El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, propuso a los países europeos acelerar la transición tecnológica y elevar el gasto militar ante la amenaza que representa Rusia.
Durante una reunión en Bucarest con los líderes del flanco oriental y nórdico de la Alianza Atlántica, insistió en la necesidad de avanzar hacia la denominada OTAN 3.0, una etapa que exige transformar la industria militar y destinar hasta el 5% del PIB a defensa.
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Rutte lo definió como una visión para fortalecer la capacidad militar europea dentro de una alianza transatlántica que mantenga su cooperación con Estados Unidos, aunque los aliados europeos asuman una mayor responsabilidad en su propia defensa.
La estrategia actual resulta insostenible desde el punto de vista financiero, dado el desbalance entre el alto costo de los misiles empleados y el bajo costo de los drones enemigos, según Rutte. Por ese motivo, propuso desarrollar soluciones tecnológicas más rentables, incorporando las lecciones aprendidas en la guerra de Ucrania.
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Durante la reunión en Bucarest, Rutte puso como ejemplo el incremento en la inversión de países como Polonia y Rumanía. El plan para Ucrania contempla garantías de seguridad ya pactadas en un 90-95%, con el objetivo de impedir que Rusia reanude una ofensiva tras un eventual alto el fuego. Solo mediante una renovación tecnológica y financiera, la Alianza podrá seguir protegiendo a los ciudadanos a ambos lados del Atlántico.
Rutte también planteó que la Alianza debe reforzar sus capacidades militares antes de la cumbre de Ankara, prevista para julio, y propuso que los aliados dediquen el 0,25% de su PIB a ayuda militar para Ucrania.
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Esta iniciativa podría triplicar el flujo anual de recursos para Kiev, aunque enfrenta resistencia por parte de algunos miembros importantes.
La propuesta responde al reclamo de ciertos países que destinan una proporción mayor de su PIB a la ayuda militar respecto de otros aliados. Países nórdicos y bálticos, junto con Países Bajos y Polonia, aportaron más que otras naciones europeas, mientras que en el sur de Europa el apoyo se mantuvo en niveles bajos.
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Dentro de la OTAN, la idea de fijar un objetivo porcentual para la ayuda a Ucrania generó escepticismo y algunos aliados, como Francia y el Reino Unido, no respondieron a las consultas sobre el tema. La discusión continuará en los próximos encuentros, en particular durante la reunión de ministros de Exteriores de la Alianza en Suecia, donde se espera evaluar el respaldo a las distintas propuestas.
La organización mantiene en reserva los detalles de las deliberaciones internas, aunque confirmó que el apoyo a Ucrania seguirá siendo una prioridad en la preparación de la cumbre de Ankara.
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Rutte reconoció la decepción de Estados Unidos ante la reacción de algunos países europeos sobre los ataques recientes de Washington y Tel Aviv contra el régimen de Irán, pero aseguró que los aliados europeos captaron el mensaje y trabajan en conjunto para reforzar la seguridad, incluso en zonas estratégicas como el estrecho de Ormuz.
(Con información de EFE)
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