Oleg Gordievsky según pasan los años
Oleg Gordievsky según pasan los años

Cuando desde la KGB lo llamaron para regresar a Moscú, Oleg Gordievsky -46 años, entonces- no dudó. Sus colegas del MI6, tampoco. Confiaban que resistiría el amplio interrogatorio al que sería sometido por sus colegas. Si lo pasaba, sería él quien comandara la oficina central del servicio de inteligencia de la Unión Soviética en Londres.

Días antes, el Gobierno británico había expulsado a su jefe, el general Arkadi Guk. Era enero de 1985, tiempos de Perestroika, Mijaíl Gorvachov, Guerra Fría. Y tener la posibilidad de elevar a lo más alto a un doble agente era una oportunidad arriesgada, pero única. Antes de que regresara a Moscú para el duro formalismo que debía sortear, sus colegas del Reino Unido le preguntaron a Gordievsky si quería desertar. No vaciló: voló a la capital soviética.

"No estábamos preocupados y él tampoco. Su visión era que estaba probablemente todo en orden", dijo un oficial del MI6 al diario Daily Mail, recordando esos días de vorágine en Londres. Durante sus primeras horas en Moscú, la recepción fue estupenda. Lo hacían sentir como el próximo jefe. El "Camarada Gordievsky" era tratado casi como un héroe.

Oleg Gordievsky durante sus años de estudio en el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú. Allí fue reclutado por la KGB
Oleg Gordievsky durante sus años de estudio en el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú. Allí fue reclutado por la KGB

En abril de 1985, finalmente, fue asignado como responsable máximo de la KGB en la capital inglesa. Nadie sospechaba nada. Era un triunfo para él y para la inteligencia británica que había logrado tener un topo en lo más alto. Se enteraría incluso antes de la CIA de los planes de la Unión Soviética, el enemigo de Occidente.

Pero una tarde, mientras Gordievsky estaba en su oficina, un telegrama llegó hasta su escritorio. Debía presentarse de forma urgente en dos días en Moscú. La misiva decía "importante discusiones". El "camarada" sabía que algo no estaba bien.

Salió del edificio diplomático en Londres, se dirigió a una lejana cabina telefónica y se comunicó con su contacto en el MI6, Simon Brown. Algo no estaba bien, podía imaginárselo. ¿Qué debería hacer? ¿Cuáles serían los pasos a seguir? Debería desertar y esconderse con su familia en el Reino Unido ante el temor de ser castigado de la manera más brutal por la dictadura soviética.

Oleg Gordievsky con su uniforme de la KGB
Oleg Gordievsky con su uniforme de la KGB

Nada alrededor le hacía sospechar a Gordievsky que sospecharan de él. Pero desde Moscú aún no le habían entregado los códigos secretos para su residencia y eso no era usual. El trato no era el usual, ni siquiera para alguien sobre quien pesara la intriga de una posible traición. ¿Por qué aún no lo habían secuestrado? Si así era como se ocupaban sus "camaradas" de los dobles agentes.

La siguiente reunión con Brown fue más concluyente. La decisión, desde luego, estaba en manos del espía. Si decidía desertar, el Reino Unido se haría cargo de él y de su familia por el resto de sus vidas. Lo protegerían. Si en cambio optaba por seguir adelante y continuar con su misión, la deuda sería eterna.

Oleg Gordievsky jugando al badmington, su otra pasión deportiva
Oleg Gordievsky jugando al badmington, su otra pasión deportiva

"Estamos al borde. Parar ahora sería un incumplimiento del deber y de todo lo que he hecho. Existe un riesgo, pero es un riesgo controlado, y estoy dispuesto a asumirlo. Volveré", dijo Gordievsky a su par inglés. Se cortó las uñas hasta el extremo (¿miedo a la tortura? ¿nervios?), le avisó a su esposa del viaje relámpago y abordó el Aeroflot con rumbo a Moscú. "En dos días estaré de regreso", le dijo a su mujer, quien notó que algo raro ocurría.

Ya en el aeropuerto de la capital rusa notaba señales de peligro en todos los rincones. El oficial de migraciones que lo entrevistó estudió sus papeles durante un tiempo excesivo antes de devolvérselo. Para alguien acostumbrado a la tarea del espionaje, cualquier cosa salida de lugar puede ser tomada como una señal. Nadie había ido a recibirlo, algo habitual para un alto jefe de la KGB.

