El 24 de agosto de 2010 militares encontraron a 72 migrantes asesinados en un rancho aislado en El Huizechal, municipio de San Fernando, Tamaulipas (Foto: AFP)
El 24 de agosto de 2010 militares encontraron a 72 migrantes asesinados en un rancho aislado en El Huizechal, municipio de San Fernando, Tamaulipas (Foto: AFP)

Desde hace más de 10 años, la entidad mexicana de Tamaulipas se volvió una tierra violenta, dominada por el poder del narcotráfico y el crimen organizado.

A la par del trasiego de drogas, del narcomenudeo y la extorsión, los grupos criminales han encontrado en el secuestro de migrantes una manera fácil de hacerse de dinero. En esta zona, hace nueve años (24 de agosto de 2010), ocurrió una escena dantesca que le dio la vuelta al mundo: en la zona de San Fernando, 72 migrantes fueron masacrados por criminales que los habían secuestrado para obligarlos a sumarse a las filas del crimen organizado.

Pero en tiempos recientes, la ciudad de Reynosa, se ha vuelto, quizá, el punto fronterizo más peligroso para los migrantes y sus ciudadanos.

Esta urbe tamaulipeca se ubica en el lugar número 23 como el municipio más violento al registrarse 200 homicidios dolosos en lo que va del año, además de que en la última década, 6.000 personas han desaparecido.

(Foto: Cuartoscuro)
(Foto: Cuartoscuro)

Ante este panorama, 96% de su población se siente insegura, lo que la convierte en la localidad mexicana con mayor percepción de inseguridad según una encuesta oficial en diciembre pasado.

Reynosa recibe miles de migrantes, principalmente de origen centroamericano, quienes buscan llegar a los Estados Unidos huyendo de la violencia y amenazas que enfrentan en sus países, pero ante las restricciones del gobierno norteamericano para otorgarles asilo, los desplazados tienen que permanecer por mucho tiempo de este lado de la frontera.

Esto ha sido aprovechado por las bandas criminales, quienes han encontrado en el secuestro de migrantes, una mina de oro.

De acuerdo con un reportaje del medio español eldiario.es, los migrantes son extorsionados por los criminales con el pago de 300 pesos mensuales, a cambio de una clave que les permite estar durante ese tiempo en la ciudad. Si no pagan, son secuestrados.

El reportero Aitor Sáez recogió los testimonios de Yaíma y su esposo Maykel, migrantes cubanos que entraron a México el pasado mes de enero por la ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán.

La delincuencia organizada ha aprovechado la presencia de los migrantes: familias enteras, muchas veces con niños, son tratadas como mera mercancía o cual cajeros automáticos andantes, listos para alimentar sus negocios criminales. (AP Foto/Fernando Llano)
La delincuencia organizada ha aprovechado la presencia de los migrantes: familias enteras, muchas veces con niños, son tratadas como mera mercancía o cual cajeros automáticos andantes, listos para alimentar sus negocios criminales. (AP Foto/Fernando Llano)

Ahí, su coyote (traficante) los estafó y dejó casi sin dinero, por lo que tuvieron que trabajar en la península de Yucatán hasta ahorrar lo suficiente para comprarse un vuelo a Monterrey, ciudad a la que llegaron el 14 de junio. Pero en el trayecto del aeropuerto a la terminal de autobuses, un grupo de hombres armados asaltó su taxi y los secuestró.

Los migrantes estuvieron encerrados durante cuatro días, tiempo en el cual, Yaíma fue violada en múltiples ocasiones.

“Estuvimos encerrados cuatro días en que me golpearon, me violaron no sé cuántas veces… al segundo día ya estaba resignada, pensé que me iban a matar”, cuenta. Así aplicaron su castigo los verdugos porque la cuñada de Yaíma, residente en Miami, no disponía de los dos mil dólares que exigían por la liberación de ambos. Los soltaron moribundos en una carretera baldía donde recibieron el auxilio de una vecina para continuar su travesía.

Yaíma se dijo arrepentida de haber tomado la decisión de intentar cruzar a Estados Unidos por Reynosa.

