Por qué las olas de calor dejaron de ser episodios aislados y ya se extienden a casi todo el planeta

Una investigación citada por Smithsonian Magazine contabilizó más de cincuenta mil muertes asociadas a las altas temperaturas en 854 áreas urbanas de treinta países, con los mayores de 85 años como el grupo más golpeado

El promedio de tormentas de calor a nivel global pasó de cinco eventos anuales en la década de 1960 a más de cien en la década de 2020 (AP Foto/John Locher)
El promedio de tormentas de calor a nivel global pasó de cinco eventos anuales en la década de 1960 a más de cien en la década de 2020 (AP Foto/John Locher)
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Las olas de calor son períodos prolongados de temperaturas anormalmente elevadas para un lugar y una época del año. No existe un umbral único: cada región las define según su clima habitual, aunque el fenómeno suele implicar varios días y noches consecutivos con calor por encima de los valores esperados. La falta de alivio nocturno agrava el riesgo, porque el cuerpo, los edificios y los sistemas de salud no logran disipar el calor acumulado.

Europa atravesó en 2026 uno de los veranos más calurosos desde que hay registros. La sucesión de episodios de temperaturas extremas afectó a amplias zonas del continente, aumentó el riesgo de incendios y dejó decenas de miles de muertes asociadas al calor en áreas urbanas, según estimaciones científicas. Los adultos mayores concentraron una parte importante de las víctimas, aunque el impacto también alcanzó a personas jóvenes y trabajadores expuestos a altas temperaturas.

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La comparación con lo ocurrido hace 50 o 60 años muestra una transformación: las olas de calor pasaron de ser episodios más aislados y acotados a fenómenos más frecuentes, extensos y persistentes, capaces de afectar simultáneamente a regiones muy distantes.

El incremento del 30% en las concentraciones de dióxido de carbono multiplicó por doce la superficie terrestre expuesta al calor extremo (REUTERS/David Becker)
El incremento del 30% en las concentraciones de dióxido de carbono multiplicó por doce la superficie terrestre expuesta al calor extremo (REUTERS/David Becker)

La evolución de las olas de calor: un fenómeno que se volvió habitual

Seis décadas atrás, las grandes olas de calor eran eventos poco frecuentes, más acotados y, en muchos casos, concentrados sobre los océanos. Según un análisis de Reuters, durante la década de 1960 se registraban en promedio cinco fenómenos de gran escala por año.

El mayor de ese período afectó cerca del 6% de la superficie del planeta durante 46 días, con impacto sobre el Atlántico, partes de América Latina y África Occidental.

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El escenario comenzó a modificarse en las décadas posteriores. En los años 90, las mayores olas de calor ya se extendían por varias regiones del mundo, aunque Asia y América del Norte todavía permanecían relativamente al margen de los eventos más amplios. La expansión geográfica acompañó un aumento de la frecuencia y de la duración de los períodos con temperaturas por encima de los valores habituales para cada zona.

Un estudio científico estimó más de 50.000 muertes asociadas a las altas temperaturas en ciudades europeas durante el verano de 2026 (REUTERS/Gonzalo Fuentes)
Un estudio científico estimó más de 50.000 muertes asociadas a las altas temperaturas en ciudades europeas durante el verano de 2026 (REUTERS/Gonzalo Fuentes)

En la década de 2020, el fenómeno adquirió otra escala. Reuters identificó un promedio de unas 102 “tormentas de calor” por año, una categoría que utiliza para las olas de calor que, en su punto máximo, abarcan al menos el 1% de la superficie terrestre. La mayor registrada entre 2023 y 2024 persistió 367 días y alcanzó casi el 85% del planeta. Además, desde el 6 de julio de 2008, al menos una de estas grandes extensiones de calor ha estado activa de forma ininterrumpida en algún punto del mundo.

