
El "Trump italiano" aplaude por Twitter el arresto del popular "alcalde los de los inmigrantes". El ministro Salvini, hombre fuerte del gobierno de la derecha xenófoba y populista, ataca por la red social a Mimmo Lucano, intendente calabrés, que revivió su moribundo pueblo absorbiendo a los refugiados rescatados en sus costas. Mientras tanto, el país está nuevamente al borde de una crisis económica: sigue gastando más de lo que tiene y una de las posibles soluciones sería la absorción de más inmigrantes para rejuvenecer la población productiva de esta antigua dama. Una situación digna de ese clásico del cine costumbrista de los sesenta, Divorzio all'italiana.
A comienzos de semana fue detenido Domenico "Mimmo" Lucano, el popular alcalde de Locri, un pueblo de 1.800 habitantes al este de Calabria, sobre el Mar Jónico. Locri es desde hace años un enclave de resistencia ante las políticas de los diferentes gobiernos de Roma contra la migración masiva proveniente del norte de África. El alcalde Lucano recibió cientos de inmigrantes para intentar salvar a su pueblo de la desaparición por envejecimiento. Los jóvenes se van apenas pueden en busca de mejores posibilidades en el norte italiano, más próspero. Esto le valió ser elegido en 2016 por la revista Forbes como uno de "los 50 líderes más importantes del mundo". Y el director de cine Wim Wenders filmó un documental en el 2010, con el título de "Il Volo", donde cuenta la historia de cómo Lucano estaba transformando a su pueblo. También, recibió las iras del nuevo ministro del Interior y verdadero conductor del gobierno italiano, Matteo Salvini. El líder de la xenófoba Liga del Norte llegó al poder en junio de este año con un discurso muy cercano al de Donald Trump en materia económica y también en temas sociales: se opone a la llegada de inmigrantes bajo las cuotas de la Unión Europea, quiere ilegalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y legalizar los prostíbulos. Desde su ministerio impulsó una investigación sobre "la gestión de los fondos federales" que recibe el alcalde Lucano. Un día más tarde, esa causa quedó desechada pero se extendió a otros cargos por "facilitar la inmigración ilegal" a través de "matrimonios de conveniencia".

Aparecieron audios en los que el alcalde proponía como solución a la permanencia de una inmigrante nigeriana en Locri -después de dos rechazos a su pedido de asilo- un matrimonio con uno de los habitantes originales del pueblo. Mimmo Lucano tiene la potestad, como alcalde, de realizar casamientos civiles. "¿Sabes cuál es para mí la única posibilidad?", le dijo el alcalde a la inmigrante nigeriana en la conversación telefónica grabada. "Que te cases, como hizo Stella (otra inmigrante). La casé con Nazareno (vecino del lugar), yo soy responsable del estado civil, el matrimonio con un ciudadano italiano lo celebro en un instante". En otra comunicación escuchada por la policía, ofrece crear un documento temporario -e ilegal- para los extranjeros que residen en Locri. También lo acusan de haber otorgado concesiones sin licitación a dos empresas para recoger la basura. En realidad, se trata de cooperativas de inmigrantes que hacen el trabajo a cambio de una moneda que sólo circula a nivel local y que beneficia el comercio. Todo, como parte de un programa más amplio por el que se entrena a los nuevos residentes en los oficios que ya no realizan los italianos.
Riace es un pueblo de casas de piedra con techos de tejas colgado de la montaña y vistas de un horizonte de mar azul cobalto. Allí se hallaron en 1972 los famosos Bronzi di Riace, las estatuas griegas de los guerreros que conquistaron Calabria. Pero hace ya mucho tiempo que pasó a ser un lugar olvidado del mundo. A la migración de la posguerra hacia América, en los años posteriores se le sumó la típica salida de los sureños hacia el norte de la península donde se levantaban las grandes industrias italianas. Riace llegó a comienzos del siglo XXI con un puñado de habitantes. Hasta que arribaron los inmigrantes.
En los últimos cinco años, la ola de refugiados trajo 1,8 millones de personas en endebles embarcaciones manejadas por las mafias de Libia y otros países norafricanos. Esto desató una pelea entre los socios de la Unión Europea por ver quién se quedaba con la menor cantidad de refugiados. En tanto, se ahogaron 14.000 personas que se habían lanzado a la peligrosa aventura de cruzar el Mediterráneo en botes de pesca. El alcalde Lucano vio en todo esto una oportunidad y comenzó a recibir a los que otros rechazaban. Fueron, hasta ahora, 1.800 migrantes de 26 nacionalidades. Se hizo famoso por esa acción, obtuvo los elogios del Papa Francisco, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y del periodista amenazado por la mafia, Roberto Saviano. Y se ganó el odio de todos los que entienden que la migración de musulmanes y negros es un peligro para Europa.

