
Según afirman algunos informes en China, citados por el Daily Mail, el jefe del régimen chino, de 68 años, tendría un aneurisma y habría rechazado la cirugía cerebral para seguir un tratamiento de medicina tradicional.
Según detalla la agencia de noticias ANI, Xi habría sido trasladado a un hospital a finales del año pasado después de que los médicos detectaran un vaso sanguíneo abultado en su cerebro.
El aneurisma cerebral es una enfermedad que se produce cuando se forma una protuberancia en uno de los vasos sanguíneos del cerebro. Esta protuberancia en forma de globo aparece en el punto más débil del vaso sanguíneo del cerebro que, al expandirse, se rompe y sangra en el cerebro dando lugar a una hemorragia subaracnoidea y puede causar un accidente cerebrovascular hemorrágico (sangrado).
El problema que podría enfrenar Xi, de confirmarse los rumores, es que se produzca el sangrado. Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EEUU, “alrededor del 25 por ciento de las personas cuyo aneurisma cerebral se ha roto no sobreviven a las primeras 24 horas; otro 25 por ciento muere por complicaciones en los 6 meses siguientes. Las personas que sufren una hemorragia subaracnoidea pueden sufrir daños neurológicos permanentes. Otras personas se recuperan con poca o ninguna discapacidad”, dice
Los primeros reportes sobre su salud surgieron durante la primera ola de COVID, cuando dirigiéndose a una multitud en Shenzhen, los observadores notaron su lentitud al hablar y su tos. Pero las versiones se multiplicaron este año, cuando evitó reunirse con lídere sinternacionales durante los Juegos Olímpicos de Invierto de Beijing.
Al igual que la del ruso Vladimir Putin, la salud de Xi siempre ha sido un secreto muy bien guardado.
El informe sobre su estado de salud llega cuando la economía china está sometida a muchas tensiones, en parte por el conflicto entre Rusia y Ucrania y en parte por la política de “COVID cero”. Es que el presidente chino enfrenta duras críticas internas por sus draconianas medidas de cierres durísimos en la principales ciudades chinas, aún cuando todos los organismos internacionales y de salud ya advirtieron de que son ineficaces.
Bajo sus órdenes, millones de personas en Shanghai, continúan confinadas. El gobierno de la ciudad, de hecho, ha endurecido esta semana las restricciones en determinados distritos. En algunas zonas, los edificios residenciales y las tiendas han sido tapiadas. Los funcionarios confiscaron las llaves de las casas para evitar las fugas de aislamiento, mientras que las casas vacías de quienes fueron puestos en cuarentena centralizada han sido puestas patas arriba mientras se las rocía con desinfectante.
The Washington Post advirtió que tamañans medidas amenazan con alienar a una población que ha llegado a confiar en lo que algunos estudiosos describen como el contrato implícito del Partido Comunista con el público: La dirección apoya la economía, permite que la gente se enriquezca y se mantiene al margen de los asuntos cotidianos a cambio de la quiescencia política.
“El acuerdo tácito entre nosotros se ha roto”, dijo un periodista chino afincado en Shanghai que habló bajo condición de anonimato con el periódico norteamericano por miedo a las repercusiones. “Originalmente, me dejabas vivir una vida feliz, no haría cosas en contra de tus intereses, pero ese tipo de confianza ya no existe. Creo que ése podría ser el problema más grave [causado por el cierre]”.
La decisión de mantener la política actual también se tomó porque el presidente Xi Jinping cree que el hecho de que China llegue o a cero casos demostraría la superioridad de su gobierno sobre las democracias occidentales, en particular sobre Estados Unidos, según Lynette Ong, profesora de política china en la Universidad de Toronto. “Se ha metido en un callejón sin salida en el que es difícil dar marcha atrás en su política”, dijo.
La naturaleza politizada de la política de “cero COVID” está haciendo temer el estilo de gobierno personal de Xi, que se basa cada vez más en movilizaciones de masas en las que se espera que cada persona siga órdenes. Esa reafirmación del partido en la vida de los ciudadanos de a pie está provocando comparaciones con periodos oscuros del pasado de China y despertando el temor de que ya no haya espacio en la sociedad para vivir una vida tranquila sin que la interrumpan las campañas de motivación ideológica.
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