Porfirio Díaz: quién fue la última persona en la que pensó el expresidente antes de morir

Porfirio Díaz murió un 2 de julio de 1915, en París, Francia, donde se exilió, luego de que su salud se deteriorara

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Porfirio Díaz cedió parte de México para detener una rebelión (Foto: INAH)
Porfirio Díaz estuvo en el poder por más de 30 años. (Foto: INAH)

El expresidente Porfirio Díaz, quien duró más de 30 años en el poder, es uno de los personajes más controvertidos de la historia de México. Y es que fue debido que Díaz no quiso dejar el poder que estalló la Revolución Mexicana en noviembre de 1910.

Tras el inicio del movimiento armado, Porfirio Díaz se vio obligado a renunciar a la presidencia de manera definitiva el 25 de mayo de 1911. Esto, tras presiones de los miembros de la Cámara de Diputados. Era un hecho que el movimiento armado tomaba más fuerza y el porfirismo buscaba maneras desesperadas por controlar el caos que provocó la guerra civil. México estaba por vivir uno de los momentos que definirían para siempre su rumbo histórico, político y social.

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Y es que de los años 1884 a 1904, tiempo en el que gobernó Porfirio Díaz, México vivió una época de crecimiento, sin embargo, este solo era reflejado en los bolsillos de los grandes latifundistas, los extranjeros, y los mexicanos de la clase alta, pero para la clase trabajadora era todo lo contrario, pues no tenían buenas condiciones laborales, eran explotados por ricos y extranjeros y apenas tenían lo básico para sobrevivir.

Los ferrocarriles fueron una de las grandes apuestas que hizo el entonces presidente. Además, las minas, los cultivos y las fábricas, se extendieron por todo el país, sin embargo, sus dueños eran extranjeros que venían a México porque veían la gran oportunidad de aumentar su fortuna de manera rápida.

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Tumba Porfirio Díaz
El expresidente renunció a la presidencia en mayo de 1911. (Foto: . Gettyimages)

El 95% de los mexicanos trabajaban como peones, en los campos, en las fábricas, o como barreteros en las minas, o como empleados de bajo rubro en algunos negocios. Había, en cambio, otros que no tenían tanta suerte, y se encontraban desempleados, o habían sido desposeídos de sus tierras y vivían en la miseria.

En los años que siguieron, el malestar entre los pobladores humildes se acrecentó pero también entre algunos hombres cercanos a Díaz. Para mayo de 1911, la Revolución Mexicana taladraba en la conciencia de Porfirio Díaz, quien para ese entonces era un hombre cansado, con sordera, una enfermedad bucal y 80 años de edad. Fue el 21 de mayo de ese año que Díaz se reunió con Francisco I. Madero en Ciudad Juárez, para firmar los Tratados de Juárez, en donde Díaz manifestó su resolución de renunciar a la presidencia de México, antes de que terminara ese mes.

El día 25 de ese mismo mes, Díaz emprendería un viaje a Veracruz, en donde abordaría, junto a su familia, el barco de vapor Ypiranga, que lo llevaría a Francia, en donde se exiliaría los próximos años hasta la llegada de su muerte.

En el país europeo, Díaz se encargó de tener contacto con algunos contactos en México, quienes lo mantenían informado de todo lo que sucedía luego de su partida al viejo continente. En sus últimos años de vida, Díaz viajó en varias ocasiones. Una de ellas fue el 14 de enero de 1913, cuando viajó con su esposa y las hermanas de esta última a El Cairo, Egipto. Para el 18 de marzo de ese mismo año, Díaz llega a Roma. El 22 de ese mismo mes, concede una entrevista en su hotel, en donde menciona que “anhela con toda el alma la paz para su país”.

María Petrona
Se dice que los últimos pensamientos de Díaz, giraron en torno a la figura de su madre, María Petrona.

En 1915 su salud se deterioró, y el 2 de julio ese año, muere a los 84 años de edad, en la ciudad de París. Ahí vivió sus últimos años al lado de su esposa Carmelita Romero Rubio, y algunos de sus más fieles allegados. Era visitado con frecuencia por sus hijos y disfrutaba pasear por la avenida Bois de Boulogne.

Siempre mantuvo la esperanza de regresar a México, y morir en su tierra natal, Oaxaca. Cuando murió, lo acompañaban su esposa Carmelita y su hijo Porfirio. Se dice que los últimos pensamientos de Díaz, giraban en torno a la figura de su madre María Petrona, y la idea de regresar a Oaxaca, especialmente, a la hacienda de La Noria, deseo que debido a la situación del país no fue posible.

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