Una mujer cuida su planta de amapola afuera de su casa en Juquila Yucucani, en la Sierra Madre del Sur, en el estado de Guerrero, México (Reuters)
Una mujer cuida su planta de amapola afuera de su casa en Juquila Yucucani, en la Sierra Madre del Sur, en el estado de Guerrero, México (Reuters)

Es mortalmente potente: dos miligramos de fentanilo es una dosis letal para un adicto. Sus consumidores lo suelen mezclar con heroína, cocaína o metanfetamina camuflándolos en envoltorios de pastillas de libre comercialización. Se vende en forma de polvo, vertido en líquido sobre papel secante, en envases de gotas para los ojos, en rociadores nasales o en pastillas parecidas a las de otros opioides recetados. Su valor, además, es muy inferior al de otras drogas. En los Estados Unidos su consumo es considerado una epidemia.

La mayoría de su producción proviene de laboratorios clandestinos chinos que lo envían por correo a todas partes del mundo, sin control alguno por parte de las autoridades de Beijing. Por su bajo costo y la facilidad con que puede traficarse son un boom en el país del norte. Pero esta realidad generó un cambio de paradigma en la nación vecina: México.

Es que con la epidemia de fentanilo, la producción de amapolas se ha visto reducida en las tierras mexicanas, donde hasta 2017 se destinaron 30 mil hectáreas a su cultivo. En Guerrero, el estado donde más se cosechaba la goma necesaria para la heroína, el kilo de opio ha pasado de 1.300 dólares a 200 en apenas dos años. Para muchos granjeros que plantaban de forma ilegal, la actividad representa un peligro demasiado costoso para un negocio en contracción.

El Gobierno de México deberá, finalmente, prestar atención a esta realidad que fuera abandonada durante décadas. Los granjeros dejarán de sembrar amapolas porque dejaron de ser rentables, pero piden algún tipo de ayuda para poder hacer frente a la amenaza narco y a su realidad de extrema pobreza.

La flor de una amapola se ve en un campo en Pueblo Viejo, Guerrero. El fentanilo ha suplantado a la heroína en los Estados Unidos y golpeó las economías regionales mexicanas (Reuters)
La flor de una amapola se ve en un campo en Pueblo Viejo, Guerrero. El fentanilo ha suplantado a la heroína en los Estados Unidos y golpeó las economías regionales mexicanas (Reuters)

En diálogo con la periodista Nina Lakhani, del diario inglés The Guardian, Julia Sánchez, madre de 10 niños, contó que debió abandonar la actividad tras la muerte de su marido y de la casi nula rentabilidad de la goma, la materia prima que se exprime de la flor de la amapola que sirve para producir heroína. "No sé para qué se usa la goma, dicen (que para) drogas pero no sé qué significa eso. Lo único que sé es que lo único que sabemos cultivar no se vende más. Estamos desesperados".

Para peor, el Gobierno de Andrés López Obrador quiso destruir sus campos ilegales, pero, en cambio, roció desde el aire con veneno plantaciones de frijoles y garbanzos, de modo que destruyó las otras formas de sustento que existían en Guerrero.

Para peor, el colapso en el precio de la amapola podría derivar en una guerra de cárteles, desesperados por ver cómo su negocio se va a pique. ¿Cuál será la reacción final de los capos narcos cuando vean que ya no tienen producción? Es probable que las pequeñas parcelas en medio de las montañas sean compradas por empresas mineras, deseosas, desde hace años, de hacer pie en ese estado mexicano, sin suerte.

El drama del fentanilo

El fentanilo es un opioide sintético similar a la morfina, pero entre 50 y 100 veces más potente. Las cifras son escalofriantes. En 2017 –el año más reciente del que se posee información oficial– este y otros opioides similares mataron a casi 49.000 personas en los Estados Unidos.

En el Reino Unido, en tanto, la preocupación va en aumento, mientras las autoridades pudieron determinar que el origen de la droga era el mismo: China. Las estadísticas de salud de Canadá reflejaron que en 2017 el 72% de las muertes relacionadas con el abuso de opioides involucraban fentanilo, un aumento del 55% respecto a 2016.

Las estadísticas oficiales para 2018 no serán alentadoras pese a las campañas que los Gobiernos de América del Norte y Europa lanzaron entre sus habitantes. Solo en el primer trimestre del año pasado, las muertes por sobredosis de opioides -la mayoría fentanilo- habían ascendido a 29 mil en los Estados Unidos, según Centers for Disease Control and Prevention.

Un gran cargamento de fentanilo es decomisado por las autoridades de la frontera de los Estados Unidos
Un gran cargamento de fentanilo es decomisado por las autoridades de la frontera de los Estados Unidos

El sistema de tráfico no es el tradicional. Para este pequeño producto no hacen falta aviones cargados de cocaína o marihuana que despeguen de pistas improvisadas en Colombia, México o Venezuela y que lleguen a territorio norteamericano o a alguna isla caribeña de forma clandestina.

Por el contrario, estas pastillas potencialmente mortales arriban desde China por correo público o privado –US Mail, FedEx o UPSen forma directa a las viviendas de sus consumidores. Sin ningún tipo de prescripción médica. En dosis pequeñas, los microenvíos resultan imposibles de rastrear para las autoridades. El pago también es dificultoso de seguir: los adictos utilizan bitcoins como moneda.

El "negocio" es uno de los más rentables para los narcotraficantes. Un reporte compartido por la DEA –la agencia de control de drogas de los Estados Unidos– estimó que un kilogramo de heroína se vende en el mercado negro por alrededor de USD 80.000 –y en descenso–, mientras que la misma cantidad de fentanilo puede alcanzar casi los 2 millones de dólares.

Los laboratorios clandestinos chinos –entre los que se destaca el poderoso clan Zheng– envían pequeñas dosis a los consumidores norteamericanos, pero a granel, a los grandes cárteles mexicanos. Una vez allí, estas organizaciones lo mezclan con su heroína y vuelve a contrabandearse a través de la frontera.

Por el momento, el férreo régimen chino no logra controlar la producción de centenares de laboratorios que sintetizan la peligrosa droga. Algunos sospechan que no quieren golpear a una de las industrias más prósperas. Las mismas que consiguen dólares frescos en tiempos de guerra comercial.

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