
El objetivo de los programas sociales de este sexenio es sólo la entrega en efectivo, una idea de principios de siglo, cuando AMLO era jefe de gobierno de la Ciudad de México. “Esto, que fue una innovación en su momento, una buena idea para atender una coyuntura crítica, se convirtió sin embargo en un canon, en una directriz fundadora de casi cualquier política social que imagina hoy el presidente de la República.” “La consigna ‘Primero los pobres’, no solamente es atractiva sino profunda y cierta: expresa una auténtica deuda histórica de este país. Sin embargo, la respuesta de la presidencia se ciñe al guión aprendido en la Ciudad de México: se trata de montar una suma de entregas en efectivo, de varios apoyos a varios grupos, grupos que siempre lo han necesitado.”
A pesar de que, ante los números más recientes que no le favorecen, Andrés Manuel López Orador ha desestimado la importancia del porcentaje del crecimiento económico, “si la economía no propicia las condiciones para que las familias obtengan ingresos, cada vez en mayor medida, es imposible escapar de la pobreza”, esto se acentúa cuando la dinámica demográfica continúa en ascenso pues disminuye la cantidad de recursos a los que se pueden tener acceso de manera individual. En esta línea, “México se está convirtiendo en un país que no muestra suficiente capacidad para generar valor agregado e ingresos” por lo que el bienestar de la población está comprometido.

A esta realidad de rezago en materia social y económica se enfrentó el presidente a su llegada en 2018, asegura Gonzalo Hernández Licona en su capítulo del libro “Balance temprano”, coordinado por Ricardo Becerra y José Woldenberg, editado por Grano de Sal.
El autor, quien es Doctor en Economía por la Universidad de Oxford, Maestro en Economía por la Universidad de Essex y Economista de la ITAM, ilustra la situación que vivía el país a la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, con las siguientes cifras:
“En 2018, las familias teníamos un ingreso promedio casi igual que en 1992. Crecimos con muchas dificultades a tasas menores a 2.5% anual entre 2015 y 2018 y, si tomamos en cuenta que la población sigue creciendo, y en consecuencia ‘nos toca’ cada vez menos, el crecimiento del ingreso anual por persona fue de 1.1%. Casi nada”
Hernández Licona, es Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), organismo que informó en 2018 que la pobreza ascendía a 42% de la población, mientras el 7.6% se hallaba en pobreza extrema.

“México había hecho esfuerzos muy grandes para solventar carencias en materia de salud, educación y seguridad social, pero no tenía como correlato un crecimiento económico, ni una expansión de sus capacidades para generar ingresos”, dice el analista.
Sin embargo, existe otro obstáculo que impide el crecimiento, “la injusta organización económica” que impide que la mayoría pueda participar en la misma medida en generación de recursos.
Así, el casi nulo crecimiento, una población que no deja de aumentar, poca capacidad de generar valor y una desigualdad cada vez más evidente en cualquier rubro de la existencia, sea la salud, la educación o los ingresos, son síntomas que han permeado en la estructura del país desde hace más de 30 años que, en parte, llevaron al triunfo de Morena en las pasadas elecciones, articulando un discurso que prometía resolver la inseguridad, la pobreza y la corrupción.

Los programas sociales como solución a la pobreza
En el texto, Gonzalo Hernández analiza los diferentes programas que se implementaron a través de los sexenios para acotar la pobreza.
Prospera, que inició en 1997 bajo el nombre de Progresa, otorgaba apoyos a 6.4 millones de familias en 2018 y logró reducir casi a cero la brecha entre niñas y niños que acuden a la escuela, sobre todo en zonas rurales, gracias a las becas para que los infantes siguieran estudiando.
Por otro lado, también logró un mejor empadronamiento de beneficiarios, que “reflejaba bien la geografía, la sociología y la profundidad de la pobreza en el territorio nacional”, permitiendo que los recursos llegaran a la población objetivo.
El Seguro Popular, cuyo objetivo fue dar acceso a la salud al sector informal de la economía, que representa alrededor de la mitad de la población económicamente activa, sobre todo, en el caso de enfermedades catastróficas más comunes, como el cáncer y la diabetes, cerrando así la “brecha de afiliación a los servicios de salud”.
Como resultado, entre 2013 y 2018, el Seguro Popular permitió que 20.6 millones de mexicanos accedieran a las instituciones de salud.
El Programa de Empleo Temporal, que otorgaba un pago por jornal, similar al salario mínimo, a cambio del desempeño de un trabajo manual en áreas rurales, con el fin de suplir las carencias que presentaba la estacionalidad con que se labora en el campo.

Los tres programas desaparecieron al entrar en funciones la administración de la “Cuarta Transformación” que, en su lugar, generalizó a todo el país el programa de la pensión para adultos mayores, incrementando su aportación líquida a partir de los 68 años; e inició nuevos programas para grupos vulnerables, como las madres solteras y los discapacitados, de los que aún no se tiene un registro claro, así como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, “que intenta innovar e introducir la figura del aprendiz.”
La esencia de todos, es la transferencia monetaria directa a sectores que necesitan este apoyo, como una palanca inmediata que les ayude a salir de la pobreza o pobreza extrema. Sin embargo, el problema que se detecta en todos estos programas es su operación, que está sujeta al “censo del bienestar”, mismo que no cuenta con criterios claros, realizado “en condiciones de opacidad y con escasa información técnica”.
En la experiencia del autor, son las personas más pobres y en mayor desventaja las que tienen menos información, menos vínculos institucionales y menos oportunidad de acercarse a donde están los programas. Ante esto, lo que más se necesita es la correcta focalización de cada programa.
“Puede decirse que a dos años de gestión gubernamental no parece haber un trabajo ni un esfuerzo consistente de focalización hacia la población más pobre. La instrumentación de los programas no se ha explicado y es poco transparente.” “El hecho es que se apoya a quienes deciden los servidores de la nación”.
La conclusión es que México ha dado un paso incierto en su política social, con sospechas de generar clientelas sociales que ya se conocían bien, pero que, sin crecimiento económico, no verán superada la condición de pobreza o de pobreza extrema.
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