“Un conocido nos dijo que por aquí estaban dando asilo más rápido. Yo ya había mirado por Acuña (otra ciudad fronteriza), pero al último momento cambiamos. La peor decisión, esto es un infierno”, lamentó Yaíma.

La migrante le contó al reportero que no pueden salir de noche y que a muchos los secuestran saliendo del supermercado en donde recogen el dinero que algunos familiares les envían.

Para poder transitar en las calles de Reynosa, los migrantes deben tener el permiso del crimen organizado.

En esta imagen del 12 de octubre de 2019, decenas de cubanos oran en un refugio para migrantes en Reynosa, México. En años anteriores, los migrantes pasaban con rapidez por esta tierra de cárteles. Ahora, con las nuevas políticas migratorias de Estados Unidos, se quedan ahí durante meses mientras esperan sus citas en las cortes de la unión americana, varados en las fauces del crimen organizado. (AP Foto/Fernando Llano)
En esta imagen del 12 de octubre de 2019, decenas de cubanos oran en un refugio para migrantes en Reynosa, México. En años anteriores, los migrantes pasaban con rapidez por esta tierra de cárteles. Ahora, con las nuevas políticas migratorias de Estados Unidos, se quedan ahí durante meses mientras esperan sus citas en las cortes de la unión americana, varados en las fauces del crimen organizado. (AP Foto/Fernando Llano)

“Vas por la calle y cualquiera te pide clave. Si no la tienes, te levantan (secuestran)”. La clave consiste en una contraseña numérica que los delincuentes entregan a los migrantes al pagar su cuota de unos 300 pesos mensuales que les permite permanecer en la ciudad.

Eldiario.es señala que el 45% de los 2,300 pacientes que atendió Médicos sin Fronteras en esta ciudad, sufrieron violencia, mientras que el 12% fueron víctimas de secuestro. La organización asegura que el Protocolo de Protección a Migrantes, por el cual los solicitantes deben esperar varios meses su proceso de asilo en territorio mexicano, expone a los migrantes al secuestro.

“Hemos visto que al momento de regresar de su cita migratoria en EU, ya hay camionetas afuera del puente esperándolos para secuestrarlos“, aseguró Anayeli Flores, responsable de Apoyo Social de la ONG en Reynosa, quien destaca la inacción y la desprotección de las autoridades.

“Cuando son retornados de Estados Unidos no les apoyan con traslados a lugares seguros. Nos dicen que los devuelven a altas horas de la noche en plazas públicas. Esto los expone muchísimo”, señaló.

No hay cifras oficiales sobre el número de secuestros de extranjeros, pero varios expertos consultados por eldiario.es señalaron que la actual política migratoria ha disparado esta práctica.

A comienzos de agosto, la fuerza pública liberó a 151 migrantes retenidos en una casa, en octubre a 45, en mayo a 19, en marzo a 107. Todos en Reynosa.

En esta red de secuestros, se presume que han participado autoridades migratorias mexicanas. Es el caso ocurrido el pasado mes de febrero, cuando fue destituido Inocencio Almazán Monroy, delegado del Instituto Nacional de Migración (INM) en Reynosa, tras numerosas acusaciones de encabezar una red que encerraba a los migrantes en el sótano de la misma estación fronteriza para pedir rescates de 3 mil 500 dólares a sus familiares.

FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO
FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO

Al mes siguiente, 30 oficiales migratorios fueron cesados de sus cargos por irregularidades tras la desaparición de 25 migrantes a bordo de un autobús asaltado por el crimen organizado a unos 150 km de Reynosa. Una semana antes desaparecieron a otra veintena de migrantes en la misma carretera.

A mediados de este año, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que medio millar de funcionarios del INM habían sido despedidos por su presunta involucración en casos de corrupción.

“México probablemente registra el problema más extenso de extorsión y secuestro de migrantes a nivel global”, sostiene una investigación del Mixed Migration Center, que considera como “epidemia” el secuestro de migrantes en territorio mexicano.