Pero algo lo "tranquilizaba". Si el régimen pensara que él fuera un doble agente, habría sido detenido en el momento exacto que pisó tierra soviética. Subió a un taxi y le indicó su destino: su gris departamento familiar, inhabitado durante meses.

Al ingresar al edificio notó algo extraño. Se paró frente al umbral de su apartamento, destrabó el primer cerrojo, el segundo… pero la puerta continuaba cerrada. El tercero, ese que nunca accionaba trababa la puerta. Alguien de la KGB había ingresado a su vivienda. Sin dudas. Eso significaba que estaba bajo sospecha. ¿Pero cuánto sabían sus "camaradas? Y algo más aterrador: ¿quién lo había traicionado?

La respuesta llegaría muchos años después. Un delator de la CIA identificado como Aldrich Ames envió a Moscú el nombre de 25 agentes que trabajaban para la agencia de inteligencia norteamericana y para el MI6. En ese listado estaba Gordievsky. Ames fue un oficial de contrainteligencia que durante 1985 y 1991 espió para la Unión Soviética. Ese año fue descubierto por Sandy Grimes y Jeanne Vertefeuille, quienes consiguieron que fuera juzgado en 1994 y sentenciado. Fueron de las más distinguidas agentes de la inteligencia de los Estados Unidos.

Aldrich Ames, el más infame doble agente de la CIA. Fue descubierto en 1991 y condenado en 1994
Aldrich Ames, el más infame doble agente de la CIA. Fue descubierto en 1991 y condenado en 1994

Sin embargo, la KGB todavía no lograba reunir todas las pruebas contra Gordievsky. Al día siguiente fue a ver a su jefe en los cuarteles generales. Pero éste no lo atendió pese a la urgencia con que había sido convocado a la reunión. Esa noche, tampoco pudo dormir. Así, durante cinco días interminables, donde el topo soviético supo que lo estaban probando.

Hasta que un colega desatento le preguntó en un pasillo de la KGB: "¿Oleg, qué está ocurriendo en Gran Bretaña? ¿Por qué todos los ilegales (los agentes encubiertos) están siendo sacados?". Eso le dio la certeza a Gordievsky que estaban desmantelando la operación en Londres.

Un día después, lunes, fue llevado -finalmente- para una reunión. Pero no en el edificio, sino en un apartamento que la KGB tenía para visitantes. Allí, lo sentaron en una sala. Frente a él: brandy y dos sándwiches. Minutos después ingresaron dos personas que él conocía: el general Sergei Golubev, jefe de la Dirección de Contra Inteligencia del organismo y el coronel Viktor Budanov, el máximo investigador de la KGB. Se dispusieron a un almuerzo informal.

"Esto será largo", habrá pensado Gordievsky.

Pero a los pocos minutos de iniciada la conversación, el doble agente comenzó a sentirse mareado. Con efectos alucinógenos. No entendía mucho en qué estaba. En un rapto de conciencia supo lo que le pasaba: su licor había sido contaminado con el "suero de la verdad". Esa droga rompe las barreras inhibitorias y "suelta la lengua".

Oleg Gordievsky en una de las pocas fotografías de él tomadas por agentes del MI6
Oleg Gordievsky en una de las pocas fotografías de él tomadas por agentes del MI6

El interrogatorio había comenzado. Y ahora estaba luchando por su vida sin ninguna protección. A merced de sus duros interlocutores.

Cinco horas después, recobró la claridad. Pero apenas recordaba qué había pasado. Mucho menos qué había o no dicho. A su memoria sólo regresaron pocas frases: "¡Sabemos que eres un agente británico! Tenemos pruebas irrefutables de tu culpabilidad… ¡confiesa!". Pero en un rapto de luz, Gordievsky recordó lo que un profesor le había enseñado: "Nunca confieses". Eso lo mantuvo con vida. "¡No! ¡No tengo nada que confesar! No sé de lo que están hablando".

"¡Sabemos quién te reclutó en Copenhagen: fue Richard Bromhead!", volvieron contra él. De acuerdo a lo relatado por Ben MacIntyre en el Daily Mail, esto era cierto. Pero Gordievsky volvió a negarlo: "¡Es un sinsentido! ¡No es verdad!". En el momento de máxima tensión, el agente que aún tenía a su familia en Londres los acusó de ser como la policía secreta de Joseph Stalin que extraía confesiones falsas de los sospechosos.

