(Foto: Cuartoscuro)
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Llanto, indignación y la certeza de que no fue una confusión. En la oscuridad de la noche de Bavispe, Sonora, la familia LeBarón despidió a sus muertos.

La de este jueves fue una jornada llena de tristeza. Los funerales se extendieron desde la mañana hasta que el sol se ocultó en el horizonte.

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Niños, mujeres, hombres, todos apesumbrados por la barbarie que le arrebató la vida a nueve integrantes: tres mamás y seis menores.

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“Esto es tan incomprensible que vivimos como si estuviéramos en Afganistán, pero a 160 kilómetros de la frontera con Estados Unidos”, dijo Rosa LeBarón, ilustrando la magnitud del dolor.

Varios integrantes de la familia LeBarón han decidido dejar México. El dolor y la inseguridad son demasiado como para seguir habitando la alejada comunidad en el norte de México.

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Habían soportado grandes tragedias, pero esto es indescriptible.

“Todo es una pesadilla”, dijo Kenneth Miller.

Unas diez horas después de la masacre que cobró la vida de sus nietos, Miller manejaba desesperado su cuatrimoto a través del desierto del norte de México en busca del ultimo pariente que no encontraba: una niña de 9 años que había ido a buscar ayuda.

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Siguiendo un camino que salía de la carretera donde tres vehículos fueron embestidos con un aluvión de balazos, Miller y otras personas que participaban en la búsqueda encontraron unas huellas pequeñas en la arena: una de un pie descalzo y la otra con zapato. Siguieron el rastro durante kilómetros, a veces lo perdían cuando el terreno era más rocoso, pero lo encontraban de nuevo en la tierra más suave.

Luego, en medio de la oscuridad, Miller la vio. McKenzie estaba viva.

“Corrí y agarré a esa niñita y simplemente la abracé”, recordó Miller. “Le dije: ‘Soy tu tío Kenny’. Lo primero que dijo fue: ‘Tenemos que regresar por los demás’”.

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La búsqueda fue el final de un día lleno de traumas desgarradores para Miller, quien esa mañana encontró los restos calcinados de su nuera y cuatro de sus nietos dentro de su vehículo baleado. En esa comunidad de mormones fundamentalistas al norte de México, donde las familias grandes abundan, los niños, incluso algunos que tenían menos de un año, fueron las principales víctimas de la matanza.

La misa

La ceremonia luctuosa inició alrededor de las 11:00 horas y los cuerpos de algunas de las víctimas fueron sepultados en la misma comunidad donde viven, a unos 110 kilómetros de Arizona.

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Jóvenes y niños cargaron los ataúdes de las tres víctimas de esa comunidad mormona méxico-estadounidense.

Rhonita LeBarón, otra de las víctimas de la cruel matanza y sus gemelos Titus y Tiana (de 8 meses), así como sus niños Howard (de 12 años) y Krystal (de 7 años) fueron velados alrededor de las 14:00 horas también en el rancho.

Mañana, Rhonita y sus 4 niños, quienes quedaron en cenizas y huesos, luego de que su auto ardió en llamas, serán trasladados vía aérea a la comunidad de LeBarón, ubicada en Galeana, Chihuahua.

El sábado se realizará una misa especial y como tributo a Christine Langford, la tercera mamá que fue asesinada entre los estados de Sonora y Chihuahua. Su cuerpo también será sepultado en Chihuahua.

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