(Foto: Reuters)
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La masacre de la familia LeBarón ha trastocado la realidad de una nación, demostrando cómo lo que un día fue considerado un paraíso, hoy está mas cercano al infierno. Prestigiosas ciudades, hermosas playas y hasta estados completos; México ha perdido algunas de las zonas más importantes del territorio a manos del crimen organizado.

El 4 de noviembre, la familia LeBarón perdió ese espacio que los hacía sentir a salvo y por el que habían trabajado por generaciones. La primera vez que se vio trastocado fue en 2009, cuando la familia se negó a pagar el rescate de uno de sus integrantes y en venganza, el nacotráfico se cobró la vida de otro de sus seres queridos.

La violencia terminó por arrancarles su refugio en este año, cuando nueve miembros de esa comunidad fueron asesinados sin piedad en el poblado de La Mora. Alex LeBarón, ha descrito la matanza como “un acto de terrorismo contra civiles desarmados, mujeres y niños indefensos, en dos actos diferentes”. Y así fue como toda una comunidad mormona que un día llegó a México con la esperanza de vivir en paz y tranquilidad, ahora busca refugio en Estados Unidos.

Su llegada a México

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Fue hace más de un siglo que los seguidores del profeta Smith, quien instauró su iglesia en Salt Lake City, Utah, huyeron de Estados Unidos por las persecuciones derivadas de sus prácticas polígamas. Según contó Alex LeBarón al semanario Proceso, su familia y los Langford y Johnson “fueron recibidos con los brazos abiertos durante la presidencia de Porfirio Díaz, en una política humanista de libertad y de derecho a practicar la religión que quisieran”.

Entre los colonos que dejaron EEUU figuraba Miles Park Romney, bisabuelo del candidato a la presidencia en 2012, Mitt Romney.

Les dieron todos los derechos como mexicanos, se asentaron en la zona de Dublan, lo que hoy es Nuevo Casas Grandes, y en la zona arqueológica de Paquimé; desde entonces esas familias fueron creciendo y conviviendo. Con el paso de los años también empezaron a disentir entre sí, por cuestiones de crecimiento o diferencias entre familias. Comenzaron a buscar otras poblaciones, algunas más las perdieron, y entre ellas se fundó la colonia Juárez en Nuevo Casas Grandes, otras en la sierra de Chihuahua y las de los LeBarón en 1940″, contó Alex.

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Según explicó, su apellido es de uso genérico porque en realidad, todos los mormones de la zona norte del país están entrelazados. Las rancherías de estas familias sobresalen a las del resto del país, donde las familias viven en condiciones de pobreza. Sin embargo, Alex lo atribuye al trabajo de todas las generaciones pasadas.

Sobre las críticas a la condición económica de su familia, Daniel LeBarón dijo a la publicación que nada de lo que tienen sería posible sin el “trabajo duro que hacemos todos los días” y criticó que la gente los catalogue como “los gringos con lana”.

El estigma de su comunidad

(Foto: AP)
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Sobre los rumos que giran en torno a la cerrazón de la comunidad, Alex aseguró que las prácticas polígamas y de exclusión no son como los medios de comunicación han dicho. “Muchas familias que estaban aquí en México se fueron incorporando a los LeBarón, como mi madre (María de la Luz Álvarez), que siendo católica se casó con mi padre (llamado Daniel), y así con el paso de las generaciones nos hemos convertido en una comunidad en donde convergen todas las religiones: hay católicos como yo, hay ateos, hay de todo".

Dijo además que no todos vienen del mismo padre, pues hay ramas de la familia que provienen de Estados Unidos. Son una comunidad unida, con una amplia red que se comunica de manera frecuente para hacer negocios y ayudarse mutuamente.

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Los padres de Daniel y Alex trabajaron en Estados Unidos y luego vinieron a México a construir su casa. "En ese entonces todos querían tener un pedacito de paraíso en México”, dijo uno de los hermanos LeBarón, quien explicó cómo fue que “esos pedacitos de paraíso” se fueron expandiendo poco a poco, en buena parte porque establecieron negocios en EEUU.

Su doble nacionalidad les permitió pasar de albañiles a propietarios de constructoras en Dakota, Texas, Arizona y Colorado. En México expandieron sus negocios a la producción de nuez.

Este éxito comercial, según contó la familia LeBarón, ha provocado la envidia de grupos de campesinos y otros sectores en el estado, quienes los ven “con recelo” y “han querido atacarlos políticamente”.

Perseguidos por el crimen organizado

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A estos conflictos agrarios con otras comunidades de Chihuahua se suman las agresiones del crimen organizado, quienes “han opacado” la región. En su testimonio, estos hermanos LeBarón recordaron que hace un siglo, su familia veía México como un lugar para profesar la religión como querían, tener familia, cultivar la tierra y vivir felices. Sin embargo, ante la tragedia de la que fueron víctimas, consideran mudarse a Estados Unidos y pedir ayuda al presidente Donald Trump, pues el gobierno mexicano “está rebasado”.

Daniel y Alex recuerdan esta sensación, pues en 2009 vivieron la primera pérdida de un familiar. En ese año La Línea, brazo armado del Cártel de Juárez, secuestró a Erick LeBarón y exigieron USD 1 millón por su liberación. Tras ese capítulo, los LeBarón “bajaron la guardia”, " en buena medida porque nos cansamos de tener miedo, porque no se puede vivir así”, contó Alex.

Diez años después, tras la masacre en La Mora, el miedo los ha vuelto a invadir, y eso por eso que consideran la oferta de Trump sobre mandarles seguridad a México, o incluso abandonar lo que un día fue su pequeño paraíso y mudarse a Canadá o EEUU.

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