El cambio se vincula con el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, que elevan la temperatura media del planeta y desplazan los rangos considerados normales. Desde la década de 1960, la concentración de dióxido de carbono aumentó más de 30%, mientras que la superficie promedio expuesta a olas y tormentas de calor se multiplicó más de 12 veces, de acuerdo con los datos analizados por la agencia. Los episodios de El Niño también pueden amplificar temporalmente esa tendencia al alterar patrones climáticos globales.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que el peligro no depende solo de la temperatura máxima. Las noches inusualmente cálidas impiden que el cuerpo, las viviendas y la infraestructura liberen el calor acumulado durante el día. La humedad, la radiación solar y el viento también influyen en el estrés térmico, que puede provocar desde deshidratación y desmayos hasta golpes de calor mortales y agravamiento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales.

Las olas de calor prolongadas intensifican las sequías y elevan el riesgo de incendios forestales a escala global (REUTERS/Abriansyah Liberto)
Las olas de calor prolongadas intensifican las sequías y elevan el riesgo de incendios forestales a escala global (REUTERS/Abriansyah Liberto)

Las personas mayores, los bebés, los niños, las embarazadas, quienes padecen enfermedades previas y los trabajadores expuestos al aire libre figuran entre los grupos más vulnerables. La situación se agrava en ciudades con pocas áreas verdes, gran densidad de asfalto y edificios que retienen la temperatura. Durante el verano europeo de 2026, una investigación citada por Smithsonian Magazine estimó 50.391 muertes asociadas al calor en 854 áreas urbanas de 30 países, con una alta proporción de víctimas entre mayores de 85 años.

Los efectos también aparecen lejos de Europa. La gran tormenta de calor de 2023-2024 coincidió con temperaturas de hasta 38 °C en Filipinas, donde alumnos asistían a escuelas sin aire acondicionado; agravó una sequía y los incendios forestales en Luisiana; y elevó los registros en La Meca hasta 51,8 °C durante el Hajj, en el que murieron más de 1.300 peregrinos.

La comparación con las olas de calor de hace 50 o 60 años muestra que hoy abarcan más territorio, duran más tiempo y pueden encadenarse con sequías, incendios, inundaciones y crisis sanitarias.

Cuál es el futuro de las olas de calor, según expertos

La FAO y la OMM proyectan hasta 250 días al año con calor excesivo para el trabajo exterior en zonas de Asia, África y América (REUTERS/Alice Sacco/Archivo)
La FAO y la OMM proyectan hasta 250 días al año con calor excesivo para el trabajo exterior en zonas de Asia, África y América (REUTERS/Alice Sacco/Archivo)

Los especialistas prevén que las olas de calor serán más frecuentes, largas e intensas si continúa el aumento de la temperatura global. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que cada incremento del calentamiento amplifica los extremos de calor, prolonga las temporadas cálidas y reduce los períodos de frío. Con 2 °C de aumento respecto de la era preindustrial, el riesgo para la salud y la agricultura crecerá de forma marcada.

Las regiones tropicales y subtropicales figuran entre las más expuestas, en especial donde el calor se combina con humedad alta. En esas condiciones, el cuerpo pierde capacidad para enfriarse mediante la transpiración. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que algunas áreas del sur de Asia, África subsahariana y América Central y del Sur podrían enfrentar hasta 250 días al año demasiado calurosos para trabajar al aire libre.

Las ciudades también concentran riesgos por el efecto de isla de calor: el asfalto, los edificios y la falta de vegetación retienen temperatura y dificultan el descenso térmico nocturno. Los adultos mayores, niños, embarazadas, personas con enfermedades previas, trabajadores al aire libre y quienes viven en viviendas precarias estarán entre los grupos más vulnerables.

Para reducir la intensidad futura de las olas de calor, los expertos señalan la necesidad de recortar las emisiones de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero mediante una menor dependencia de los combustibles fósiles. A la vez, plantean medidas de adaptación: alertas tempranas, planes sanitarios, espacios refrigerados, protección laboral, más árboles y parques urbanos, techos claros y construcciones preparadas para temperaturas más altas.

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