
La crisis de Ucrania es un laberinto al que el presidente ruso Vladimir Putin se metió solo y que se le está haciendo muy difícil encontrar una salida. Todo indica que ya fue demasiado lejos, que no tiene más remedio que cumplir con su amenaza. Desplegó un ejército de 127.000 soldados, miles de tanques y vehículos de transporte, cientos de baterías de misiles, al menos dos grandes hospitales de campaña y vaya a saber cuánta parafernalia bélica más. Una muestra de fuerza exagerada si tenía sólo el propósito de que lo tomen en serio. La invasión de Ucrania o la desestabilización del gobierno pro europeo seguramente lo podría haber conseguido sin ese despliegue. Pero lo hizo. Ya está. Llegó a un punto de no retorno. La única manera de devolver a ese ejército a sus unidades de origen es logrando la excepcional concesión por parte de Estados Unidos y Europa de volver a las fronteras de 1990 –las de la Unión Soviética-.
“Mi opinión es que va a entrar en acción. Tiene que hacer algo”, dijo el presidente estadounidense Joe Biden sobre su par ruso durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. En este contexto, las conversaciones diplomáticas fracasaron a principios de este mes, y la reanudación de los esfuerzos entre el Secretario de Estado, Antony Blinken, y el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, el viernes, no produjo avances más allá de que se convino una nueva (¿y última?) reunión para esta semana. Blinken está consultando con sus aliados europeos. Por allí podría colarse alguna posible solución diplomática de último momento, algo inédito, algo que no sabemos.
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Rusia sigue negando que tenga planes de invadir, y algunos creen que Putin aún no tomó la decisión final. Pero con todas las amenazas y ultimátums, Putin tendría que hacer algo si no puede obtener sus concesiones de máxima por parte de Occidente. “En cierto modo, Putin se ha acorralado a sí mismo”, opinó en el sitio Vox, Natia Seskuria, miembro asociado del Royal United Services Institute. “Un despliegue como éste sólo puede hacerlo una vez” La próxima, nadie creerá que realmente lo va a hacer.”

Ya se sabe que algunas de las exigencias de la lista rusa no van a ser aceptadas por la Unión Europea y la OTAN, algo que el Kremlin probablemente también sabe. Moscú quiere garantías de que la OTAN no se expandirá hacia el Este, incluida Ucrania, y una reducción del despliegue de tropas en algunos antiguos Estados soviéticos, lo que supondría un retroceso de décadas en la alineación geopolítica y de seguridad de Europa. “Estas exigencias son un intento de Rusia, no sólo de asegurar sus intereses en Ucrania, sino esencialmente de rediseñar la arquitectura de seguridad en Europa”, explicó en un análisis, Michael Kofman, director del área de Europa del Este en el instituto CNA de Virginia.
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Rusia pidió “garantías de seguridad jurídicamente vinculantes”, incluyendo un freno a la expansión de la OTAN, lo que excluiría a Ucrania de entrar en la alianza, y que la OTAN no despliegue tropas ni realice actividades militares en los países que se unieron a la organización después de 1997, lo que incluye a Polonia y a los antiguos estados soviéticos del Báltico, Letonia, Lituania y Estonia.
Los sucesivos gobiernos ucranianos y la OTAN tuvieron un acercamiento en la última década y cooperan activamente. Pero Ucrania no está cerca de entrar oficialmente en la alianza militar occidental, algo que Estados Unidos admite abiertamente y que Rusia también conoce. Aun así, la OTAN afirma que el futuro ingreso de Ucrania es una posibilidad debido a su política de puertas abiertas, según la cual cada país puede elegir libremente sus propios acuerdos de seguridad. Impedir el ingreso de Ucrania supondría dar a Rusia un veto a la entrada de cualquier otro país a la alianza. Esto restablecería la influencia de Rusia sobre la seguridad europea y se retrocedería a un escenario de Guerra Fría.
