Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, y Pablo Iglesias, líder de Podemos
Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, y Pablo Iglesias, líder de Podemos

España entra en la cuenta atrás para formar Gobierno tras las elecciones generales del 28 de abril. La victoria del PSOE no fue suficiente para alcanzar una mayoría y empezar a gobernar. Pedro Sánchez, líder del partido socialdemócrata, busca desde entonces los apoyos necesarios para tratar de ser presidente en solitario. Pero la época de los gobiernos monocolor parece haber terminado en España y los socialistas tendrán que buscar el respaldo o la acepción de otros partidos. Su socio preferente, Unidas Podemos, no está dispuesto a dar su aval sin recibir nada a cambio. La pugna va para largo y el tiempo se agota.

Durante el mes de julio el socialista Sánchez tratará de investirse como presidente, según aseguran fuentes del partido. Para ello deberá ganar el pulso que mantiene con el partido de izquierda de Pablo Iglesias, quien lucha por entrar en el Ejecutivo con ministros propios y así formar un Gobierno de coalición, el primero en la historia reciente del país. El PSOE, por ahora, se resiste.

El PSOE sumó 123 escaños el 28 de abril, casi el 29% del total de los votos con 7,5 millones de electores. Este número está lejos de los 176 de la mayoría absoluta (el Congreso está constituido por 350 diputados) que le hubiera permitido gobernar sin necesidad de negociar. Con este resultado, Sánchez realizó en mayo una primera toma de contactos en busca de apoyos con los tres principales partidos de España: el PP (conservador), Ciudadanos (liberal) y Unidas Podemos.

Tras aquella reunión quedó configurado un nuevo escenario político en España. Ya no hay bipartidismo -entre PP y PSOE-, sino un sistema de bloques de derecha e izquierda. Sánchez asumió que no convencería ni al PP ni a Ciudadanos para que se abstuvieran en la investidura. Se centró en Iglesias.

Los 42 diputados de Unidas Podemos le permiten sumar 165 escaños, una cifra superior a la de los partidos de la derecha en el Parlamento, aunque no suficiente para la mayoría absoluta. Sánchez tiene que atar los escaños del partido izquierdista al mismo tiempo que necesita encontrar apoyos entre las formaciones nacionalistas, independentistas y regionalistas que han logrado representación. Su objetivo es que estos apoyos le permitan gobernar cuatro años recurriendo a lo que se conoce como la geometría variable. Es decir, un Gobierno solo del PSOE capaz de negociar leyes a un lado y otro del espectro político español.

"Nos hemos puesto de acuerdo en ponernos de acuerdo", dijo después de la primera reunión el responsable de Unidas Podemos convencido de que su hoja de ruta se cumpliría y entraría en un Gobierno conjunto. Han pasado casi dos meses desde entonces y la distancia ha hecho brecha entre los dos partidos. El presidente en funciones optó por el silencio y la inacción en la primera parte de la negociación a la espera de que el resto de partidos moviera ficha. La estrategia, sin embargo, viró después de que el Rey, en un procedimiento habitual en España, solicitara a Sánchez que formara Gobierno por ser el representante de la fuerza más votada.

Desde inicios de junio el líder del PSOE se ha reunido en otras dos ocasiones con Iglesias. Sánchez le propuso en la segunda reunión un "Gobierno de cooperación". Un nombre con el que los socialistas enmascaran su objetivo inicial: un Gobierno sustentando en un programa pactado con Unidas Podemos pero sin ministros de este partido. Iglesias aceptó la denominación pero se aferró a su idea de que no habrá acuerdo si no tiene un puesto asegurado en el Consejo de Ministros.

Pedro Sanchez ofrece un “gobierno de cooperación” a Unidas Podemos,  con un programa acordado pero sin ministros de la agrupación de izquierda.
Pedro Sanchez ofrece un “gobierno de cooperación” a Unidas Podemos,  con un programa acordado pero sin ministros de la agrupación de izquierda.

"Nuestras posiciones están muy alejadas", explicaron fuentes de La Moncloa tras el tercer encuentro entre Iglesias y Sánchez esta semana. La reunión secreta en la residencia presidencial se hizo pública tras una filtración. El presidente en funciones le ofreció al líder de Unidas Podemos "puestos intermedios". Es decir, puestos de alta responsabilidad en el Gobierno, pero no ministerios. Iglesias se mantiene en silencio, no contesta públicamente a este ofrecimiento y se limita a decir: "No creo que me esté mintiendo. No me va a defraudar".

A menos de dos semanas de que comience el mes de julio, momento en el que Sánchez tratará de investirse presidente, no existe un principio de acuerdo entre las dos principales formaciones de la izquierda.

Apoyos necesarios

El bloque conservador compuesto por PP, Ciudadanos y la extrema derecha de VOX (juntos suman 147 escaños) ya ha dejado claro que votará en contra de Sánchez. Ante esta oposición, Sánchez está obligado a acercarse al resto de partidos con representación parlamentaria. El independentismo catalán puede ser clave, aunque el agravamiento del conflicto territorial en esta región de España que reclama separarse del resto del país dificulta el acercamiento.

ERC, formación catalana de izquierdas y de corte independentista, cuenta con 15 escaños en el Congreso y por el momento se inclina por la abstención. JxCat, la otra agrupación secesionista pero de orientación conservadora, cuenta con siete diputados aunque tres de ellos están suspendidos y en prisión acusados de delitos de rebelión y sedición por el intento de declarar la independencia en Cataluña en 2017. Sus votos serán, previsiblemente, en contra de Sánchez.

El Congreso se completa con las formaciones regionales de Coalición Canaria (dos diputados), los independentistas vascos Bildu (cuatro) y la formación conservadora UPN de la región de Navarra (dos), además de la agrupación de izquierdas valenciana Compromís (uno) y el Partido Regionalista de Cantabria (uno).

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, asegura que no dará su apoyo a la investidura de Sánchez si no obtiene ministerios para su formación  (REUTERS/archivo)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, asegura que no dará su apoyo a la investidura de Sánchez si no obtiene ministerios para su formación  (REUTERS/archivo)

Sus votos dependen de una negociación paralela, la de los gobiernos autonómicos que se votaron el pasado 26 de mayo. Una pieza clave pueden ser los seis escaños de los nacionalistas vascos PNV, que probablemente apoyen al PSOE. Las alianzas regionales determinarán el sentido de la votación en el Congreso.

Una vez se convoque el pleno de investidura, Sánchez tiene dos intentos. En el primero debe sumar la mayoría absoluta para ser elegido presidente. Una cifra que en este momento no tiene garantizada. Al día siguiente tiene una segunda oportunidad en la que requiere tener más síes que noes, es decir, una mayoría simple. Por ahora, tampoco tiene asegurados esos votos. Si este intento de investidura falla, el presidente en funciones podrá volver a intentarlo en septiembre con el mismo procedimiento.

Consciente del creciente hartazgo de la sociedad española, que ha sido llamada a las urnas cuatro veces en menos de un mes (las generales del 28 de abril, y las municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo), Pedro Sánchez quiere evitar a toda costa unas nuevas elecciones. Aunque sumara más escaños, podría perder la presidencia. Cada día que pasa es clave para su futuro y el de la gobernabilidad en España.