Sólo en 2013 hubo unos 20 mil extranjeros que sufrieron este crimen, alrededor del 10% del flujo total, según el registro más reciente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

“Antes lucraban (los criminales) principalmente por cruzarlos a EEUU, pero ahora los migrantes esperan para hacerlo legal, porque si los detienen cruzando, los van a devolver igual y perderán opciones de recibir el asilo. Pero el crimen quiere mantener su negocio y lucrarse con ellos igual, así que en lugar del cruce ahora se dedican al secuestro” (sic), explicó al diario español, Gladys Cañas, activista de Matamoros, ciudad cercana a Reynosa donde cerca de 2 mil migrantes se instalaron desde hace meses en tiendas de campaña frente al puente fronterizo para así cuidarse de la delincuencia.

La otra extorsión: los agentes migratorios

 (Foto: INM)
(Foto: INM)

La extorsión se ha vuelto otro de los negocios de los oficiales de Migración. A finales de junio, unos 200 migrantes denunciaron públicamente que los agentes del INM en Reynosa les solicitaban entre mil 200 y mil 500 dólares para adelantarlos en una lista de espera y así acelerar su trámite de asilo.

“El endurecimiento de la política migratoria mexicana, por las detenciones masivas, así como las medidas disuasorias de Estados Unidos para dilatar los plazos para el proceso de asilo, por supuesto favorece un incremento de la extorsión por parte de funcionarios”, aseguró a eldiario.es Rodolfo Cruz, investigador del Colegio Frontera Norte. El INM rehusó dar respuesta a este medio sobre los diferentes señalamientos.

“Cuando les muestras (a los agentes migratorios) tus documentos, te preguntan ¿dónde está el papel verde? Que son los dólares. A mí me han pedido entre 100 y 500 dólares. Si no traes el papel verde, te detienen y te llevan a la estación migratoria donde te maltratan”, asegura otro joven cubano que rechazó dar su nombre por miedo.

A pesar de los abusos, los migrantes no interponen denuncias formales.

En esta foto del 17 de septiembre de 2019, un agente de la Patrulla Fronteriza señala a dónde ir a una familia migrante nicaragüense que está aplicando para pedir asilo en Estados Unidos. (Foto: AP/Fernando Llano)
En esta foto del 17 de septiembre de 2019, un agente de la Patrulla Fronteriza señala a dónde ir a una familia migrante nicaragüense que está aplicando para pedir asilo en Estados Unidos. (Foto: AP/Fernando Llano)

“¿De qué sirve si las propias autoridades cometen el delito? No se juzgarán ellos mismos y a nosotros nos joden. A mí me ha dado trauma de todo lo que he pasado por el camino, hermano”, señaló reniega tocándose tembloroso la sien el isleño, quien recibe atención psicológica del equipo de Médicos Sin Fronteras que opera en Senda de Vida, el único albergue en Reynosa donde los migrantes pueden refugiarse del crimen organizado.

“Es como un oasis donde sentirse segura”, apunta Yaíma, aunque su venta de café ya no le da suficientes ingresos. En el recinto apenas quedan unas 80 personas, lejos de las 3 mil que en abril triplicaron la capacidad del albergue de las 500 del mes pasado. El pasado mes de octubre, Estados Unidos dejó de aceptar solicitudes de asilo en el paso de Reynosa a McAllen, Texas, por lo que la mayoría de los solicitantes se desplazaron a Matamoros.

Pero Yaíma se resiste a abandonar lo poco que ha logrado: una habitación donde dormir, el trabajo de su marido en una fábrica, algo de ahorro… “Además dicen que en Matamoros ya están secuestrando como aquí. Eso está bravo igual”, añade.

A finales de octubre tuvo la última cita con la corte norteamericana para su asilo.”Ni las fotos de las lesiones durante el secuestro, ni los partes médicos y psicológicos sirvieron para dar constancia de nuestro ‘miedo creíble’ a permanecer en México. Nada de eso aplica como tortura, tienes que ir con amputaciones”, se queja Yaíma, desde entonces enferma por la preocupación de reunir el dinero para pagar a un abogado: “Tiene que estar reconocido en Estados Unidos, nos piden 7 mil dólares, es imposible”, finalizó.

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