
El más reciente aventurero en embarcarse en la búsqueda del misterioso destino de la icónica aviadora Amelia Earhart sostiene que una imagen borrosa captada por sonar revela el bimotor que piloteaba en 1937, año de su desaparición.
Tony Romeo, un inversor en bienes raíces comerciales con base en Charleston, Carolina del Sur, CEO de Deep Sea Vision y antiguo oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de EEUU, ha ingresado a la lista de exploradores que han surcado el Océano Pacífico en la incansable búsqueda del avión que Earhart utilizaba durante su histórico y fatídico viaje alrededor del mundo.
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En diciembre, Romeo, quien financió su expedición vendiendo propiedades comerciales, retornó con una imagen de sonar de un objeto con la forma característica de un avión en el lecho oceánico. Asegura que se trata del Lockheed 10-E Electra de Earhart, y los expertos están examinando con interés esta nueva evidencia.
Dorothy Cochrane, curadora del departamento de aeronáutica del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian, de acuerdo con The Wall Street Journal, respalda la ubicación de la imagen de sonar de Romeo, y expertos en sonar coinciden en que es lo suficientemente inusual como para requerir una inspección más detallada.
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Romeo tiene la intención de regresar para obtener imágenes más nítidas y detalladas, calificando su búsqueda como “quizás lo más emocionante que haré en mi vida”.
“Que ella desapareciera era simplemente impensable”, dijo Romeo a The Wall Street Journal. “Imagínense a Taylor Swift desapareciendo hoy”.
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La desaparición de Earhart, pionera en la aviación moderna, sigue siendo un enigma intrigante y duradero.
Desde la desaparición de Earhart, varios aventureros han invertido millones en la búsqueda de su avión perdido, sin éxito hasta ahora. La expedición de Romeo, que costó al menos 13 millones de dólares, empleó tecnología avanzada, incluido un dron submarino, para escanear el fondo del océano en el área cercana a la isla Howland, el último punto conocido de Earhart.
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Aunque la imagen de sonar capturada por Romeo ha despertado la atención de expertos y entusiastas, se espera una inspección más detallada para confirmar la identidad del objeto y resolver uno de los grandes misterios del siglo XX. La desaparición de Earhart, una celebridad internacional, continúa capturando la imaginación colectiva y alimentando la esperanza de resolver el enigma de su destino.
La confirmación del descubrimiento presenta desafíos, tanto logísticos como financieros, ya que la expedición exige equipos sofisticados y costosos. En su empresa anterior, el equipo de Romeo utilizó un dron submarino “Hugin” fabricado por la empresa noruega Kongsberg, según informó el Wall Street Journal. El sumergible no tripulado utilizado en la expedición escaneó una extensa área de 13.467 km cuadrados del lecho marino, revelando el presunto avión descansando a una profundidad de 5.000 metros.
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Una intrépida que soñó con volar
Amelia Mary Earthart nació en Atchison, Kansas, el 24 de julio de 1897, en el seno de una familia acomodada, fundamentalmente por la fortuna de su abuelo materno, que era juez y banquero.
Tenía 18 años cuando dejó su casa para convertirse en enfermera y atender heridos de la Primera Guerra Mundial y, más tarde, a las víctimas de la epidemia de Gripe Española en Canadá.
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A los 23, durante un viaje a Long Beach, California, quedó deslumbrada por un espectáculo de acrobacia aérea y se subió a un biplaza para sobrevolar Los Ángeles. Antes de que el avión aterrizara había tomado la decisión que marcaría el resto de su vida: aprender a volar.
Utilizó todos sus ahorros para pagar las clases de aviación con otra pionera del vuelo, Neta Snook, la primera mujer en tener su propio negocio aéreo. Con el paso del tiempo, el hecho quedaría como una anécdota, pero después de darle las primeras clases, Snook intentó convencer a Amelia de que abandonara sus intenciones de volar porque no le veía condiciones.
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No sólo no le hizo caso y se transformó en una de las primeras 15 mujeres en conseguir la licencia de la Federación Aeronáutica Internacional, sino que convenció a su madre que la ayudara a comprar un avión: Un biplano biplaza Kinner Airster amarillo de segunda mano al que bautizó “El Canario”.
Con ese avión batió al año siguiente el récord de altitud para mujeres, al alcanzar los 4.226 metros de altura. Tenía 25 años.
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El vuelo final
Después de varios récords, sólo le restaba dar la vuelta al mundo. El desafío contaba con un gran obstáculo, el Océano Pacifico, una vasta extensión de agua en la que prácticamente no hay nada y en la que el más mínimo error puede acabar en tragedia.
La única opción era volar hasta una pequeña isla en medio del Océano, la isla de Howland, un minúsculo pedazo de tierra de dos kilómetros de largo por apenas medio de ancho muy cerca del límite de la autonomía de cualquier avión de la época. Repostar en ella y continuar hacia Hawái para luego llegar hasta el continente americano.

Era una hazaña que no podía intentar sola y eligió al capitán Harry Manning y a Fred Logan para que la acompañaran, quienes irían intercambiándose en las diferentes escalas.
El avión elegido fue un Lockheed Electra 10E, un bimotor que fue convenientemente modificado para el vuelo. Se le agregó un enorme depósito de combustible y toda la aviónica necesaria para el vuelo instrumental.
El 1° de junio de 1937, Amelia despegó de Miami y voló hasta San Juan de Puerto Rico, bordeando el continente americano hasta saltar hacia África y llegando hasta el Mar Rojo. Desde allí se voló hasta Karachi, Pakistán, para continuar hacia Calcuta, Rangoon, Bangkok y Bandoeng y Singapur.
El día 29 de junio llegaron a Lae, en Nueva Guinea. La última etapa antes de “saltar” sobre el Océano Pacifico. Habían volado 40.744 kilómetros y quedaban sólo 12.964 km por recorrer para terminar el trayecto.
Amelia y Noonan partieron de Lae el 2 de julio, con combustible permitía una autonomía de vuelo de 21 horas. Aproximadamente 7 horas y media después de despegar, Amelia reportó su posición a unos 30 kilómetros al suroeste de las Islas Nukumanu.
A partir de allí se recibieron algunas comunicaciones por radio, pero eran demasiado breves para que se pudiera situar su posición desde el guardacostas Itasca, que estaba fondeado en la isla de Howland para ayudar en la navegación del vuelo.
La última transmisión de Amelia Earhart se recibió 19 horas y media tras el despegue, en ella decía que pensaban que estaban en la zona de la Isla de Howland, pero no podían localizarla. El combustible estaba acabándose. De ahí en más todo fue silencio.
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