
Lo peor del horror es cuando se vuelve cotidiano. Cuando, por ejemplo, una bala perdida ya no es noticia. Lourdes Gutierrez, de 47 años, volvió a nacer, que no es poco. Y de una descarga, que es una suerte.
Mientras agarra sus codos con sus manos, la mujer murmura: "me tuvieron que dar 58 puntadas". Al lado de ella se encuentra su esposo, Fidel Orozco, quien sostiene las placas y las tomografías del cráneo de Lourdes y un proyectil dentro de él.
La noche del 1 de enero del 2010, antes de entrar a su casa en la alcaldía Iztapala (Ciudad de México), una salva cayó del cielo y golpeó la cabeza de la mujer, hundiéndose un par de centímetros. "El doctor me dijo que se quedó a milímetros de tocar el cerebro, si lo hace se muere", comentó Fidel para El País.

El casquillo disparado al aire casi le quita la movilidad a Lourdes, aunque ahora es sólo un recuerdo, sufre migraña tres o cuatro veces al mes. Aunque se abrió una carpeta de investigación los agentes no encontraron a quien apretó el gatillo: habían escuchado el disparo, pero nadie sabía de dónde pudo haber venido.
Ahora, ya son varios los crímenes que se cometen en Iztapalapa, convirtiéndola en una de las alcaldías más inseguras. De acuerdo a México Evalúa, la quinta parte de los delitos con arma de fuego que se cometen en la capital de México, suceden aquí. De las 417 investigaciones por homicidios que se iniciaron en la CDMX de enero a marzo, 94 fueron por casos que ocurrieron en Iztapalapa.
No todas las balas caen del cielo

Situaciones como la que atravesó Lourdes se han repetido desde entonces. Hace casi un mes, ocurrió en un salón del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Oriente. Mientras tomaba clase de matemáticas, la alumna Aideé Mendoza murió de un balazo. Aunque la prensa especuló de que la bala había sido disparada de cerca, las autoridades llegaron a la hipótesis de que la salva vino de 300 metros atrás, lo que descartó que Aideé fuera el objetivo principal del casquillo.
Aunque los reportes por balas perdidas son una constante que se repiten a lo largo del año, éstas parecen multiplicarse durante la temporada de fiestas.
Según reporta El País, Jesús Martínez ha vivido en Santa Cruz Meyehualco (Iztapalapa) desde que se casó, hace ahora dos años, el mismo tiempo que ha dedicado a alimentar una página de Facebook que nombró Denunciómetro Santa Cruz Meyehualco.
Desde entonces, ha subido dos casos de bala perdida en Meyehualco: El primero de un comerciante que una mañana encontró la persiana de su negocio agujereada y una bala en el interior. Otro, de un vecino que un día se levantó y encontró una bala en el piso de su patio y el toldo de su carro abollado del impacto.
La alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, asegura que el problema en dicha demarcación es que hasta para las fiestas se usan armas. "La gente que participa en estos carnavales usan las pistolas, disparan ya tomados y por eso es que hay balas en las azoteas", señaló para el diario.
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