El ministro Salvini también vio una oportunidad para aleccionar al díscolo intendente y sentar un ejemplo de lo que le puede suceder a cualquiera que se atreva a enfrentar sus políticas xenófobas. Primero, retiró los fondos de ayuda para el pueblo de Riace y después lanzó la investigación que culminó en la madrugada del martes cuando la policía sacó de la cama a Lucano y su esposa, la inmigrante etíope Tesfahun Lemlem. Después de unas horas de interrogatorios a él lo enviaron a un arresto domiciliario y a ella le iniciaron un proceso para deportarla. Según el fiscal, Luigi d'Alessio, "ha emergido la voluntad sin escrúpulos del alcalde Lucano, pese a su rol institucional, de organizar verdaderos y propios matrimonios de conveniencia entre ciudadanos de Riace y mujeres extranjeras, con el fin de favorecer ilícitamente la permanencia de estas últimas en el territorio italiano". De los otros cargos de malversación se tuvo que olvidar porque no tenía ni una sola prueba. De inmediato, Salvini aplaudió la decisión judicial con un tweet a la Trump: "¡Quien sabe qué dirán ahora Saviano y todos los buenistas que querrían llenar Italia de migrantes!". El periodista le respondió por la misma vía: "Salvini dio el primer paso para la definitiva transformación de Italia de una democracia a un estado autoritario".
Todo esto, en el medio de una grave crisis económica del país. Italia afronta vencimientos de deuda de 580.000 millones entre 2018 y 2020. La deuda pública es de aproximadamente 1,3 veces su PIB de 1,7 billones de euros. Al mismo tiempo, el mercado de bonos y letras italianos asciende a 2,2 billones, el más importante de la zona euro. Semejante volumen de deudas se traduce en unos pagos por intereses muy grandes, que consumen una buena parte del gasto público que, a su vez, está siendo "dibujado" por el gobierno de coalición entre el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga del Norte. "El populismo busca formular respuestas sencillas ante problemas complejos, intenta convertir Bruselas y Europa en epicentro de todos los males, para de esa forma aunar al votante insatisfecho que busca la histórica 'cabeza de turco' ante el complejo panorama italiano", escribió el politólogo Inacio de la Torre.
Según adelantaron los diarios La Repubblica y Corriere della Sera, el gobierno quiere responder a la crisis de la deuda con un mensaje claro a Bruselas sobre su compromiso de reducir el déficit. Aunque prevé que suba al 2,4% el próximo año, el propósito es reducirlo al 2,2% en 2020 y al 2% en 2021. Varios columnistas proponen absorber más inmigrantes para hacer mover la rueda de la economía como solución para poder pagar la deuda.

Mientras, Salvini y su partido se consolidan en el frene interno. Según las últimas encuestas, su partido, la ultraderechista Liga, superaría el 32% de los votos. Es casi el doble de los que recibió en las elecciones de marzo y supera a su socio de gobierno, que fue el más votado entonces. Al omnipresente vicepresidente y ministro del Interior le funciona su estrategia de seguir en campaña permanente. Lo hace con un lenguaje directo, espontáneo hasta lo irreverente y blandiendo su trumpista lema de "los italianos primero". No importa si habla del presupuesto, la seguridad, la reconstrucción del puente de Génova, las próximas elecciones europeas o los migrantes. Supo manejar a su favor el tema de la inmigración y convencer a los italianos de que el país vive bajo una continua emergencia por la llegada de los refugiados a pesar de que las estadísticas lo desmienten. La cifra de los rescatados en el Mediterráneo está bajando notablemente desde mediados del año pasado cuando el entonces ministro, Marco Minniti, llegó a un acuerdo con Libia para que ese anarquizado país vigilara más sus costas y frenara la salida de los que buscan llegar a Europa. Según datos del propio ministerio del Interior, en 2017 los inmigrantes desembarcados en Italia fueron menos de 120.000. El año anterior habían sido casi 200.000. Y en lo que va del 2018 son algo más de 21.000.
Las quejas de que el resto de Europa dejó sola a Italia en la recepción de los inmigrantes rescatados del mar, tampoco es exclusiva de Salvini. El ex primer ministro progresista Matteo Renzi ya lo había planteado al igual que su sucesor Paolo Gentiloni. Lo que hizo Salvini fue plantear una amenaza más fuerte contra la UE con su política de "portichiusi" (puertos cerrados) que tensó al extremo la relación con sus socios europeos. Y a esto le suma sus amistades peligrosas con el xenófobo premier húngaro Viktor Orban, la líder de la extrema derecha francesa Marie Le Pen, o el ex asesor de Trump, Steve Bannon. Con ellos sueña formar un frente común euroescéptico y antiinmigrante en las próximas elecciones del Parlamento Europeo. Y para este propósito es fundamental terminar con la rebelión dentro de casa. Detener al alcalde Mimmo Lucano para que ya no haya ejemplos de un manejo diferente de la migración, es parte de este plan. El periodista e historiador, Indro Montanelli, en su monumental "Historia de Roma" hizo una reflexión que recordó en estos días un colega suyo y que parecería condensar lo que sienten muchos italianos ante estas ridículas confrontaciones: "Esta es la historia de un gran pueblo que hoy, cuando grita '¡viva Roma!' es para animar a un equipo de fútbol".
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