
Rusia bombardeó este lunes un memorial dedicado a las víctimas judías que fueron masacradas por las fuerzas nazi en 1941. El monumento estaba cerca a la torre de televisión de Kiev que fue atacada por Moscú y que dejó cinco muertos y cinco heridos.
“Estos monstruos están matando a las víctimas del Holocausto por segunda vez”, dijo el jefe de gabinete ucraniano, Andriy Yermak.
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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, también repudió el ataque al memorial: “Al mundo: ¿de qué sirve decir «nunca más» durante 80 años, si el mundo se queda en silencio cuando cae una bomba en el mismo sitio de Babyn Yar? Al menos 5 muertos. La historia se repite…”.
Más de 33.000 hombres, mujeres y niños judíos fueron asesinados en la Segunda Guerra Mundial por soldados alemanes en Babi Yar, en la capital ucraniana, donde se encuentra la torre.
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El canciller israelí, Yair Lapid, también condenó el ataque por parte del ejército ruso.
“Condenamos el ataque al cementerio judío cerca al sitio conmemorativo del Holocausto en Kiev y el asesinato del pueblo judío en Babi Yar. Hacemos un llamado a preservar y respetar la santidad del sitio”, escribió Lapid en su cuenta de Twitter.
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El ataque ruso provocó la interrupción de la transmisión de los canales de TV, anunció el ministerio ucraniano del Interior. La ofensiva tocó equipos de la torre, indicaron las autoridades: “Los canales no van a funcionar durante un cierto tiempo”. Previamente, el Ministerio de Defensa ruso había advertido que lanzaría ataques en la capital.
“Los nazis de Putin acaban de bombardear la torre de televisión”, escribió Geráschenko en su canal de Telegram.
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Antes de lanzar el ataque, el Ministerio de Defensa ruso advirtió de que iba a atacar los centros de información y propaganda en Kiev y pidió a los residentes de las casas cercanas que las abandonaran.

El horror de Babi Yar
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Cuando el 26 de septiembre de 1941 el Ejército Alemán y las SS irrumpieron en Kiev, pocos imaginaban las masacres que se cometerían pocas horas después. La primera matanza se produjo al día siguiente. Fue cuando un comando se dirigió a una clínica psiquiátrica y ejecutó a sus 752 pacientes.
Horrorizados, la población vio por primera vez al monstruo que tanto temía. Y ese monstruo continuó. A las pocas horas cometería la mayor de las masacres que hasta ese momento el régimen nazi hubiera perpetrado contra los judíos.
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El 29 y el 30 de septiembre de ese año en el barranco de Babi Yar las SS y los soldados de la Wehrmacht asesinarían a 33.771 judíos en una sola operación. Una vez en el infame lugar, se les ordenó desnudarse y marchar: minutos después una ráfaga de ametralladora acabaría con sus vidas. Fueron 48 horas de sangre.
Los cuerpos rodaban. Uno por uno hacia el final del barranco formando otra geografía en ese bosque a las afueras de Kiev. La Solución Final se experimentó allí de manera brutal. Fue la antesala del laboratorio de exterminio nazi que durante cuatro años más enlutaría a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
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Los encargados del genocidio ucraniano fueron el general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del Ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckelen. Ellos dirigían a los 3.000 hombres de la Einsatzgruppen, los escuadrones de la muerte nómades nazis que se dedicaban a las ejecuciones. Eran sumamente organizados: un grupo de este comando reunía a las personas que se asesinaría y el otro disparaba de forma continua sus armas.

“Todos los judíos residentes en Kiev y sus alrededores deben presentarse mañana lunes a las 8 de la mañana en la esquina de las calles Melnikovsky y Dokhturov. Deben portar sus documentos, dinero, objetos de valor y también ropa de abrigo. Cualquier judío que no cumpla estas instrucciones y que sea encontrado en algún otro lugar será fusilado. Cualquier civil que entre en las propiedades evacuadas por los judíos y robe sus pertenencias será fusilado”.
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Ese fue el parte que emitieron los ocupantes nazis el 28 de septiembre de 1941. Era, a las claras, una trampa mortal. Pero la inmensa mayoría de quienes se presentaron al día siguiente en Babi Yar lo hicieron con la esperanza de que serían deportados a otro lugar, lejos de Ucrania. Era su única esperanza. Ninguno creyó que serían protagonistas de la mayor matanza de la historia cometida en tan pocas horas.
La limpieza étnica y racial que se ejecutó en Kiev fue total. En 1939 se calcula que la capital ucraniana estaba poblada por 175 mil judíos. Para cuando llegaron los alemanes, muchos de ellos ya habían huído. El resto fue asesinado no sólo en las fatídicas jornadas de Babi Yar, sino durante el largo período que los genocidas permanecieron en la ciudad.
Pese a que el informe de situación 101 del Einsatzgruppe dijera que entre el 29 y el 30 de septiembre se ejecutaron a 33.771 judíos, lo cierto es que durante los días siguientes se continuó con la carnicería y el número superó los 50 mil.
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