El opositor ruso Alexei Navalny inició una huelga de hambre en la cárcel

Tras ser envenenado y luego encarcelado al regresar a Moscú, al principal rival de Vladimir Putin le negaron un tratamiento médico que solicitó . Además volvió a denunciar que fue torturado con privación del sueño

EFE/EPA/YURI KOCHETKOV/Archivo
EFE/EPA/YURI KOCHETKOV/Archivo

El opositor ruso Alexei Navalny, encarcelado en una colonia penitenciaria, anunció el miércoles que iniciaba una huelga de hambre, para denunciar la falta de acceso a cuidados médicos y que esta siendo “torturado mediante la privación del sueño”.

“Declaro una huelga de hambre para pedir la aplicación de la ley y para que un médico venga a verme”, escribió en su cuenta de Instagram Navalni, que afirma sufrir de dolores en la espalda y en las piernas.

El mensaje que Navalny difundió en Instagram
El mensaje que Navalny difundió en Instagram

El opositor, que cumple dos años y medio de cárcel, ya había denunciado la pasada semana que las autoridades carcelarias han ignorado sus insistentes peticiones de ser examinado por un médico independiente de un “agudo dolor en la espalda”, que se ha extendido a la pierna derecha y le impide andar.

“Tengo derecho a llamar a un médico y obtener medicamentos. No me dan ni lo uno ni lo otro. El dolor de espalda se ha trasladado a la pierna. Las áreas de la pierna derecha y ahora la izquierda han perdido sensibilidad. Bromas aparte, pero esto ya es molesto”, reiteró este miércoles.

Su esposa, Yulia Naválnaya, se dirigió al presidente ruso, Vladímir Putin, en las redes sociales para que libere “inmediatamente” al político, aunque el Kremlin le recomendó dirigirse a los servicios penitenciarios.

Miembros del Patronato Social de Presos visitaron el pasado fin de semana a Navalny y concluyeron que el opositor “camina sin ayuda”, aunque establecieron que “le duele la pierna” y confirmaron que les pidió ayuda para recibir inyecciones “a fin de aliviar el dolor”.

El lunes, Navalny también informó en las redes sociales de que ha recibido ya diez amonestaciones desde que fuera enviado hace más de un mes a la región de Vladímir, primero a una prisión preventiva y después a un centro penitenciario.

Dichas amonestaciones podrían suponer el encierro del opositor en una celda de castigo.

La colonia penal número 2 de Pokrov. (Dimitar DILKOFF / AFP)
La colonia penal número 2 de Pokrov. (Dimitar DILKOFF / AFP)

Navalny, de 44 años, llamó “campo de concentración” al centro penitenciario Número 2 de Pokrov en el que entró el pasado 11 de marzo para cumplir su condena, que la oposición y Occidente considera fabricada.

El opositor acusa a Putin de haber ordenado su asesinato al Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB).

PETICIÓN DE MEDIO MILLAR DE MÉDICOS

La huelga de hambre de Navalny llega un día después que medio millar de médicos firmaran una petición en la que demandan al Kremlin y a los servicios penitenciarios la inmediata asistencia médica al líder opositor ruso.

Los médicos consideraron que las autoridades deben “crear las condiciones para la normalización del estado de salud de Navalny” y opinaron que el empeoramiento de la salud del opositor puede deberse “tanto a complicaciones por el envenenamiento (con el agente químico Novichok) ocurrido en agosto pasado como a nuevas enfermedades en el marco de un proceso de rehabilitación inacabado”.

“Existe la posibilidad de que, dejando al paciente, en dicho caso, sin ayuda, incluso quirúrgica, puede conducir al desarrollo de secuelas graves, lo que incluiría la pérdida irreversible, parcial o total, de las funciones de las extremidades inferiores”, advirtieron.

La petición destaca que “dejar a una persona que sufre un dolor agudo y que se encuentra entre rejas sin apropiadas medidas anestésicas puede representar no sólo una violación de sus derechos sino, directamente, tortura”.

Los médicos, que también consideran que Navalny no debería estar en prisión, solicitaron por “motivos humanitarios” que el opositor pueda ser examinado por un médico de su confianza y recomendaron también la presencia de especialistas alemanes de la clínica Charité de Berlín que trataron al político en agosto.

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