Un análisis asegura que el cambio climático convirtió las olas de calor y los incendios en una amenaza combinada para 916 millones de personas por año

La cifra surge de dos décadas de reporte global liderado por la Universidad de Monash, que identificó a Zambia, la República Democrática del Congo y Guatemala entre los territorios con mayor carga por habitante

Ilustración de un hombre con la mano en el pecho y un paño en la boca junto a una ventana que muestra un bosque en llamas con humo.
Un promedio anual de 916 millones de personas registró al menos una jornada de doble exposición a altas temperaturas y aire contaminado por fuego. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El calentamiento global derivado de las actividades humanas transformó los regímenes de incendio en el planeta al sustituir un patrón regulado históricamente por las precipitaciones por una dinámica dominada por las temperaturas extremas. En este escenario, las olas de calor y los incendios forestales dejaron de ser fenómenos independientes para convertirse en eventos que se retroalimentan: las altas temperaturas resecan la vegetación y aceleran la propagación de las llamas, mientras que la combustión de grandes superficies libera calor y contaminantes que elevan aún más la temperatura.

Hasta ahora, la mayor parte de la investigación científica sobre desastres climáticos compuestos priorizó la coexistencia de sequías y periodos de calor, o limitó su análisis a regiones específicas de América del Norte. Esa delimitación dejó un vacío en la comprensión del impacto conjunto de la contaminación por fuegos de vegetación y las jornadas de calor extremo a escala global, en especial sobre las comunidades con menores recursos para afrontar riesgos ambientales simultáneos.

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Un estudio de dos décadas elaborado por investigadores de la Universidad de Monash, en Melbourne, Australia, cubrió esa brecha y reveló que el número de personas expuestas simultáneamente a olas de calor y humo de incendios aumentó en 287 millones por década entre 2000 y 2019.

El trabajo fue liderado por el doctor Yao Wu y los profesores Yuming Guo y Shanshan Li, de la misma institución, y fue publicado en la revista científica Science Advances el 14 de octubre de 2026. Según se detalla en la investigación, más de la mitad de la población mundial, el 55,9%, vivió esta doble exposición a lo largo del período analizado.

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Más de 916 millones de personas sufrieron al menos una jornada de doble exposición por año

Suelo de tierra agrietada en primer plano y un pastor con su rebaño caminando por un paisaje desértico con montañas al fondo.
La mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos climáticos causó el 70,5 por ciento del incremento en las jornadas combinadas de calor y humo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con los resultados presentados en Science Advances, un promedio de 916 millones de personas por año estuvo sometido a al menos una jornada en la que el calor extremo coincidió con contaminación por humo de incendios de vegetación. Ese promedio global creció desde una jornada anual por habitante en el período 2000-2009 hasta 1,7 días en el decenio siguiente, lo que refleja una tendencia ascendente sostenida.

El análisis del estudio indicó que el 70,5% del incremento global respondió al aumento en la frecuencia e intensidad de esa coincidencia de fenómenos, mientras que el 29,5% restante obedeció al crecimiento demográfico.

Dicho de otro modo, el problema no se explica principalmente por haber más personas en el mundo, sino por la mayor frecuencia con que las olas de calor coinciden con episodios de humo tóxico.

Según indica la investigación, la exposición combinada a calor extremo y a partículas finas en suspensión, junto con ozono proveniente de los incendios, puede generar efectos cardiovasculares y respiratorios superiores a los que causaría cada fenómeno por separado, porque ambos comparten mecanismos biológicos nocivos: el estrés oxidativo, proceso por el cual agentes reactivos dañan las células, y la inflamación de los tejidos.

Los países con menor desarrollo humano soportan la mayor carga por habitante

Varios hombres con pañuelos en el rostro observan una franja de fuego en el horizonte sobre tierra agrietada, bajo humo denso y el sol.
La inhalación de humo en días de calor extremo activa mecanismos de estrés oxidativo e inflamación tisular en el organismo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La distribución geográfica del fenómeno exhibe profundas asimetrías. Según se detalla en la investigación de la Universidad de Monash publicada en Science Advances, las cinco naciones con mayor cantidad de jornadas acumuladas fueron la República Democrática del Congo, Indonesia, México, Brasil y la Federación Rusa, que concentraron el 50,3% del total de jornadas registradas en el segundo decenio analizado.

Al evaluar los días de afectación por habitante, la disparidad socioeconómica resulta aún más pronunciada. De acuerdo con el mismo estudio, los países clasificados con un bajo índice de desarrollo humano (IDH), indicador que mide salud, educación e ingresos, promediaron 3,6 días anuales de doble exposición, frente a cifras notablemente inferiores en naciones de altos ingresos.

Según los datos del informe, en el período 2010-2019, el territorio con mayor carga por habitante fue Zambia, con 28,8 días anuales, seguido por la República Democrática del Congo con 24,3 días, Malawi con 21,7 días, Guatemala con 17,7 días y Burundi con 16,8 días.

En esos territorios convergen la ubicación en zonas tropicales donde el calentamiento se traduce más rápidamente en extremos térmicos, la quema agrícola no regulada y la limitada capacidad sanitaria para responder a emergencias de esta complejidad.

La gestión del riesgo climático exige planes integrados que contemplen ambas amenazas

Ilustración conceptual de mapa de México. Lado izquierdo con lluvia, personas y ríos. Lado derecho con calor, sequía y cactus. Un termómetro paraguas central.
Los investigadores propusieron la creación de refugios públicos con sistemas de filtración de aire para mitigar el impacto de riesgos ambientales simultáneos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los esquemas tradicionales de respuesta ante emergencias, concebidos para abordar peligros ambientales de manera aislada, resultan insuficientes frente a eventos que ocurren en simultáneo, según advirtieron los autores del estudio.

El trabajo publicado en Science Advances señaló que los sistemas de salud necesitan revisar umbrales térmicos y estándares de calidad del aire de manera conjunta, dado que el esfuerzo del organismo para regular su temperatura se agrava cuando coincide con la inhalación de agentes químicos provenientes del humo.

La investigación también destacó la necesidad de mejorar la comunicación oficial en situaciones de doble exposición. Según se indica en el informe, la mayor parte de los mensajes sanitarios gubernamentales abordaba el calor extremo y el humo de incendios de manera separada, sin reconocer la amenaza específica que representa su coincidencia.

Los autores concluyeron que los planes de adaptación climática deben priorizar refugios públicos con filtración de aire y sistemas de vigilancia epidemiológica capaces de registrar los efectos de las exposiciones combinadas. Sin esas medidas, advirtieron, la brecha de vulnerabilidad entre naciones ricas y países desfavorecidos continuará ampliándose.

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