Los perros llegaron desde Nueva York y habrían costado una fortuna (Foto: especial)
Los perros llegaron desde Nueva York y habrían costado una fortuna (Foto: especial)

Una casa estilo colonial en el centro de Guadalajara, Jalisco, esconde una de las leyendas más clásicas de la ciudad. Sus dos peculiares vigilantes que se encuentran en el techo han logrado permanecer a lo largo de los años como testigos de una serie de historias que se han tejido a lo largo de los siglos.

Se trata de "La casa de los perros", nombre que recibió por las estatuas de los dos imponentes canes.

En 1792 empezó a funcionar en este lugar la primera imprenta de la Nueva Galicia. En 1810 se imprimió aquí "El despertador americano", el primer periódico independiente de la América Hispana.

La casa aún conserva su fachada original (Foto: Museo del Periodismo y las Artes Gráficas)
La casa aún conserva su fachada original (Foto: Museo del Periodismo y las Artes Gráficas)

Pero así como la casa está llena de historias, también lo está de leyendas, algunas de ellas involucran a los peculiares guardianes de la casa.

Durante el Siglo XIX fue comprada por uno de los magnates de la época, llamado Jesús Flores, quien se casó con Ana González, muchos años menor que él. Como condición para contraer nupcias, la joven puso la construcción de una segunda planta en la casa, que quería que fuera la más lujosa de la ciudad.

El magnate pidió a un arquitecto que se encargara de la remodelación, que hizo con todos los lujos que pidió la novia y muebles traídos desde el extranjero. Durante el proceso, Jesús le comentó a su esposa que lamentaba la muerte de sus perros, que le dieron alegría durante los solitarios días que vivió antes de su matrimonio. Los canes habían muerto por su avanzada edad.

La casa quedó sola durante años (Foto: captura de pantalla)
La casa quedó sola durante años (Foto: captura de pantalla)

Un día, Ana vio en una revista las fotografías de dos estatuas de unos perros que estaban a la venta en una galería de Nueva York, por lo que decidió hacerle un regalo a su marido y comprar los dos perros que fueron colocados en el techo de la casa, uno a cada lado, como guardianes, en recuerdo de los viejos compañeros del magnate.

Según la historia, todos los días que Jesús llegaba a la casa lo primero que hacía era mirar hacia el techo como señal de saludo a sus canes, gracias a ellos, la gente de la ciudad empezó a llamarla "La casa de los perros".

La gente murmuraba sobre un amorío de su esposa con el administrador de la casa, José Cuervo. Al poco tiempo de iniciados los rumores, el magnate cayó enfermo, lo que despertó toda una serie de murmuraciones porque Ana no permitía que nadie lo visitara ni le llevara la comida.

Jesús se había casado a los 70 años y falleció a los 90, siendo su joven viuda quien heredó todos sus bienes. Poco después de su muerte se anunció la boda de Ana con José.

Empleadas de la casa aseguran que a los días de la muerte del magnate y desde que el prometido de la viuda se quedaba a dormir en la casa, empezaron a suceder cosas extrañas. De repente, sentían que Jesús les llamaba por su nombre, se caían cosas sin que aparentemente nadie las empujara y se escuchaban ruidos.

El primer número del “Despertador americano” (Foto: Museo del Periodismo y las Artes Gráficas)
El primer número del “Despertador americano” (Foto: Museo del Periodismo y las Artes Gráficas)

A menudo, Ana tenía problemas para dormir porque escuchaba ruidos en a la azotea de la casa. Un día, cerca de las 3:00 horas, decidió subir junto con una de las empleadas domésticas para averiguar lo que pasaba en el techo.

Según la historia, la empleado salió corriendo sin decir palabra, y cuando Ana decidió continuar para ver qué pasaba, presuntamente vio al magnate parado con los perros sentados a su lado.

Esa noche habría salido de la casa y no volvió jamás. Jesús quedó sólo en la casa.

A lo largo de los años se ha comentado que en ocasiones se puede ver que las estatuas de los perros no están en su lugar. A principios de la década de los noventa, los perros volvieron a ser noticia porque según algunos testigos, una noche movieron la cola.

Desde que la casa quedó sola, ha sido colegio, restaurante y finalmente el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas, que aunque está abierto al público, no se permite el acceso a toda la casa. Uno de esos lugares que están cerrados a los visitantes es el techo de donde se encuentran los misteriosos perros.