
Las inundaciones costeras extremas son hoy mucho más probables por el aumento del nivel del mar asociado a la actividad humana. Un nuevo estudio liderado por Sönke Dangendorf en la Universidad de Tulane concluyó que, en promedio, esos episodios tienen ahora unas 12 veces más posibilidades de ocurrir, una señal directa de que las referencias históricas ya no describen el riesgo real en muchas costas del mundo.
La investigación, publicada en la revista Nature Climate Change, también determinó que el cambio climático volvió estos eventos aproximadamente cuatro veces más probables desde 1900, según Dangendorf, profesor asociado David y Jane Flowerree de Ciencias e Ingeniería Fluviales y Costeras en la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad de Tulane.
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El equipo internacional analizó registros históricos de mareógrafos y simulaciones de modelos climáticos para separar el peso de la actividad humana, las fuerzas naturales y el movimiento local del terreno. Ese cruce permitió medir cuánto del aumento de las inundaciones responde al calentamiento inducido por el ser humano y cuánto a otros factores.

“Los niveles extremos del mar se producen cuando se combinan las mareas altas, las marejadas ciclónicas y el aumento del nivel base del mar. A medida que sube el nivel del mar, tormentas más pequeñas pueden provocar inundaciones que antes requerían condiciones más severas”, explicó Dangendorf.
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El estudio encontró que en casi la mitad de los 130 sitios analizados una inundación que en 1900 se esperaba una vez cada 100 años ahora sucede al menos una vez por década, según Dangendorf. Ese dato condensa el cambio central que describe la investigación: no se trata solo de un ascenso gradual del mar, sino de una alteración de la frecuencia con la que ocurren los episodios más destructivos.
En algunos lugares, la aceleración es todavía mayor. En Sandy Hook, Nueva Jersey, un evento de ese tipo pasó a ocurrir aproximadamente una vez cada 16 años en 2005.
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En Wellington, Nueva Zelanda, un episodio similar pasó de una frecuencia centenaria a producirse cerca de dos veces por año. El estudio indica que las condiciones locales pueden amplificar de forma marcada esa transformación del riesgo.
El caso más extremo citado es Manila, donde el hundimiento del terreno vinculado al uso de aguas subterráneas elevó la frecuencia de inundaciones extremas en más de 300 veces. Aun así, la investigación concluyó que en la mayoría de los sitios el factor principal detrás del aumento de las inundaciones es el cambio climático provocado por el ser humano.
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Dangendorf explicó que las fuerzas naturales influyeron más en los cambios del nivel del mar a comienzos del siglo XX. Desde la década de 1960, añadió, la influencia del calentamiento causado por el ser humano aumentó hasta convertirse en la principal explicación del ascenso del mar y del riesgo de inundación asociado.
Registros históricos desactualizados
Según los expertos, los hallazgos tienen consecuencias directas para la infraestructura costera y la planificación frente a inundaciones, porque las estimaciones históricas sobre la frecuencia de estos eventos podrían no reflejar las condiciones actuales. La conclusión de la investigación es que diseñar defensas o evaluar exposición con datos del pasado puede subestimar el riesgo presente.
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En ese marco, Dangendorf señaló el caso de Nueva Orleans, reconocida por contar con uno de los sistemas de protección contra inundaciones más avanzados del mundo, desarrollado después del huracán Katrina. Según el investigador, los resultados refuerzan la importancia de esas obras y de sostener su eficacia con el paso del tiempo.
“Nueva Orleans ha logrado enormes avances en la reducción del riesgo de inundaciones tras el huracán Katrina. Nuestros resultados demuestran que, a medida que las condiciones ambientales siguen evolucionando, el mantenimiento constante y la planificación con visión de futuro son fundamentales para preservar ese nivel de protección”, declaró Dangendorf.
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El investigador sostuvo que, para comunidades como Nueva Orleans, el trabajo ofrece al mismo tiempo una validación de las inversiones realizadas y una guía para preservar la resiliencia en el futuro. “Nueva Orleans es un ejemplo mundial de cómo gestionar el riesgo costero”, afirmó Dangendorf. “Nuestro trabajo demuestra que, con atención y adaptación constantes, ese liderazgo puede mantenerse incluso cuando las condiciones cambian”, sumó.
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