El dictador norcoreano Kim Jong-un durante una prueba de misil (KCNA via REUTERS)
El dictador norcoreano Kim Jong-un durante una prueba de misil (KCNA via REUTERS)

Corea del Norte anunció este miércoles en la sede del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que cualquier injerencia o debate externo acerca de la situación de los Derechos Humanos dentro de sus fronteras sería considerado como un “acto de connivencia con las políticas hostiles de Estados Unidos”, las cuales sólo buscan “socavar las tensiones en la península”.

Ante el interés de varios miembros el Consejo de Seguridad de la ONU por celebrar un debate en torno a la situación de los Derechos Humanos en Corea del Norte, el embajador de ese país, Kim Song, presentó en la sede de la organización una misiva alertando de las consecuencias que tendría cualquier tipo de iniciativa a ese respecto.

Kim Song señaló que una reunión de estas características “empeoraría nuevamente” la situación en Corea del Norte, pues su celebración supone un “acto de connivencia y apoyo hacia Estados Unidos”, cuya “política hostil conducirá a socavar en lugar de ayudar a reducir las tensiones y el problema nuclear en la península”, apuntó.

Se necesita un mínimo de nueve miembros del Consejo de Seguridad para llevar a cabo la reunión. Estados Unidos, que lo preside a partir de diciembre, puede aprovechar la situación de que cinco nuevos miembros rotan este año, y así volver a intentar presionar para que el encuentro tenga lugar.

Por su parte, el régimen de Corea del Norte rechazó reiteradamente las acusaciones de abusos contra los Derechos Humanos que pesan sobre ellos y culpa a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la ONU de los problemas humanitarios que vive el país.

En 2014 la ONU publicó un informe acerca de las violaciones de los Derechos Humanos que se estarían cometiendo en Corea del Norte. En ese sentido, apuntaron que el líder Kim Jong-un debería enfrentarse a la Justicia.

El líder norcoreano y el presidente Donald Trump se han reunido tres veces desde junio del año pasado para intentar buscar una solución pacífica a la crisis que viven ambos países. Washington presiona al régimen de Pyongyang para que cese en su política de desarrollo armamentístico y nuclear. Sin embargo, Kim Jong-un demanda más flexibilidad y dio a Estados Unidos hasta fin de año como plazo para que cesen en sus “políticas hostiles”.

Estados Unidos y Corea del Norte podrían mantener otra ronda de conversaciones a nivel técnico a mediados de noviembre o comienzos de diciembre, según relataron hace un mes fuentes del Gobierno de Corea del Sur.

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