Andrés Manuel López Obrador y Carlos Urzúa (Foto: Cuartoscuro)
Andrés Manuel López Obrador y Carlos Urzúa (Foto: Cuartoscuro)

Por Georgina Howard*

Sin duda, la renuncia de Carlos Urzúa no sorprendió a muchos, ya se veía venir desde el año pasado y los rumores, fake news o predicciones, corrían como chisme por los pasillos de toda la administración pública.

Aunque los mercados, frágiles y la expectativa, sí resintieron el anuncio que viene a abonar un poco más de incertidumbre entre los inversionistas, no sólo por los conflictos entre China y Estados Unidos, Irán y Estados Unidos, los aranceles al acero o la amenaza hacia los migrantes, sino por la desconfianza en el futuro del país.

Lo cierto es que los desencuentros entre Carlos Urzúa, secretario de Hacienda, y Alfonso Romo, Jefe de la Oficina de la Presidencia y vínculo entre Andrés Manuel López Obrador y los empresarios de Monterrey, era más que evidente.

Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia (Foto: archivo)
Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia (Foto: archivo)

Más de egos que de estrategia financiera, más de cotos de poder que de coordinación, y se vio desde las primeras semanas que tomaron posesión de sus respectivos cargos.

Cada quien quiso imponer a su equipo, aunque no tuviera la experiencia necesaria para desempeñarse en el cargo y ambos, incluso, aceptaron imposiciones de la 4T para los nombramientos de quienes serían sus subalternos. Y es que ninguno de los dos, además, trató de aterciopelar un enfrentamiento que era público y privado entre ambos equipos.

El primer desacuerdo se vio con el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). Romo apostó y aseguró a los empresarios que seguiría el proyecto de Texcoco, mientras que Urzúa -siguiendo las indicaciones de AMLO- lo sepultó.

En el tema del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Carlos Urzúa mantuvo la orden del presidente (Foto: Especial)
En el tema del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Carlos Urzúa mantuvo la orden del presidente (Foto: Especial)

Mientras Romo se disciplina en la toma de decisiones, siguiendo a la 4T, no sin analizar y dar su punto de vista, Urzúa se dedicó cumplir las órdenes del presidente López Obrador, sin cuestionar, aún sabiendo que las implicaciones económicas pudieran ser negativas, como un adelgazamiento extremo de la administración pública y una centralización de las funciones, que sólo ha paralizado la funcionalidad del aparato público en todos los órdenes.

A las decisiones del aeropuerto vinieron las medidas para combatir el huachicoleo y el consecuente desabasto de gasolina, las huelgas de Matamoros, la andanada contra los contratistas de la CFE, la austeridad en el gasto, y una serie de anuncios con impacto extremo en las finanzas públicas, que terminaron en una descalificación a Pemex y obligaron al gobierno no a pedir más deuda, sino a reestructurar la que ya no se podía pagar.

Por su carta de renuncia pareciera que Urzúa sabía del impacto que puede causar a la economía una elevada inflación, el no incentivar el consumo interno y la producción, la necesidad de aumentar la producción petrolera y evitar los conflictos gremiales. Incluso, del costo de correr, como se hizo, a tanto funcionario público que era estratégico en las funciones que venía desempeñando, en aras de una política de austeridad.

Germán Martínez culpó al ex secretario de Hacienda de querer imponer sus criterios (Foto: Cuartoscuro)
Germán Martínez culpó al ex secretario de Hacienda de querer imponer sus criterios (Foto: Cuartoscuro)

Estas discrepancias económicas que se sumaron a las diferencias con algunos miembros del gabinete, además de Romo el entonces director general del IMSS, Germán Martínez Cázares, quien denunció la injerencia de Hacienda en las finanzas del Instituto, son hoy evidencia de que se tomaban "decisiones de política pública sin el suficiente sustento" y cuidando los efectos que pueden causar, más allá de colores partidistas.

La renuncia de Urzúa es, en pocas palabras, un deslinde de lo que pudiera pasar por decisiones no pensadas o un hartazgo de las imposiciones en la Secretaría a diversos personajes que, según él, no saben cómo se trabaja la Hacienda Pública, lo que evidencia que el amiguismo y el nepotismo siguen en la 4T. El tiempo lo dirá.

*Periodista y analista de Negocios

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