
Después de una serie de violentas protestas protagonizadas por la minoría uigur en la provincia de Xinjiang ocurridas diez años atrás, el gobierno chino llamó a un desconocido funcionario y miembro del Partido Comunista de China para restaurar el orden. Se trataba de Zhu Hailun, de 61 años y una larga historia de residencia y trabajo en el convulsionado oeste chino.
Documentos secretos revelados recientemente muestran que Zhu, ex director de la Comisión de Asuntos Políticos y Legales del Partido Comunista en Xinjiang, fue también un actor clave en el diseño e implementación en 2017 de la masiva campaña de “reeducación” de uigures, kazajos y otros miembros de minorías musulmanas en la región, caracterizada por la tortura, la brutalidad y la violación de todo tipo de Derechos Humanos.
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En total, se calcula que más de un millón de personas han sido procesadas en estos centros de detención enmascarados como escuelas vocacionales, en un intento de ingeniería social encarado por Beijing que recuerda a los fallidos procesos que tuvieron lugar durante la Guerra Fría, como la Revolución cultural encarada por Mao Zedong en la década de 1970.
La firma y las anotaciones de Zhu se encuentra en varios de estos documentos, que incluyen una guía para la administración de los centros de detención y varios boletines sobre la situación de los uigures y otras minorías en la región.
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El 18 de febrero del 2017 Zhu se plantó una fría mañana de invierno en las escaleras de la municipalidad de la capital regional y observó a miles de policías vestidos de negro, blandiendo rifles. “Con el poderoso puño de la Dictadura Democrática del Pueblo, todas las actividades separatistas y todos los terroristas serán destrozados”, afirmó Zhu por un micrófono.
El funcionario nació en 1958 en Jiangsu, en la costa este de China. Fue enviado por las autoridades comunistas a Kargilik, en el centro de la zona uigur de Xinjiang, cuando era un adolescente y en medio de la Revolución Cultural. Nunca más abandonó tierras uigures, llegando incluso a aprender a hablar su lengua, una rareza entre los chinos de la etnia mayoritaria han.
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Ingresó formalmente en el Partido comunista en 1980 y rápidamente comenzó a subir en la burocracia. En la década de 1990 ya era una personalidad destacada en la política regional de Xinjiang, amado por algunos debido su conocimiento de la lengua uigur, su astucia y su voluntad de negociación, y temido por otros por su preferencia por la represión y los arrestos masivos de opositores, muchas veces en medio de la noche.
Cuando la ciudad de Urumqi, en Xinjiang, se vio sacudida en junio de 2009 por una ola de protestas contra la represión de las minorías, que se saldaron con cientos de muertos, Beijing salió a la búsqueda de un nuevo líder que pudiera restaurar el orden en la ciudad y lo halló en Zhu. Se trató de un gran gesto de confianza, ya que el gobierno central enviaba siempre a funcionarios de la capital china para cubrir ese puesto, pero en su caso decidieron recurrir a un local que hablara el uigur.
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Zhu ordenó la instalación de un extenso sistema de cámaras de seguridad y desplegó tropas en las calles. Pero las tensiones continuaron.
En 2016 y luego de una atentado letal durante una visita oficial a la región, el presidente chino Xi Jinping designó a un nuevo líder para toda la región de Xinjiang: Chen Quanguo. El nombramiento significó también un ascenso para Zhu, quien se convirtió en mano derecha del nuevo gobernador y, como encargado de la Comisión de Asuntos Políticos y Legales del partido, jefe de la seguridad en la provincia.
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Además de reproducir en Xinjiang el mismo modelo usado en Urumqi, en esta ocasión ampliando el uso de la inteligencia artificial para procesar grandes cantidades de información, Zhu fue uno de los arquitectos de las detenciones masivas y de la construcción de los centros detención para musulmanes, donde las torturas y las violaciones de Derechos Humanos son la norma, de acuerdo a los documentos filtrados.
En 2018, sin embargo, Zhu debió renunciar a su cargo tras cumplir los 60 años de edad, como dictan las tradiciones del Partido Comunista de China, y poco se sabe de su rol actual. Aunque su sistema de represión y alta tecnología sigue plenamente en funcionamiento.
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Con información de AP
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