
Cuando el 26 de septiembre de 1941 el Ejército Alemán y las SS irrumpieron en Kiev, pocos imaginaban las masacres que se cometerían pocas horas después. La primera matanza se produjo al día siguiente. Fue cuando un comando se dirigió a una clínica psiquiátrica y ejecutó a sus 752 pacientes.
Horrorizados, la población vio por primera vez al monstruo que tanto temía. Y ese monstruo continuó. A las pocas horas cometería la mayor de las masacres que hasta ese momento el régimen nazi hubiera perpetrado contra los judíos.
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El 29 y el 30 de septiembre de ese año en el barranco de Babi Yar las SS y los soldados de la Wehrmacht asesinarían a 33.771 judíos en una sola operación. Una vez en el infame lugar, se les ordenó desnudarse y marchar: minutos después una ráfaga de ametralladora acabaría con sus vidas. Fueron 48 horas de sangre.
Los cuerpos rodaban. Uno por uno hacia el final del barranco formando otra geografía en ese bosque a las afueras de Kiev. La Solución Final se experimentó allí de manera brutal. Fue la antesala del laboratorio de exterminio nazi que durante cuatro años más enlutaría a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
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El genocidio ucraniano
Los encargados del genocidio ucraniano fueron el general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del Ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckelen. Ellos dirigían a los 3.000 hombres de la Einsatzgruppen, los escuadrones de la muerte nómades nazis que se dedicaban a las ejecuciones. Eran súmamente organizados: un grupo de este comando reunía a las personas que se asesinaría y el otro disparaba de forma continua sus armas.
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"Todos los judíos residentes en Kiev y sus alrededores deben presentarse mañana lunes a las 8 de la mañana en la esquina de las calles Melnikovsky y Dokhturov. Deben portar sus documentos, dinero, objetos de valor y también ropa de abrigo. Cualquier judío que no cumpla estas instrucciones y que sea encontrado en algún otro lugar será fusilado. Cualquier civil que entre en las propiedades evacuadas por los judíos y robe sus pertenencias será fusilado".
Ese fue el parte que emitieron los ocupantes nazis el 28 de septiembre de 1941. Era, a las claras, una trampa mortal. Pero la inmensa mayoría de quienes se presentaron al día siguiente en Babi Yar lo hicieron con la esperanza de que serían deportados a otro lugar, lejos de Ucrania. Era su única esperanza. Ninguno creyó que serían protagonistas de la mayor matanza de la historia cometida en tan pocas horas.
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La limpieza étnica y racial que se ejecutó en Kiev fue total. En 1939 se calcula que la capital ucraniana estaba poblada por 175 mil judíos. Para cuando llegaron los alemanes, muchos de ellos ya habían huído. El resto fue asesinado no sólo en las fatídicas jornadas de Babi Yar, sino durante el largo período que los genocidas permanecieron en la ciudad.

Pese a que el informe de situación 101 del Einsatzgruppe dijera que entre el 29 y el 30 de septiembre se ejecutaron a 33.771 judíos, lo cierto es que durante los días siguientes se continuó con la carnicería y el número superó los 50 mil.
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Kiev
La marcha de los nazis sobre Kiev se inició el 19 de septiembre. Muchos en la capital se alegraron por su presencia sin sospechar el infierno que les deparaba el futuro inmediato. Estaban hartos de la ocupación estalinista y de los largos años de hambruna, en la cual murieron 3 millones de personas. Incluso, el aparato de propaganda de Moscú había culpado a los judíos por la colectivización que se produjo durante los años 30. Así, algunos creyeron que "por fin se pondría en su lugar" a esos vecinos.
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"Alemania era una 'nación europea' y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques", explicó Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos, al diario El Mundo.
La retirada
Hacia junio de 1943 los alemanes preparaban la retirada ante el contraataque soviético que se avecinaba. Con muchos frentes abiertos en todo Europa y el Norte de África, la situación de de la Alemania Nazi ya no era la misma. Fue por eso que diseñaron una manera macabra de esconder el horror que habían realizado dos años antes.
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El ejército escogió a 100 prisioneros del campo de concentración Syretsk, cercano a Kiev, para realizar la peor de las tareas: excavar la interminable fosa común, registrar las ropas aún existentes y sacárselas, apilar los cadáveres entrelazados entre sí y quemarlos en hogueras de hasta 2000 cuerpos. La tarea duró semanas y el humo invadía la capital a diario. Toda la ciudad sabía de qué se trataba ese manto negro y espeso que les dificultaba respirar.
El 6 de noviembre, el Ejército Rojo liberó Kiev. Sin embargo, la herida de Babi Yar perduraría por siempre. Para algunos especialistas en historia de la Shoah, la de Ucrania fue un genocidio diferente a la que se realizó mediante el uso de cámaras de gas en el resto de Europa. La del barranco fue un Holocausto que se ejecutó con balas de plomo.
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