A los minutos se desmayó. Despertó en una cama. En ese instante, sus dos interlocutores volvieron sobre él. "Fue muy maleducado con nosotros, camarada Gordievsky. Nos acusó de revivir el espíritu del Gran Terror de 1937. Eso no es verdad, camarada Gordievsky y se lo probaré. Un automóvil está llegando para llevarlo a su casa", le reprocharon.

Oleg Gordievsky en Londres, ya exiliado (AP)
Oleg Gordievsky en Londres, ya exiliado (AP)

Una hora después, estaba en su apartamento. Confundido, aterrado. Pero algo sabía: que no lo hubieran matado significaba que no había confesado.

Sin embargo, al día siguiente en los cuarteles generales de la KGB un tribunal lo condenó: "Sabemos que nos ha estado engañando durante muchos años. Decidimos que podrá permanecer en la KGB pero no en un departamento operacional. Debería tomarse las vacaciones adeudadas". Se defendió, ¿qué era todo eso?: "Realmente no sé de qué están hablando. Pero cualquiera sea su decisión, la aceptaré como un oficial y como un caballero".

Retornó a su apartamento. En soledad. Pensaba: ¿qué estaba ocurriendo? ¿No tenían las suficientes pruebas? ¿Por qué si lo consideraban un doble agente no estaba en prisión a la espera de ser fusilado?

Mientras tanto, su esposa Leila recibió una llamada desde Moscú. Le informaban que su marido había tenido un problema cardíaco y que tenía que estar junto a él. La mujer decidió volar a su patria para estar junto a su amado. Hacía dos semanas que no tenía noticias sobre él.

Se reunieron en Moscú y Gordievsky le anunció que no podrían retornar a Londres. La familia sería vigilada durante cada minuto de sus días allí. Pero todavía algo rondaba la cabeza del espía: ¿por qué seguía con vida? ¿la KGB no tenía todas las herramientas en su contra?

Oleg Gordievsky con Mikhail Lyubimov, novelista ruso y ex coronel de la KGB
Oleg Gordievsky con Mikhail Lyubimov, novelista ruso y ex coronel de la KGB

Si bien ningún espía bajo sospecha de la KGB había logrado alguna vez escapar de la Unión Soviética, el MI6 tenía previsto un plan para evacuar a su agente de Moscú. Era arriesgado y casi imposible de implementar, pero era la única salida posible. Lo llamaron: Operación Pimlico.

"Un sábado por la mañana, utilizó toda su experiencia para deshacerse de los observadores de la KGB que lo seguían, mientras se dirigía a una plaza  designada del mercado en Moscú, con una bolsa de plástico Safeway con una gran S roja. Se colocó en su lugar debajo del reloj. Esa fue la señal para el personal de inteligencia británico, que vigilaba la plaza a horas fijas, para hacer contacto", explica MacIntyre.

"En otra hora, Gordievsky esperó afuera de una panadería con su bolsa Safeway. Un agente del MI6 de la embajada, pasó caminando junto a él con una bolsa verde de Harrods y comiendo una barra de Mars. Sus ojos se cruzaron por menos de un segundo. Ambos caminaron, pero la señal había sido aprobada. Pimlico había sido activado. El plan de escape era que él se dirigiera hacia la frontera de Rusia con Finlandia y fuera transportado a través de la frontera en el maletero de un automóvil conducido por agentes del MI6. Las posibilidades de éxito eran muy pequeñas", escribió el escritor del libro The Spy and The Traitor. "Con la KGB vigilando de cerca cada uno de sus movimientos y esperando que se entregara, tuvo que salir, ser ex filtrado, en la jerga de los espías… O morir en el intento".

Gracias a la ayuda de sus colegas británicos, se convirtió en el primer espía de la KGB que logró escapar de la Unión Soviética pese a estar controlado las 24 horas del día. Tanto él como su familia estaban a salvo. Ya nunca más lo llamarían "camarada". Al menos abiertamente.

Oleg Gordievsky en la actualidad (AP)
Oleg Gordievsky en la actualidad (AP)

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