
El primer ministro interino del estado australiano de Victoria, James Merlino, anunció este jueves el confinamiento durante los próximos siete días de esta región, la segunda más poblada del país, debido a un nuevo brote de coronavirus.
Desde este viernes, el estado, donde se sitúa la ciudad de Melbourne, la cual cuenta con cinco millones de habitantes, tendrá vigentes restricciones y aislamiento obligatorio, con solo cinco razones justificadas para salir del domicilio, comprar alimentos y suministros, trabajo, cuidados, ejercicio durante dos horas al día y acudir a vacunarse, informó el portal australiano News.
Asimismo, se prohibieron las reuniones públicas, los restaurantes solo pueden ofrecer servicios a domicilio y las clases serán presenciales, con excepciones, y los ciudadanos están obligados a usar mascarilla, entre otros.

Victoria se sumirá en este confinamiento debido al aumento de casos por un brote de la variante india, que dejó 26 positivos hasta el momento, 11 diagnosticados en el último día, si bien el estado contabiliza 34 contagios activos en la actualidad.
Merlino expresó su preocupación por la rapidez con la que la variante se mueve por Victoria y señaló que las autoridades están observando “lo contagiosa que es”.
El brote está vinculado a una fuga a principios de mayor de un hotel utilizado para hacer cuarentena en el estado de Australia Meridional. El COVID-19 se extendió desde entonces a Victoria, estado vecino, y se ha contabilizado más de un centenar de lugares visitados por las personas infectadas. En la última jornada se realizaron hasta 40.000 pruebas.

La situación provocó que algunos estados australianos hayan cerrado también sus fronteras a los habitantes de Melbourne, ciudad que ya sufrió duras cuarentenas hasta en cuatro ocasiones por nuevos brotes de coronavirus.
El año pasado, Victoria vivió uno de los cierres más estrictos y prolongados del mundo para suprimir una segunda oleada de COVID-19 que mató a más de 800 personas en el estado, lo que supone el 90% del total de muertes en Australia desde que comenzó la pandemia.
El rápido rastreo de los contactos, los confinamientos rápidos y las estrictas normas de distanciamiento social ayudaron a Australia a mantener sus cifras de COVID-19 relativamente bajas, con algo más de 30.000 casos y 910 muertes.
El brote y este confinamiento se producen cuando el Gobierno del primer ministro, Scott Morrison, está bajo una presión cada vez mayor para acelerar el ritmo de vacunación, un proceso que por el momento permitió la aplicación de 3,7 millones de dosis, mientras se espera concluir la inmunización de toda la población a finales de año.
(con información de EP y Reuters)
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