"No es solo en la playa”: hallaron bolsas, botellas y redes de pesca a casi 4.000 metros de profundidad en el océano Pacífico

Un estudio publicado por la revista Frontiers in Marine Science documentó la acumulación de desechos sintéticos frente al territorio ecuatoriano

Vista submarina de un arrecife de coral lleno de botellas de plástico y bolsas, con varios peces tropicales de colores nadando entre los desechos.
Una investigación documentó por primera vez la presencia de residuos plásticos a más de 3.900 metros de profundidad en el océano Pacífico ecuatorial. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La contaminación por plásticos ya alcanza el lecho del océano Pacífico frente a Ecuador. Una investigación publicada en Frontiers in Marine Science documentó bolsas, envases de alimentos, botellas y aparejos de pesca a más de 3.900 metros de profundidad, al tiempo que registró la acumulación de residuos en una playa cercana a Salinas durante seis años.

El trabajo constituye la primera prueba documentada de residuos plásticos en las profundidades del Pacífico ecuatorial oriental, una zona de fondos marinos que hasta ahora había recibido escasa atención. La investigación vinculó ese registro profundo con la basura recogida en la costa y mostró que varios de los mismos tipos de objetos aparecen en ambos ambientes. Por lo tanto, la investigación alertó que la problemática va más allá de la playa.

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Más de 150 kilogramos de residuos

Entre 2019 y 2025, François Michaud, de la Universidad de la Sorbona de París, y sus colegas recogieron más de 150 kilogramos de desechos en un área de 100 metros cuadrados de playa cerca de Salinas. El promedio fue de 566 gramos semanales, una cifra cercana a los 570 gramos, aunque los volúmenes variaron de manera marcada a lo largo del monitoreo.

Un pequeño camarón translúcido nada entre diminutos fragmentos de microplástico de colores azul, rojo y blanco en agua oscura con destellos de luz.
Los aparejos de pesca como redes, sedales y boyas representaron más del 50 por ciento de los objetos plásticos recuperados en la costa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En más de diez visitas, el equipo no halló residuos plásticos visibles. Sin embargo, el volumen de residuos aumentó de forma pronunciada desde 2021 y llegó a su punto más alto en 2024. Ese año, los científicos retiraron una red de pesca abandonada de unos 50 kilogramos, equivalentes a 110 libras, que fue el objeto de mayor tamaño recuperado en el sitio.

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La pesca explicó más de la mitad de los objetos recogidos. Había redes, sedales y boyas rotas o descartadas, además de recipientes que habían contenido grasa, combustible y agua, junto con otros residuos vinculados a esa actividad.

Los artículos asociados al turismo y la recreación representaron más del 45% de los residuos. Entre ellos figuraban envases de alimentos y recipientes desechables, que aparecían con especial frecuencia después de los períodos vacacionales. Esa coincidencia apunta a una relación entre la afluencia de visitantes y la basura que termina en la playa.

El equipo también registró residuos médicos, como jeringas, frascos de medicamentos y mascarillas, sobre todo en 2021. A ello se sumaron pequeños gránulos y fragmentos plásticos, una señal de que materiales de mayor tamaño se descomponen en partículas más pequeñas.

Primer plano de microplásticos de colores, algas y conchas mezclados en la arena húmeda de una playa. Al fondo, vegetación tropical y cielo nublado.
El equipo de científicos recolectó más de 150 kilogramos de basura en una playa cercana a Salinas entre los años 2019 y 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un sumergible encontró residuos dispersos

Para medir hasta dónde llega la contaminación plástica más allá de la línea costera, los investigadores examinaron el lecho marino frente a la costa ecuatoriana. En febrero de 2024, un sumergible de investigación tripulado descendió por debajo de los 3.900 metros, o 12.800 pies, y localizó desechos dispersos sobre el fondo.

Las observaciones incluyeron bolsas, envases y embalajes de alimentos, además de equipos pesqueros descartados, como redes y sedales. Algunos de esos restos estaban cerca de filtraciones frías, lugares en los que los fluidos que salen del lecho marino sostienen comunidades marinas singulares.

El estado de los materiales no era uniforme. Parte de los aparejos de pesca estaban muy deteriorados, mientras que las bolsas y los envases de alimentos parecían conservarse relativamente intactos. Según el estudio, esa diferencia indica que el plástico puede permanecer durante largos períodos en las profundidades del océano.

En la playa, la luz solar, el calor y las olas pueden acelerar el deterioro de los residuos. El fondo marino profundo, en cambio, es frío y recibe poca luz, condiciones que favorecen la permanencia de los objetos por más tiempo.

Primer plano de una maraña de microplásticos y pequeños fragmentos de plástico de colores, junto a una tapa de botella dorada, suspendidos en agua azul verdosa.
Un sumergible de investigación halló envases de alimentos y restos de pesca cerca de filtraciones frías en el fondo marino. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Bolsas y botellas

La coincidencia entre los materiales registrados en la costa y los detectados en profundidad fue uno de los resultados centrales. Bolsas, envases de alimentos, botellas y sedales de nailon estuvieron presentes en ambos entornos, desde el litoral hasta el lecho oceánico.

Algunos envases llevaban etiquetas y marcas comerciales en idiomas extranjeros. Para los científicos, ese dato abre la posibilidad de que el transporte marítimo internacional y el comercio regional contribuyan a la dispersión de residuos. Aun así, el equipo no pudo establecer el trayecto concreto de cada objeto.

Las corrientes, las olas y los ríos pueden llevar el plástico de tierra hacia mar abierto, donde puede hundirse y quedar depositado en el fondo. Los investigadores plantearon que las corrientes de la costa del Pacífico ecuatoriano podrían participar en ese proceso, aunque no siguieron piezas individuales ni determinaron con precisión el origen de los desechos encontrados a gran profundidad.

Los aparejos de pesca resultaron particularmente frecuentes en los dos ambientes examinados. La presencia de redes y sedales lejos de las aguas costeras plantea el riesgo de que alcancen hábitats marinos y atrapen fauna silvestre.

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La ausencia de luz solar y el frío del lecho oceánico reducen la degradación del plástico y extienden su permanencia en las profundidades. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cangrejos “fantasma”

En la playa, los investigadores observaron de manera repetida a cangrejos fantasma pintados que llevaban fragmentos de plástico hasta sus madrigueras. El comportamiento plantea la posibilidad de que confundan el material con alimento y lo ingieran.

El estudio no analizó si los cangrejos consumieron plástico ni midió posibles daños. La observación, sin embargo, identifica una vía potencial de afectación sobre la fauna costera.

Los autores sostienen que el monitoreo de la basura plástica debe abarcar tanto las zonas costeras como las aguas profundas. La presencia de residuos a lo largo del litoral ecuatoriano y en la fosa oceánica añade pruebas sobre la extensión del problema en una región del Pacífico que permanecía en gran medida sin examinar.

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