujeres afganas, tanto dentro como fuera de su país natal. A través de las redes sociales, promueve la importancia de la salud física, la autoestima y la reconstrucción de la identidad femenina. Considera que compartir historias de resistencia es, en sí mismo, un acto de lucha.
“Debemos trabajar duro e insistir en esta cuestión para poder generar un cambio a nuestro alrededor”, declaró, poniendo especial énfasis en la situación de las mujeres en Afganistán, privadas de educación y de la libertad básica de moverse sin ser escoltadas por un hombre.
Roya enfatiza que el éxito de cada mujer afgana contribuye a redefinir el papel femenino en sociedades donde la igualdad de género está lejos de alcanzarse. “Espero que llegue el día en el que las mujeres afganas puedan vivir sin temor, ser ellas mismas y perseguir sus sueños”, expresó.
Éxitos deportivos y participación en competencias internacionales

En el ámbito deportivo, Roya Karimi ha consolidado un perfil internacional: ganó la medalla de oro en la categoría Wellness del Abierto de Stoperiet en Noruega, una competición que premia la condición física natural y la armonía corporal.
Posteriormente, se consagró campeona en el Clásico de Noruega 2025, uno de los torneos más reconocidos del norte de Europa, lo que le valió una plaza en los Campeonatos Europeos y los próximos Campeonatos Mundiales de Fisicoculturismo.
La competencia no solo exige destreza física, sino también una puesta en escena cuidada: vestuario, maquillaje, bronceado y actitud son evaluados por los jueces. Cada logro representa años de esfuerzo y superación, llevando a Roya desde la Kabul devastada por la guerra hasta los escenarios internacionales.
Relación y apoyo de su segundo esposo

Roya encontró en Kamal Jalaluddin no solo a un compañero sentimental, sino a un aliado. Este hombre, también afgano y fisicoculturista, ha sido uno de sus principales apoyos emocionales y prácticos en su carrera. “Ver a Roya en el escenario fue la realización de un sueño que construimos juntos”, afirmó.
En ese sentido, Roya reconoce que el respaldo de su esposo fue decisivo para que ella pudiera dar el salto al ámbito competitivo profesional, enfrentando tabúes culturales y sociales: “Su apoyo me dio la confianza de seguir un camino competitivo que rompe tabúes. Pienso que si un hombre respalda a una mujer, pueden pasar cosas increíbles”.
Reacciones familiares y críticas en redes sociales
El camino de Roya no ha estado exento de obstáculos personales. Su familia en Afganistán dejó de apoyarla tras su irrupción en el fisicoculturismo, postura ante la que ella responde apostando por su autenticidad y un futuro mejor: “He decidido ser yo misma y trabajar por un futuro mejor”.
Además, su presencia en redes sociales atrae tanto admiración como críticas, que a menudo incluyen amenazas y comentarios hostiles. “La gente sólo ve mi apariencia y mi bikini. Pero detrás de esa imagen, hay años de sufrimiento, esfuerzo y perseverancia. Estos éxitos no se han logrado fácilmente”, afirma.
La historia de Roya Karimi se convierte así en uno de los ejemplos más visibles de cómo la lucha personal puede influir colectivamente en el desafío a estructuras opresivas y en la conquista de nuevos espacios para las mujeres afganas.
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