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Rusia sabía que Estados Unidos y la OTAN nunca aceptarían esto. La cuestión es qué pensaba ganar Putin con una exigencia inicial imposible. Algunos lo ven como una forma de justificar la invasión. Si le dicen que no, puede culpar a Estados Unidos del fracaso de las conversaciones. “Se trata de una vieja táctica de la diplomacia. Se muestran como las víctimas. Presentan demandas imposibles de cumplir para poder decir: `intentamos todo, pero ellos no quisieron dar nada´. Nuestra seguridad está comprometida y por eso estamos tomando estas medidas”, explicó David Salvo, de la Alianza para la Seguridad de la Democracia. Aunque otros analistas creen que esta es una posición demasiado ingenua. “No creo que Putin haya querido fracasar, como algunos piensan. Creo que su intención era obtener concesiones”, opinó Anatol Lieven, del Quincy Institute. “La pregunta, por supuesto, es cuántas concesiones dejarían satisfecho al gobierno ruso y, obviamente, permitirían a Putin aumentar su prestigio interno”.
En este sentido, si se pone bajo una paraguas diplomático la exigencia de un compromiso para detener cualquier expansión de la OTAN, aún hay espacios en los que Washington y los aliados europeos podrían ofrecer concesiones, como una mayor transparencia sobre las maniobras y ejercicios militares, o más discusiones sobre el control de armas, incluida la reactivación de una versión del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, o incluso la reducción de algunos ejercicios navales en lugares como el Mar Negro, que Rusia considera una provocación. “Todavía hay espacio potencial en esos frentes”, analizó Alyssa Demus, de la Rand Corporation. “Es totalmente posible que puedan negociar sobre esos temas y dejar las otras cuestiones para una fecha posterior. Pero esa es una decisión que tiene que tomar Putin, no está en manos de nadie más”. Y si aún el campo occidental hiciera estas concesiones no está nada claro cómo Putin podría hacer un repliegue de sus fuerzas si el motivo principal del despliegue fue otro. Olga Lautman, investigadora del Centro de Análisis de Políticas Europeas, lo ve así: “Creo que tiene dos opciones. Decir ‘no importa, es una broma’, lo que mostrará su debilidad y que se sintió intimidado por el hecho de que Estados Unidos y Europa se unieran, y eso le crea debilidad en casa y con los países en los que intenta influir, o se lanza de lleno al ataque”.
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Eso no significa que no pueda ocurrir un “milagro diplomático”, y no elimina la posibilidad de algún tipo de solución que dé a Putin suficiente cobertura para declarar la victoria sin que Occidente cumpla sus demandas explícitas. Tampoco se puede eliminar la posibilidad de que Rusia y Estados Unidos queden atrapados en este punto muerto durante meses, con Ucrania en el medio y bajo la amenaza sostenida de Rusia. Claro que Putin se vería amenazado por los funcionarios de línea dura dentro del Kremlin que creerían que le faltó valor para apretar el gatillo. Se le vería como un hombre que habla mucho y amenaza pero que, cuando se enfrenta a una respuesta dura de la otra parte, termina por echarse atrás.

Si decide invadir –algo que tendría que hacer en los próximos días porque en febrero podría tener más inconvenientes por las condiciones climáticas- tampoco será fácil la posición de Putin. Estados Unidos y Europa le impondrían duras sanciones al país, a su familia y a sus amigos los oligarcas que manejan la economía rusa. Timothy Ash, estratega de Bluebay Asset Management, una compañía analista de riesgo en Londres, escribió a sus asociados que “esta crisis y las presiones ejercidas sobre los mercados energéticos en Europa reforzarán la idea de que Rusia es un proveedor de energía poco fiable. Es muy probable que se termine con los planes de habilitar el gasoducto Nord Stream 2, esto acelerará la diversificación de Europa lejos de la energía rusa y del comercio ruso en general, debilitando la economía de ese país y aumentaría su dependencia de China. Esto podría no ser particularmente atractivo para Putin, ya que Rusia se enfrenta a una enorme amenaza de seguridad a largo plazo por parte de China en su Extremo Oriente”.
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Por otra parte, Ucrania no cedió ante la presión del Kremlin y se está rearmando a un ritmo acelerado. Esto no quiere decir que pueda hacer frente en forma exitosa al poderosísimo ejército ruso, pero está considerablemente mejor preparada para defenderse que al principio de la crisis, hace sólo unos meses. La ayuda militar de Estados Unidos aumentó, mientras que Gran Bretaña, los países bálticos, Polonia, Canadá, los checos y los holandeses incrementaron su apoyo bélico o se comprometieron a hacerlo. Como resultado, es probable que el costo de cualquier victoria militar rusa en Ucrania sea ahora significativamente mayor.
Putin busca una salida a un laberinto que él mismo mandó a construir, pero los ingenieros le perdieron los planos que marcaban las salidas. Las tendrá que encontrar solo.
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