
Rusia no lo reconoce, pero según activistas opositores que investigan desde hace cuatro años la participación de mercenarios en las guerras de Ucrania y Siria, centenares de rusos integrados en las filas del llamado Grupo Wagner combaten al lado de las tropas gubernamentales sirias.
"Hemos confirmado que al menos cuatro ciudadanos rusos murieron el pasado 7 de febrero en la provincia siria de Deir al Zur", dijo a EFE Ruslán Levíev, director del Conflict Intelligence Team (CIT), un grupo que investiga desde 2014 la cara oculta de las campañas militares rusas, primero en Ucrania y ahora en Siria.
La muerte de los cuatro combatientes, que figuran con nombres y apellidos en la investigación, ha sido confirmada por otros medios locales que enseguida se hicieron eco de la denuncia.

Según los activistas, estos mercenarios eran miembros de una compañía militar privada llamada Wagner, que tiene una base de entrenamiento en el sur de Rusia y que coordina sus operaciones con el Ministerio de Defensa.
Todo apunta a que perdieron la vida durante el bombardeo que lanzó Estados Unidos contra milicias aliadas del régimen de Bashar al Assad que entraron en combate con las Fuerzas de Siria Democrática, una alianza liderada por los kurdos y respaldada por Washington.
"Nos siguen llegando nuevos nombres de contratistas rusos muertos en ese bombardeo, y creemos que cuando se confirme, estaremos hablando de una treintena de mercenarios rusos muertos en ese bombardeo", advirtió Levíev.
El Kremlin se ha visto obligado a reaccionar a la noticia después de que el veterano opositor Grigori Yavlinski, candidato a la presidencia de Rusia en los comicios del próximo mes, exigiera investigar la supuesta muerte de ciudadanos rusos en Siria.

"Solo operamos con datos de militares de las Fuerzas Armadas de Rusia que participan en la operación en apoyo del Ejército sirio", dijo hoy el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien recomendó a la prensa dirigirse al Ministerio de Defensa.
EFE requirió a la cartera militar rusa un comentario sobre las denuncias del CIT, pero no obtuvo respuesta. En declaraciones a otros medios, el ministerio afirmó que no había militares rusos en la zona del bombardeo y aseguró que los milicianos pro-Al Assad actuaban por su propia cuenta.
Levíev y sus colegas calculan que al menos 250 mercenarios rusos han muerto en combates en Siria desde 2015, mientras que el número de bajas oficiales entre las fuerzas regulares rusas apenas se acerca al medio centenar desde que Moscú puso en marcha su operación militar en el país árabe.
"Todos los mercenarios rusos que combaten del lado de Rusia pertenecen al Grupo Wagner. Aunque lo llaman compañía militar privada, en realidad se trata de una unidad creada y financiada por el Gobierno ruso", denunció el activista.
El CIT asegura tener pruebas para lanzar acusaciones tan graves, pero lo cierto es que su mejor baza son los comentarios privados en redes sociales, incluidos los de amigos y familiares de ciudadanos rusos muertos en Siria.
El Grupo Wagner "comparte base con la Décima Brigada de las Fuerzas Especiales del Servicio de Inteligencia Militar (GRU, en sus siglas en ruso), acuartelada en la región de Krasnodar", en el sur de Rusia, explicó Levíev.

"Nuestros activistas e investigadores de otros medios, entre ellos del periódico Fontanka (San Petersburgo), se han acercado a ese cuartel, y los soldados han reconocido que el Wagner tiene su base ahí", apuntó.
También aseguró que miembros de esa unidad tienen condecoraciones estatales y recordó que el presunto jefe del grupo, el subcoronel Dmitri Urkin, fue condecorado en el Kremlin por el mismo presidente ruso, Vladimir Putin.
Conseguir información veraz sobre los mercenarios fallecidos en combate no es fácil, por lo que los activistas recurren a técnicas "poco éticas" para confirmar datos, que consiguen sobre todo en foros y redes sociales, donde siguen las páginas de grupos patrióticos, militares y de veteranos de guerra, entre otros.
"Llamamos a los familiares y allegados de los caídos. Nos hacemos pasar por sus amigos para confirmar su muerte en Siria y las circunstancias en las que se fueron al país árabe", reconoció Levíev.

El CIT —con sede en Moscú e integrado por activistas políticos próximos a la oposición extraparlamentaria rusa, incluido el líder opositor Alexéi Navalni— también mantiene comunicación con fuentes en distintas unidades militares rusas y también en Siria.
La legislación rusa prohíbe las compañías militares privadas, pero un diputado oficialista anunció hace menos de un mes que trabaja en un proyecto de ley para permitir su creación y actividad en zonas de conflicto.
(Con información de EFE)
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